El amor como herramienta competitiva


Había perdido el Rayo Vallecano la final de la Conference League y los micrófonos de la televisión estaban ávidos por escuchar el análisis del entrenador de moda. Se notaba en el gesto circunspecto de Íñigo Pérez que le costaba hablar. Supongo que luchaba por dentro contra el dolor inmediato de la derrota, esas sensaciones que solo curan el tiempo y la perspectiva. Mientras los aficionados se resistían a abandonar la grada, aferrados a aquel lugar de ensueño como si se negaran a aceptar que la victoria había pasado de largo, él dedicó sus palabras a los jugadores que los habían conducido hasta allí. Dijo: “Este grupo es especial. Son amigos que se respetan, se quieren mucho, se ayudan entre ellos, se alientan, se protegen, se perdonan cuando se equivocan. Encontrar estas variables te da la sensación de ser invencible”.
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