Luis Enrique, leyenda de la Champions y profeta de París | Fútbol | Deportes

Luis Enrique irrumpió como un fauno en la sala de conferencias del Puskas Arena, este sábado a medianoche en Budapest. Despeinado, coriáceo y rubicundo, daba zancadas alegres cuando tropezó en el estrado. “¡Rigore!”, proclamó, “penalti”, en italiano. Los franceses no entendieron el chiste pero poco a poco comienzan a entender al hombre. El excéntrico que acababa de dirigir al Paris Saint-Germain a la conquista de su segunda Champions riéndose de sí mismo consolidó una dinastía y una identidad futbolística que seduce a las audiencias de aficionados globales y fascina a los franceses. Especialmente a los parisinos, a quienes Luis Enrique, abrasivo y elocuente en sus visiones de chamán, evoca figuras heroicas del folclore fundacional. Marcha junto al arzobispo Gilberto, el rey Dagoberto y el patriarca San Denis.
No es para menos. Hasta hace dos años, París vivía en la Edad Media de la industria del fútbol. Después de casi un siglo anhelando elevar a la primera capital europea al podio de las grandes ciudades futbolísticas, la hinchada y las fuerzas vivas del deporte parisino, instigadores intelectuales de todas las grandes instituciones deportivas que existen, desde el COI, la FIFA y la UEFA hasta la Copa de Europa, no lograban producir un club hegemónico. El español de 55 años se transformó en su inesperado profeta.
“Ya habrá momentos para hablar del back-to-back-to-back, como diría Luis Campos”, dijo, tras vencer al Arsenal en los penaltis, después del 1-1. “Ahora estamos muy orgullosos de haber conseguido estas dos Champions. Están a la altura de nuestros aficionados, de nuestro club y de la ciudad de París”.
El back-to-back es la expresión inglesa que hace unos meses empleó el director deportivo, Luis Campos, para definir la consecución improbable de dos Champions sucesivas. En Budapest, Luis Enrique se convirtió en el 11º entrenador en ganar la Copa de Europa sucesivamente después de José Villalonga y Luis Carniglia con el Madrid, Béla Guttmann con el Benfica, Helenio Herrera con el Inter, Stefan Kovacs con el Ajax, Dettmar Cramer con el Bayern, Bob Paisley con el Liverpool, Brian Clough con el Forest, Arrigo Sacchi con el Milan y Zinedine Zidane con el Madrid.
En Budapest empezaron las chanzas que apuntan a la tercera seguida, el back-to-back-to-back. Luis Campos, sereno y perspicaz, ha compuesto un dúo perfecto con el explosivo entrenador y un triángulo más improbable todavía con el presidente, Nasser al-Khelaifi, vicario del emir de Qatar en la gestión de los negocios deportivos de Qatar Sports Investments. Los tres saltaron abrazados sobre la hierba de Budapest como si fueran niños. “Vamos más rápido de lo que habíamos previsto”, dijo Luis Enrique, la víspera de la final. El torrente los transporta más allá de la imaginación y los tópicos.
63% de victorias
Líder con fama de desestabilizador, el frontal Luis Enrique obró en París el prodigio de equilibrar al club más desequilibrado del mundo. Los números de la travesía resultan extravagantes, considerando los rivales que encaró en fase eliminatoria en el último año: Liverpool, Aston Villa, Arsenal, Inter, Chelsea, Bayern y Arsenal. Les ganó a todos y se convirtió en el entrenador con mejor porcentaje de victorias en el nuevo formato de la Liga de Campeones (vigente desde 1992) con el 63%. Por delante de Guardiola (61%), Van Gaal (61%), Tuchel (59%), Zidane (58%), y Ancelotti y Klopp (56%).

Todo se desencadenó repentinamente. En enero de 2025, entre la alta jerarquía catarí no tenían del todo claro que Luis Enrique fuera el hombre adecuado para dirigir el proyecto. Desde que el QSI había adquirido el club en 2011 se trazaron muchos planes cada año y ninguno daba en el clavo. Las coordenadas que partían desde Doha chocaban con la realidad de París. Carlo Ancelotti, Laurent Blanc, Unai Emery, Thomas Tuchel y Mauricio Pochettino compusieron una conspicua nómina de fracasos. La llegada de Luis Enrique en el verano de 2023 no resolvió las incógnitas inmediatamente. Al contrario. Según fuentes próximas al club, muchas de las decisiones que tomó el entrenador con jugadores como Ugarte, Asencio, Fabián o Dembélé, remitieron a conflictos que en etapas pasadas, tanto en el Barça como en la selección, provocaron incendios. Luis Enrique, lo sabían todos, manejaba los grupos con una política de impacto. En el PSG se temieron que el vestuario acabara implosionando. Pero una noche de enero de 2025 las piezas encajaron. La remontada ante el Manchester City en Champions, del 0-2 al 4-2, conectó a un entrenador inflamado con unos futbolistas en trance y un púbico en éxtasis. Contra el City de Guardiola en el Parque de los Príncipes todos se demostraron a sí mismos que si podían zarandear al mejor equipo de Europa tenían en sus manos un arma nuclear. Esa noche, bajo la novedosa dirección de Vitinha, comenzó la revolución.
“Luis Enrique me cambió la vida”, dijo Vitinha a los pocos meses de aquel 4-2. “Me situó en un nivel que yo no pensaba que podría alcanzar. Cuando me recolocó como pivote mi juego adquirió otra dimensión. No era la primera vez que jugaba de ‘seis’. Pero comencé a tocar más la pelota, a controlar el partido, a decidir cuándo y cómo jugamos”.
Vitinha como símbolo
Si Ancelotti descubrió a Pirlo y a Verratti, si Guardiola descubrió a Busquets y a Bernardo Silva, Luis Enrique descubrió a Vitinha y a Neves. Ensamblados con Fabián, los interiores se convirtieron en la fuente de fútbol total del PSG. Un trío que no para de jugar a la pelota, como demostraron cuando hicieron un rondo en el vestuario, apenas se pusieron las botas, antes de la final. “¡Tengo que decirles que paren!”, dijo Luis Enrique, señalando a unos jugadores adictos a practicar. “¡Lo mío no tiene mérito!”. En Budapest, Vitinha desenmascaró al Arsenal. Completó 146 pases él solo. Todos los jugadores de campo del Arsenal dieron 186.

“Este deseo de ganar más, de no parar nunca, es algo que le debemos sobre todo a Luis Enrique”, dijo Vitinha tras la final. “Espero que nos siga empujando un poco más porque llevamos dos años en lo más alto del fútbol. Hoy mismo podemos decirlo: somos los mejores del mundo, los mejores de Europa. Para nosotros es un gran placer estar aquí para poder jugar con en este grupo tan humilde. Cuando tienes compañeros con ese sentido de la humildad siempre das un poquito más en el campo”.
El sello atrevido y colectivista imprime un carácter fascinante al PSG y su localización en el corazón de Francia convierten a su líder en algo más que un entrenador exitoso. Luis Enrique es patrimonio cultural de París.
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