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Roland Garros 2026: Las mil y una curvas de Davidovich, eliminado y plantado por su técnico: “Como persona, falla” | Tenis | Deportes


Las palabras de Alejandro Davidovich transmiten incredulidad. Al español, ya eliminado de Roland Garros en el instante en el que se explica delante de los reporteros, se le escapa una risilla floja porque, transmite, no termina de creérselo. A esas horas, su (ex)técnico, el argentino Mariano Puerta, ya ha cogido un avión en dirección a Miami. “Teníamos una relación muy buena, nunca hubo tensiones ni problemas… Incluso nos ha bloqueado el teléfono tanto a mí como a mi mujer. Pero tampoco quiero darle más importancia…”, expone el malagueño tras caer ante Thiago Agustín Tirante (6-4, 6-7 (4), 6-1 y 6-3, en 2h 52m) y prorrogar así su mala racha en el grande francés, donde no ha logrado rebasar la segunda ronda en sus tres últimas participaciones. París y él, como agua y aceite. No termina dar con la tecla del torneo ni tampoco con la de este curso, por ahora esquivo.

Desde hace tiempo, Davidovich (26 años) compite a lomos de una montaña rusa emocional que intenta controlar, en busca de esa estabilidad que se le resiste y que no termina de llegar. Ya no es ninguna promesa, sino un tenista hecho y derecho —son 326 partidos a sus espaldas— que sigue aproximándose poco a poco hacia la teórica madurez profesional. Es el 23º del mundo, fijo en la zona noble del ranking desde hace un año y, por tanto, uno de esos pocos que han logrado ganarse una posición de privilegio. Sin embargo, transmite una sensación de estanqueidad. También de misterio. No cae, a pesar de la discreción de los resultados de este curso, pero tampoco termina de conseguir ese repunte que le guíe de nuevo hacia el terreno de la ilusión.

Este miércoles, France TV informaba a primera hora, durante una retransmisión de un encuentro de dobles, de que el español ha roto con su entrenador. El mensaje es rotundo. El día anterior hubo tensión, al parecer un encontronazo. “Después del partido contra Dzumhur [el lunes] almorzamos y luego fui a calmarme un poco. Él dijo que se sentía mal y se fue al hotel. Todo parecía normal, estaba cansado…”. “No pasó nada entre nosotros ni dentro del equipo, pero dos o tres horas después me envió un mensaje diciéndome que no continuaría. El problema es que no le dijo nada a nadie. Simplemente cogió un vuelo y se fue sin decirnos una palabra”, agrega el andaluz, un competidor ciclotímico que en 2025 rompió con casi todo.

Finalizó el vínculo con su entrenador de toda la vida, Jorge Aguirre, y se casó. “Hay que bajar al barro para saber que no quieres volver a estar ahí”, comentaba a este periódico hace poco más de un año, cuando todavía le dirigía Félix Mantilla. Unos días antes, en Montecarlo, el preparador se había marchado en mitad del partido contra Jack Draper por la actitud de su jugador. “Lo lamento”. “Mi mente me susurraba mucha mierda…”. “Y no he sido capaz de respetarme a mí mismo ni a mi entrenador”, se afeó. A final de temporada, ambos partieron peras. Entonces ya había acumulado varios palos; benditos palos, traducidos en forma de finales, pero palos al fin y al cabo: cuatro ocasiones, cuatro derrotas. Se añadía otro intento fallido el año anterior.

Turno para Clavet

Luego se encomendó a Puerta, un tenista que en su día rozó la gloria, de no haberse cruzado en la final del Roland Garros de 2005 con un primerizo Nadal. Con él en el banquillo, Davidovich no ha llegado a emitir señales excesivamente esperanzadoras, con la semifinal de Adelaida como recorrido más fructífero en 2026. Y llega ahora el crack. Acción-reacción. Adiós abrupto y la respuesta contundente del jugador. Sin ambages.

“Después [de lo sucedido] escuché que ya lo había hecho otras veces con otros jugadores, así que parece algo normal para él”, introduce. “Yo no voy a ir detrás de nadie si decide marcharse y no continuar hasta el final del torneo. No es mi problema. Es un adulto de 47 años y puede tomar sus propias decisiones. Ahí entendí que quizá el error fue mío por contratarle…”. “Como persona le falló a todo el equipo”. “No nos peleamos”, asegura. “Ya nada puede sorprenderme. Me han pasado muchas cosas a lo largo de mi carrera. Pensaba que era una muy buena persona”. “Él hace su vida y yo la mía. No le deseo nada malo. Era una buena persona hasta que pasó esto. Si trabaja con otro jugador, después de esta rueda de prensa ya sabrán que quizá puede marcharse en los momentos difíciles”, remata.

Puerta tuvo su momento de gloria en 2005, pero a finales de ese año fue sancionado dos años por dopaje —de inicio eran ocho—. Davidovich, por su parte, preparará la gira de hierba con Pepo Clavet, al que ya había integrado en el equipo a mediados de abril. “Obviamente, no soy de piedra. Me lo comunicó el domingo y al menos he tenido dos días para digerirlo. Seguramente me haya afectado al subconsciente, pero también es verdad que no habíamos entrenado lo suficiente como para aguantar cinco sets: estuve lesionado, pasé un mes fuera, no he jugado muchos partidos…”, cierra el español, protagonista de una carrera sin tregua y en forma de picos de sierra. Como su tenis.


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