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El presidente cubano condena la denuncia contra Raúl Castro y acusa a Estados Unidos de «preparar una agresión militar»

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, afirmó este miércoles que la acusación presentada en EE.UU. contra su predecesor, Raúl Castro, es «una acción política, sin ningún basamento jurídico, que solo busca engrosar» el argumentario «para justificar el desatino de una agresión militar».

A su juicio, la «pretendida acusación» tan solo evidencia «la soberbia y la frustración que le provoca a los representantes del imperio, la inquebrantable firmeza de la revolución cubana, y la unidad y fortaleza moral de su liderazgo».

«La altura ética y el sentido humanista de su obra derriban cualquier infamia que se pretenda levantar contra el general de ejército Raúl Castro», afirmó Díaz-Canel, quien calificó la decisión en EE.UU. de «ridículo intento de menoscabar su talla de héroe».

La figura de Raúl

El expresidente Raúl Castro, indiscutible número dos de la revolución cubana tras su hermano Fidel y máxima figura viva del sistema, fue imputado en EE.UU. este miércoles por el controvertido derribo de dos avionetas con cuatro muertes hace 30 años, a pocos días de cumplir 95 años el próximo 3 de junio.

La decisión ataca a una figura de máximo valor simbólico para la cúpula dirigente cubana, una persona con un complejo legado que atraviesa en lo político, lo económico y lo social a un país en una crisis tan grave como estructural.

Imágenes de Fidel y Raúl Castro, durante una marcha frente a la embajada de Estados Unidos este viernes, en La Habana (Cuba). Foto EFE

La isla de hoy no puede comprenderse sin la inicial ortodoxia comunista de Castro, ni sin su tímido reformismo de los últimos años, que facilitó un temporal «deshielo» con los Estados Unidos. Tampoco sin su apuesta por institucionalizar el Estado y el Ejército, impulsar los aparatos de inteligencia y represión política para atajar el disenso, y poner bajo control del ejército gran parte de la economía nacional.

Pese a estar retirado formalmente de sus cargos políticos entre 2018 y 2021, Castro -dictador sin escrúpulos para unos, líder al frente de la revolución para otros- ha seguido manteniendo «el pie en el estribo», como él mismo dijo, en decisiones clave del país y en las actuales negociaciones con Estados Unidos.

Dejó su impronta como presidente (2006-2018), en ocasiones frente al criterio explícito de Fidel. Como cuando introdujo una serie de reformas económicas y restableció relaciones con Washington en el llamado «deshielo».

También lo hizo como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal) entre 2011 y 2021, al seleccionar y dar paso a una nueva generación de dirigentes sin pasado guerrillero y sin el apellido Castro, empezando por el actual presidente, Miguel Díaz-Canel.

Fijó, asimismo, su huella como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias por casi cinco décadas (1959-2008), donde estructuró el ejército con criterios de eficiencia, pero también de pureza ideológica y lazos personales. Los analistas señalan al Ejército como una institución fundamental en la isla, tanto en términos de operatividad como de poder político y económico.

A través de Gaesa, un conglomerado empresarial, el ejército pasó a controlar a partir de los 90 gran parte de la economía nacional, cerca del 40 % del producto interno bruto (PIB), según algunas estimaciones: de los hoteles y el comercio exterior a las telecomunicaciones, los puertos, las remesas y la venta de combustible, además de tener empresas de transporte, distribución minorista, sector inmobiliario y servicios bancarios.

Castro no es carismático ni mediático ni visionario, como su hermano Fidel -quien dirigió Cuba entre 1959 y 2006-, sino una persona pragmática y discreta, centrada en la gestión y el control, a quien gusta detentar el poder con mano de hierro, pero tras las bambalinas. Fue un estrecho colaborador de Fidel y además, para muchos de sus biógrafos, una figura complementaria.

En la actualidad, Raúl Castro es el mayor referente de la “generación histórica”, el estrecho círculo que tomó el poder en 1959 e implantó un sistema socialista de corte soviético en Cuba.

Reformas y deshielo

Durante su mandato presidencial, Castro impulsó reformas económicas -si bien tímidas, lentas y con altibajos- para salir de la depresión del llamado “período especial”, la grave crisis desatada en Cuba con el colapso del campo socialista europeo.

Su Gobierno facilitó los viajes al extranjero y permitió regresar a emigrados; amplió el trabajo autónomo o “por cuenta propia”; permitió comprar autos, viviendas y celulares; autorizó a los cubanos a hospedarse en los hoteles de la isla; y empezó a permitir el acceso a internet (aunque aún no a través de telefonía móvil), acabando con el monopolio estatal de la información.

También reorganizó la administración pública con criterios de eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad, reestructurando ministerios e ineficientes empresas estatales, lo que supuso despidos masivos. Redujo además ayudas y servicios públicos, y se propuso volver a servir la deuda exterior, ignorada durante décadas por su hermano.

Estas reformas hicieron surgir un incipiente sector privado -principalmente en forma de restaurantes y casas de renta en las mayores ciudades- que contribuyó a dinamizar la economía, aunque también a generar desigualdades económicas y sectores vulnerables dentro de una sociedad hasta entonces marcadamente homogénea.

Asimismo, pilotó el «deshielo» con los Estados Unidos del presidente Barack Obama (2009-2017), que propició la normalización de las relaciones diplomáticas, pese a que muchas sanciones se mantuvieron. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca revirtió estos avances y endureció el bloqueo o embargo, recrudecido de forma notable en los últimos meses.

Castro, cuarto de siete hermanos, nació el 3 de junio de 1931 en Birán (este de Cuba) del matrimonio de un terrateniente español y una cubana. Estrechamente unido desde el principio a su hermano Fidel, siguió sus pasos al unirse a la oposición a Fulgencio Batista (1952-1959) y luego al alzamiento guerrillero que le derrocó (1956-1959).

Considerado una persona reservada y familiar, estuvo casado con la también dirigente revolucionaria Vilma Espín, con quien tuvo cuatro hijos.


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