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más de 60 diputados de su partido exigen su renuncia

Un escenario como el final de Margaret Thatcher, pero sin la lujosa comida en Versalles presidida por el entonces presidente François Mitterrand para despedirla con gloria ante la traición de sus ministros y diputados conservadores en noviembre de 1990, se aproxima al primer ministro laborista británico, Sir Keir Starmer. Al menos 61 diputados laboristas lo han traicionado y le están pidiendo su renuncia. Tres ministros juniors ya han dimitido y le seguirán otros.

La Cámara de los Comunes y Downing St son una efervescencia de rumores, asesores y ministros que entran y salen y, sobre todo, de una enorme conspiración. «¿Hasta cuándo durará Starmer?», se preguntan en cada aparición los periodistas, apiñados frente a la puerta negra lustrosa del número 10. El único que mantiene la calma es Larry, el gato.

Fuentes laboristas sostienen que la canciller Yvette Cooper y el secretario de Defensa, John Healey, se acercarían al despacho del primer ministro para decirle que se le acabó el tiempo. «El juego ha terminado», dirían. Especulan que podría ser hoy por la noche o mañana.

El discurso matinal del lunes del premier, prometiendo un gobierno distinto, un acercamiento al corazón de Europa y enfrentar al populista Nigel Farage, no bastó para convencer a su gabinete y a sus legisladores, que ven temblar sus bancas y temen perderlas, como los concejales en las recientes elecciones locales. No quieren correr su mismo destino; es una cuestión de sobrevivencia.

Renuncias y conspiraciones

Un asesor ministerial del secretario de Salud, Wes Streeting —quien se proyecta como líder alternativo—, ha dimitido para exigir la salida del mandatario. Otros dos ministros juniors lo imitaron. Más de 61 diputados instan al primer ministro a dejar el cargo.

El primer ministro británico, Keir Starmer, se reúne con escolares en un club de desayuno junto al alcalde de Gran Manchester, Andy Burnham, durante una visita a una escuela primaria en Ashton-under-Lyne, Gran Manchester. Foto Reuters

La diputada Catherine West, que inició este desafío al igual que hizo contra Boris Johnson, ha enviado correos electrónicos a sus colegas buscando apoyo para su petición de elecciones internas en septiembre.

Por su parte, la ex viceprimera ministra Angela Rayner, que debió renunciar por un escándalo tributario, declaró en la conferencia del sindicato CWU que no se debería haber impedido el regreso de Andy Burnham al Parlamento británico.

“No renunciaré”

Starmer afirmó que no abandonaría la lucha por el futuro de Gran Bretaña en su intento por salvar su mandato, tras los desastrosos resultados electorales de la semana pasada. Su socio clave en este escenario es Burnham.

El jefe de Gobierno se comprometió a impulsar legislación para nacionalizar British Steel, la industria del acero británica, implementar un ambicioso programa de formación para jóvenes y ofrecer una respuesta más contundente en materia de crecimiento, defensa, Europa y energía. Además, declaró que combatiría cualquier desafío a su liderazgo y negó que el país se hubiera vuelto ingobernable.

Al laborismo le ha nacido un rival ultraderechista carismático y peligroso como Farage y su partido, Reforma, que le robó los votos en la «zona roja» del norte del país. El partido busca ahora a alguien con el acento y el discurso indicados para recuperarlos.

«No es el hombre que nos ayudará a ganar las elecciones». Sarah Smith, diputada por Hyndburn, se ha sumado a las voces que piden la dimisión del actual líder, abogado de derechos humanos y ex procurador de la Corona.

En declaraciones a Times Radio, la diputada indicó que apoyaría a un candidato de centroizquierda, dependiendo de las propuestas políticas que presentara. Smith afirmó que había estado reflexionando detenidamente sobre ello toda la tarde antes de pronunciarse.

«Es un buen hombre, de gran integridad, y ha hecho mucho por nuestro país… Pero creo que debemos reconocer que no es la persona que nos ayudará a ganar futuras elecciones», declaró. «Andy Burnham es un político muy impresionante, pero quiero saber cuál es su programa».

Cómo llega al poder Andy Burnham

Burnham está en boca de todos. El actual alcalde de Manchester aspira a ser primer ministro, pero para lograrlo primero debe renunciar a la alcaldía, conseguir que un legislador dimita para convocar a una elección que le permita ocupar su escaño y ser elegido. Sin ser diputado, no puede liderar un régimen parlamentario como el británico.

Tom Rutland, secretario parlamentario privado, también ha dimitido alegando que no confía en el líder laborista y que este debería «establecer un calendario para su salida».

Ese calendario es el que se discute en estas horas para no generar caóticas elecciones anticipadas, que fácilmente podría ganar el populista Farage. Muchos diputados laboristas quieren que Starmer se vaya, pero algunos creen que debe ser bajo un proceso ordenado, sin disparar un desafío inmediato para su reemplazo.


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