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Vladimir Putin teme un intento de asesinato y el Kremlin refuerza aún más las medidas de seguridad


La invasión rusa a Ucrania, la noche del 23 al 24 de febrero de 2022, hace ya más de cuatro años, debía haber durado días, apenas semanas. Kiev debía haber caído y Moscú debía haber puesto a un dirigente títere a gobernar un país que considera poco más que su patio trasero. El error estratégico del presidente ruso Vladimir Putin y la sorprendente capacidad de resistencia ucraniana -con ayuda europea siempre y estadounidense hasta principios de 2025- hicieron que cuatro años después Putin empiece a tener miedo.

La historia rusa nos lleva al período que va desde, aproximadamente 1862 hasta 1917, la época que Karl Marx llamó “de los soñadores de lo absoluto”, un título que el alemán Hans Magnus Enzensberger tomó prestado para una pequeña obra que cuenta el papel de los revolucionarios radicales que actuaron en esa época en Rusia, conspiradores fanáticos, convencidos de la necesidad de sacrificar todo para derribar al régimen zarista.

Putin, que vivió varios años destinado como agente del KGB en la Alemania Oriental, debe haber leído a Marx y probablemente a Enzensberger. Y debe haberse dado cuenta de que él también podría ser algún día objetivo de quien piense que la única solución para acabar con el régimen es acabar con el líder. O de un ataque lanzado por Ucrania, quien ya muestra capacidad para atacar Moscú con drones.

El presidente ucraniano Volodimir Zelenski juega con ese miedo. Este lunes, desde Erevan, donde acudió a la reunión de la Comunidad Política Europea, dijo: “Rusia ha anunciado un desfile el 9 de mayo en Moscú sin material militar. Si eso ocurre, será la primera vez en muchos, muchos años que no pueden permitirse material militar. Y temen que drones sobrevuelen la Plaza Roja. Es revelador. Muestra que no están fuertes en este momento”.

Lo que hacía el presidente ucraniano era indicar a Putin que no saque armas caras a las calles de Moscú para el desfile porque los drones ucranianos podrían atacarlas. Y de paso, que se cuide él también.

La élite política europea tiene informes de inteligencia sobre la situación interna en el Kremlin. Uno de esos informes fue publicado este lunes por el diario digital ‘Important Stories’, una publicación puesta en marcha por periodistas exiliados rusos.

Su texto dice que “desde marzo (de este año) el Kremlin y el presidente Vladimir Putin están preocupados por filtraciones de información sensible y, al mismo tiempo, por el miedo a un complot (para asesinar a Putin) o un intento de golpe de Estado”.

Según el informe, “el presidente ruso teme especialmente el uso de drones para un posible intento de asesinato a manos de miembros de la élite política rusa”. Un golpe de Estado interno puesto en marcha por miembros de su entorno.

El informe del servicio de inteligencia que cita ‘Important Stories’ llega a poner algunos nombres como potenciales complotistas, entre ellos el del ex ministro de Defensa Serguei Shoigu, a quien considera “un actor potencialmente desestabilizador”.

El informe del servicio secreto asegura que Shoigu sigue teniendo una “influencia significativa” en la cadena de mando militar. Su antiguo número dos, Ruslan Tsalikov, fue detenido el 5 de marzo de 2026. Su detención debe entenderse como una advertencia a Shoigu.

Las medidas de seguridad en torno a Putin se han endurecido. Los controles para acceder al Kremlin son más estrictos que nunca y el presidente ruso pasa semanas enteras en búnkeres por miedo a ser atacado en sus dependencias presidenciales. Putin ha dejado de visitar hace meses sus dachas en Valdai y cerca de Moscú.

El presidente, además, se protege no acudiendo a lugares donde pueda ser objetivo de atentados, y eso incluye bases militares rusas. Si hasta finales de 2025 sus visitas a bases militares eran habituales, en 2026 no ha pisado ninguna.

Los asesinatos de altos mandos de las Fuerzas Armadas rusas, incluyendo coroneles y generales, en Moscú y supuestamente a manos de agentes ucranianos (el último, el 22 de diciembre pasado, del teniente general Fanil Sarvarov) muestran que la capacidad de Kiev para asesinar objetivos selectivamente es cada vez mayor.


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