Misión Imposible: el asado del primero de Mayo

El Día del Trabajador siempre tuvo una fragancia: a leña, a carne, a locro. El trabajador argentino, cuando llegaba esta fecha, sabía que había una mesa esperando. No era lujo: era ritual. Este año, en muchas casas chaqueñas, ese aroma no llega.
Por Adrián Bellomi*
El salario del trabajador chaqueño perdió cerca del cuarenta por ciento de su poder de compra en los últimos dos años. El salario mínimo, hoy en trescientos cincuenta y siete mil pesos, no cubre la canasta básica. Y desde 2023, Chaco perdió más de ocho mil seiscientos puestos de trabajo registrados: la peor caída del Nordeste argentino. No son cifras para titulares.
Son padres y madres que ya no llegan, jóvenes que no consiguen su primer empleo, familias enteras que descubren que trabajar dejó de alcanzar.
En la mayoría de los hogares chaqueños, el sueldo termina el día 15. Lo que viene después tiene tres nombres: estiramiento, deuda o resignación. Y un cuarto, que ya es paisaje cotidiano: la tarjeta de crédito usada para comprar lo que antes se pagaba con el sueldo. La carne en tres cuotas. El changuito del super en seis. Los remedios financiados. Hablar de un asado, en muchas casas, dejó de ser hablar de comida. Es hablar de una cuota más que se suma al resumen del mes que viene.
El pluriempleo se ha consolidado como la nueva norma en el mercado laboral chaqueño: los trabajadores se ven obligados a salir de su empleo formal para buscar una segunda actividad informal, con el fin de llegar a fin de mes cumpliendo jornadas que superan las 16 horas diarias. Este fenómeno se posiciona como uno de los de mayor crecimiento en el país durante el último periodo, en un contexto donde se registra una disminución significativa en el empleo privado formal
No es un mal trimestre. Es el rumbo. Las paritarias se discuten con un techo impuesto desde un escritorio que no conoce el precio del kilo de carne. Las obras sociales, sostenidas por el aporte del trabajador, viven una crisis que pone en riesgo el sistema de salud entero. En Chaco, además, se eliminó el Fondo Estímulo Productivo de los estatales pese a un fallo judicial en contra. Esto no es ajuste técnico: es una decisión sobre quién paga la cuenta. Y la paga el que produce.
No es solo que el asado se haga más chico. Es que al trabajador le están sacando el derecho a celebrarse.
Hace un año murió el Papa Francisco. Habló sin rodeos de los descartados, del trabajo digno como cimiento de la dignidad humana. Decía que un sistema que no le da pan, techo, tierra y trabajo a su pueblo es un sistema enfermo. Esa palabra suya, hoy, sigue marcando rumbo.
No escribo para contar dónde voy a estar. Escribo para decir lo que vamos a pelear.
Vamos a pelear por paritarias libres, sin techo impuesto desde un escritorio que no conoce la góndola. Vamos a pelear por una obra social que no se caiga encima del trabajador justo cuando más la necesita. Vamos a pelear por el cumplimiento de los derechos que la justicia ya reconoció y el Estado todavía no paga. Vamos a pelear por convenios que reconozcan lo que vale el que pone el cuerpo cada día.
El sindicalismo no le va a devolver al trabajador chaqueño el asado que este año no entra en la parrilla. Eso ya se perdió. Pero tiene la obligación de pelear para que el próximo se pueda volver a hacer.
Y esa pelea es lo único que un dirigente honesto puede ofrecer hoy: trabajo, no discursos.
(*) Co-secretario General CGT Regional Chaco y Secretario General de CGT.
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