tonos rosados, millonarios y un Carlos III que encantó a la corte de Trump

Los tonos rosados marcaron la pauta en la noche del martes durante la cena de Estado que Donald Trump y la primera dama Melania Trump ofrecieron al rey Carlos y a la reina Camila en la Casa Blanca. El hall de entrada adornado con flores de cerezo avisaba la paleta de colores.
Las copas de champán tintinearon mientras el presidente y el rey brindaban, celebrando los profundos lazos y la historia compartida entre ambos países, en el segundo día de la visita real de Carlos y Camilla a Estados Unidos, que culmina el jueves.
La cena de Estado rindió homenaje a la perdurable relación entre Estados Unidos y el Reino Unido, coincidiendo con la conmemoración del 250 aniversario de la independencia estadounidense.
Pero por sobre todo fue una lección de diplomacia y seducción real.
La reina y la primera dama de rosa marcan los colores de la noche. Foto: BloombergSegún escribe este miércoles Shawn McCreesh en The New York Times, el rey Carlos III «ofreció una lección magistral de diplomacia al estilo Trump II (…), pronunciando un discurso con todos los ingredientes necesarios en la medida justa».
Hubo un sutil humor británico; bromas adaptadas a las inclinaciones del presidente Donald Trump (un brindis con Coca-Cola y un comentario sobre los «reajustes» en el Ala Este); un toque de obsequiosidad equilibrado con algunas insinuaciones sobre la OTAN; y el más brillante y característico de los regalos de Trump.
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«Señor Presidente», dijo el rey, «me complace presentarle, como obsequio personal, la campana original que colgaba en la torre de mando de su valiente homónimo». Señaló un objeto que había estado bajo un paño dorado sobre un pedestal blanco a su lado. El brazo de un caballerizo, vestido con un uniforme rojo, se extendió para descubrir una campana pulida.
Grabadas con total claridad en la superficie de la campana se leían las palabras TRUMP 1944. Evidentemente, existió un submarino llamado HMS Trump, botado en un astillero británico en 1944, que participó en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.
Ante esto, el presidente se levantó de su silla y contempló con asombro su nueva campana. Miró a su esposa y arqueó las cejas, como diciendo: «¿Ves eso, cariño?».
El rey presenta a Trump su campana. Foto: Reuters«Si alguna vez necesitan contactarnos», dijo el rey, «¡solo tienen que llamarnos!». La sala estalló en aplausos y el presidente, con un semblante radiante, le hizo un gesto de aprobación al rey con el pulgar.
Durante gran parte de la noche, Trump, vestido de frac, parecía estar completamente a merced del monarca, escribe el New York Times. Pocas figuras extranjeras pueden manipular a este presidente como lo hace este rey. Pero incluso para los mejores, Trump puede ser complicado, y hubo un momento en la cena de Estado en que el rey Carlos lo comprobó de primera mano.
Según relata McCreesh, el presidente, que habló antes que el rey, repasó rápidamente un fragmento de su discurso sobre todos los lugares del mundo donde estadounidenses y británicos lucharon codo con codo. «Las playas de Normandía, las gélidas colinas de Corea, las abrasadoras arenas del norte de África y Oriente Medio…»
Trump levantó la vista de su guión. «Y también estamos trabajando un poco en Medio Oriente ahora mismo, por si no lo saben, y nos está yendo muy bien», dijo, empezando a desviarse peligrosamente de lo previsto.
Trump durante su discurso. Foto: BloombergEl presidente está actualmente bastante enojado con los británicos. Ellos se niegan a seguir a los Estados Unidos en lo que perciben como otra aventura desafortunada en Medio Oriente. Él ha respondido llamando «juguetes» a sus portaaviones y menospreciando a su primer ministro, Keir Starmer.
Y ahora Trump estaba sacando a relucir todo ese malestar en su elegante cena de Estado, aunque, curiosamente, no se atrevía a pronunciar la palabra con «I» (Irán).
«Hemos derrotado militarmente a ese oponente en particular», continuó, «y nunca vamos a permitir que ese oponente jamás…», y luego se detuvo y soltó de golpe: «Carlos está de acuerdo conmigo incluso más que yo mismo. Nunca vamos a permitir que ese oponente tenga un arma nuclear». Y entonces volvió a su guión.
Incluso cuando intentaba comportarse lo mejor posible, Trump no podía evitar causar algún problema. Con solo esas nueve palabritas —«Carlos está de acuerdo conmigo incluso más que yo mismo»— corría el riesgo de arrastrar al rey a la contienda. Como soberano, este era exactamente el tipo de cosas que él intenta evitar.
El rey no comparte (ni deja compartir) sus opiniones personales y su figura es netamente apolítica. Trump barrió con todo eso.
Pero fue solo un destello. Y el presidente parecía sumamente complacido con todo el asunto.
Con un comunicado algodonoso el Palacio de Buckingham restó importancia al asunto y selló el tema.
Los invitados
Además de los invitados de honor —el Rey y la Reina—, la Casa Blanca invitó a más de 100 personas.
Melania Trump recibe a la reina Camilla. Foto: ReuterEntre ellas figuraban el gabinete presidencial, los asesores del Rey, legisladores republicanos, seis magistrados de la Corte Suprema, presentadores de televisión, empresarios multimillonarios y destacados aliados conservadores.
Otros invitados de alto perfil que llegaron fueron líderes tecnológicos que previamente se habían reunido con el Rey en Blair House, como Jeff Bezos, fundador de Amazon y Blue Origin, acompañado por su esposa Lauren Sanchez, y Tim Cook, director ejecutivo de Apple.
No quedó claro de inmediato si todos los invitados asistieron realmente.
Jeff Bezos y su esposa Lauren Sanchez llegan a la cena. Foto: ReutersEstaba el círculo íntimo de Melania: su decorador, Tham Kannalikham; su diseñador de indumentaria, Hervé Pierre; su asistente de mayor confianza, Hayley Harrison; y su padre, Viktor Knavs.
Y estaban los hijos de Trump: Ivanka y su esposo Jared; Eric y su esposa Lara; Tiffany y su esposo Michael.
Había algo cómico en ver al rey y a la reina entre la corte trumpista. Pero todo pareció salir según lo previsto. Después de que el rey terminó de hablar, Trump le dio una palmada en el hombro. «Gran trabajo», dijo. Y luego miró su nueva campana Trump.
Con información de The New York Times y BBC News
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