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Impera el cinismo, la frustración y la tristeza


Con fuertes críticas contra el rol actual de las Naciones Unidas, el argentino Rafael Grossi enfrentó este martes en Nueva York un intenso escrutinio de tres horas ante representantes de 193 países y miembros de la sociedad civil, que lo bombardearon con decenas de preguntas sobre sus planes en caso de ser elegido Secretario General de la ONU, el cargo al que se postula junto con otros tres candidatos.

En una audiencia en un salón de la sede de las Naciones Unidas, el actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica manifestó su deseo de reemplazar al portugués Antonio Guterres, cuyo mandato vence en enero del año próximo. El proceso final de selección se realizará en el segundo semestre del año.

«Existen grandes interrogantes sobre el valor real de las Naciones Unidas para resolver los problemas, sobre su eficiencia al hacerlo y su capacidad para lograrlo. El cinismo, la frustración y la tristeza imperan”, dijo Grossi en una presentación inicial.

«Nosotros, como personas que trabajamos en aras de la paz y que trabajamos en organizaciones multilaterales, tenemos que reconocer que esto es así, que la tendencia no es muy buena o la dirección en la que avanzan las Naciones Unidas no es aquella que todos quisiéramos ver», dijo.

Por este motivo, «es tan importante esta elección», señaló Grossi.

El plan de Grossi para llegar al liderazgo del organismo está basado en que la ONU retorne a sus bases fundacionales: «Salvar a la humanidad del flagelo de la guerra”.

«Todos tenemos la sensación de que es un mundo en el que prevalece la guerra, que la guerra ha vuelto con furor a Europa y otros lugares, en Africa e incluso en Sudamérica, Caribe, Asia. No hay continente alguno que haya quedado al amparo de este retorno de la guerra”, dijo.

¿Dónde está la ONU cuando se habla de paz y seguridad?, se preguntó Grossi. «Esa era la idea y es importante que pensemos en todo esto”, dijo Grossi durante la sesión que se mantuvo sin interrupciones.

Y continuó: «La guerra es sinónimo de muerte y destrucción y si hablamos de desarrollo vemos que hay un gran desvío de recursos, recursos que se necesitan muchísimo, que son necesarios para sacar a miles de millones de personas de la pobreza y que se desvían para alimentar la maquinaria de guerra. Así que pensar que la paz y la seguridad implica soslayar el desarrollo no es una idea correcta”, dijo.

Y siguió con fuertes críticas al rol actual del organismo. “La ONU no se creó para ser una institución que emita mensajes desde una torre de marfil. Esta institución se creó y está diseñada para resolver problemas sobre el terreno y eso quiere decir adaptarse a situaciones, hablar cuando hay que hablar, hablar con todos y en particular aquellos que están inmersos en la guerra. Esa es mi visión, la de una institución que estará ahí afuera, que actuará con igual resolución en todos estos frentes”, dijo sobre sus planes como posible secretario general.

Grossi resaltó, además, su experiencia en el organismo de Energía Atómica. Su planteo, dijo, es “el resultado de mi propia experiencia como director general de una organización que está en el corazón de la actualidad para garantizar la paz y la seguridad de muchos lugares del mundo».

Grossi compite con otros tres postulantes para el cargo: la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, que expuso el martes por la mañana antes de Grossi; la jefa de comercio de la ONU, la costarricense Rebeca Grynspan, que hablará el miércoles por la mañana, y el último en presentarse será el expresidente de Senegal Macky Sall.

Diplomático de carrera de 65 años, el argentino tomó relieve global al asumir en 2019 la dirección de la OIEA, que es parte del sistema de las Naciones Unidas. Desde ese puesto se ocupó de cuestiones mundiales de alto perfil, como el programa nuclear de Irán o de los peligros relacionados con la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, ocupada por las fuerzas rusas.

Recientemente ha sido elegido por la revista Time como una de las 100 personalidades más influyentes del año, Grossi tiene el aval del gobierno argentino para su candidatura.

La elección del líder de la ONU implica un proceso largo que recién se concretará en el segundo semestre del año, sin fecha determinada, con su designación por parte de la Asamblea General, que incluye a todos los miembros.

Pero ellos deben elegir a recomendación del Consejo de Seguridad. Eso otorga a los cinco miembros permanentes del órgano más poderoso de la ONU —Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia— el papel decisivo y el poder de veto sobre la selección, ya que si el candidato no tiene el aval de todos los miembros del consejo, su postulación no avanza a la Asamblea.

Está previsto que a finales de julio, los 15 miembros del Consejo de Seguridad debatan a puerta cerrada sobre los candidatos y que hacia finales de año la Asamblea General formalice el nombramiento. La decisión suele concretarse entre agosto y octubre.

Grossi ha venido buscando apoyos y en general tiene buena relación con los miembros permanentes del Consejo. Más allá de las aptitudes para el cargo, el estrecho vínculo de los presidentes Donald Trump y Javier Milei contribuye a promover su candidatura.

El próximo secretario general deberá estar en sintonía con «los valores y los intereses estadounidenses», advirtió el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz.

También pareció recibir este martes un respaldo del Kremlin. El vocero del gobierno de Vladimir Putin, Dimitri Peskov, señaló: «Conocemos muy bien a Grossi. Como saben, mantenemos un contacto constante sobre asuntos relacionados con la AIEA, especialmente ante los crecientes problemas y críticas que enfrenta, incluso en el contexto de la guerra en Irán», dijo.

En la elección de 2016 se presentaron 13 candidatos, entre ellos 7 mujeres, en medio de una intensa presión para que por primera vez eligieran a una secretaria al mando del organismo. Pero Guterres terminó siendo el elegido.

Ahora Bachelet y Grynspan aspiran a ser las pioneras, aunque la chilena ha perdido el apoyo de su propio gobierno cuando asumió el presidente derechista José Antonio Kast. Bachelet sigue con el impulso de Brasil y México.

El clima ahora es muy diferente al de hace 10 años. En aquel momento la ONU concretaba el pacto climático del Acuerdo de París para frenar el calentamiento global y la promoción de la agenda 2030, un plan de desarrollo sostenible de 17 puntos para cerrar la brecha entre ricos y pobres.

Pero la llegada de Trump a la Casa Banca marcó un desprecio por el multilateralismo, mientras EE.UU. se alejaba de esos pactos globales, con fuertes divisiones en los países por el cambio de agenda. Mientras tanto, la ONU no ha podido frenar las guerras en Ucrania, Gaza e Irán, dejando al organismo sin influencia en los conflictos globales.

Por tradición, el cargo de secretario general rota por regiones. Guterres, ex primer ministro portugués, sucedió al excanciller surcoreano Ban Ki-moon y este siguió al ghanés Kofi Annan. Ahora debería ser el turno de América Latina, por lo que las chances de Bachelet, Grossi y Grynspan crecen. Desde la fundación de la ONU en 1945 el único secretario general latinoamericano fue el diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991).


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