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denunció que toda forma de opresión, violencia o explotación niega el cristianismo


Al hablar ante una multitud de 40 mil personas, más otras 20 mil que lo siguieron en las inmediaciones esta tarde en Soaurimo, 800 kilómetros al norte de la capital de Angola, el Papa condenó la explotación y corrupción por parte de los poderosos y dijo que muchos deseos de la gente son frustrados por las injusticias, pero Cristo escucha el grito de los pueblos frente a estos males que “en cada sufrimiento nos conforta y nos alienta en la misión”.

“Jesús quita la muerte de nuestra historia, que el resurgido abre con la fuerza de su Espíritu porque es nuestro Redentor. Una buena que nos reúne a todos en una comunión de hermandad», agregó.

León XIV explicó que “hermandad” y “perdón” son un bálsamo para las heridas de la población de Saurimo, la capital de la provincia angolana de Lunda Sur, donde en muchos años arribaron millares de personas que buscaban un reparo a los horrores de la guerra civil. Así creció la población de la llamada Ciudad de los Diamantes.

León señaló que “toda opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad”.

Alrededor del 44% de la población, unos 15 millones de angoleños, se identifica como católica.

El pontífice alentó a Angola a proseguir en “la sabia dirección trazada por el Papa Juan Pablo II en Ecclesia in Africa», su exhortación apostólica para el continente, en la cual ratificó que el camino eclesial es siempre un sínodo de la resurrección y la esperanza, reforzados por “el testimonio de los mártires y los santos”.

“La Iglesia –prosiguió—tiene el deber de servir a nuestro pueblo, alzándolo de cada caída, reconstruyendo lo que la violencia destruye y compartiendo la alegría de los vínculos fraternos”.

“La Iglesia en Angola crece según aquella fecundidad espiritul que inicia con la Eucaristia y prosigue en la cura integral de cada persona y de todo el pueblo”.

El Papa destacó que los fieles comparten y sostienen este camino por los que sufren persecución y violencia, pero que Dios los alivia sosteniéndolos en la fatiga de soportar las pruebas y la opresión”.

Agregó que “la oración de los fieles pide a Dios también de quitar el hambre de aquellos que tienen el hambre de verdad y sed de justicia, para que encuentren en las instituciones públicas quienes los acojan y los nutran como hermanos”,

Angola vivió una guerra civil desde su independencia en 1975 hasta 2002 y salió muy mermada por el conflicto.

El Papa destacó que “hoy vemos que muchos deseos de la gente son frustrados por los violentos, explotados por los prepotentes y engañados por la riqueza”.

Dijo que “frente a estos males, Cristo escucha el grito de los pueblo y renueva nuestra historia y en cada caída nos realza, en cada sufrimiento nos conforta, en la misión nos alienta”.

El arzobispo de Saurino, monseñor José Manuel Inbamba, al término de la Eucaristía habló y dijo que espera que este viaje “sea fuente de bendición para todos que anuncian el Evangelio de Jesucristo para la construcción de una Angola más justa, pacifica, inclusiva y reconciliada”.

Antes de la misa campal, el Papa Prevost en su visita a la tercera ciudad de Angola visitó el instituto de ancianos, quienes lo acogieron calurosamente. Les dijo que “las personas ancianas no van sólo asistidas. Ante todo deben ser escuchadas porque constituyen la sabiduría de un pueblo. En el Instituto se cuidan a 62 ancianos entre los 60 y los 93 años entre los cuales hay personas maltratadas y abandonadas por sus familiares con la acusación de brujerías.

Por la tarde el Papa regresó a la capital, Luanda, para reunirse con obispos, sacerdotes y religiosos en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima.

Mañana abandonará Angola y viajará a Guinea Ecuatorial, cuarta y última etapa de su viaje por Africa. El jueves 23 regresará a Roma, meta final de su gira en la que habrá recorrido 18 mil kilómetros.


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