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Arabia vende su millonaria liga saudí de golf: un negocio deficitario, hipotecado por contratos millonarios y con poca relevancia deportiva | Deportes


Se vende liga saudí de golf.

Razón, el Fondo Soberano de Arabia.

Advertencias: es un negocio deficitario, hipotecado por contratos millonarios, sin mucha historia, con poca relevancia deportiva y apenas repercusión en Estados Unidos.

LIV, el rompedor circuito que desde 2022 provocó una escisión sin igual en el deporte al fichar a golpe de petrodólares a algunos de los mejores jugadores del mundo, busca nuevos patrocinadores ante la previsión de que el PIF, el Fondo Soberano Saudí, su mecenas, cierre el grifo de la inversión cuando el próximo agosto finalice su quinto curso de vida.

Esa ingente inyección de dinero permitió crear de la nada un producto artificial que engatusara a una parte de los golfistas más destacados del planeta (Jon Rahm, Cameron Smith, Brooks Koepka, Bryson DeChambeau, Sergio García, Dustin Johnson, Phil Mickelson…) y que los juntara a competir bajo un revolucionario formato que rompía las reglas tradicionales: torneos de tres vueltas, 54 participantes, sin corte, salidas a tiro y con música en el campo. La fórmula se abrió hueco frente a los circuitos americano (PGA Tour) y europeo (DP World Tour) gracias a su músculo económico. Desde su nacimiento, el PIF ha invertido más de 5.000 millones de dólares en firmar a esas estrellas y blindarlas con contratos de varios años y en engordar las bolsas de premios hasta los 30 millones por torneo, un subidón que obligó al tour estadounidense a responder con la misma moneda y que ha conducido a una inflación del mercado sin precedentes.

Pero esa chequera de ceros infinitos, respaldada por el pozo sin fondo del petróleo, era también un arma de doble filo. LIV depende tanto de la subvención del gobierno saudí que cuando el PIF ha decidido pasar las monedas a otro cesto (el Mundial de fútbol de 2034 y el tenis), la supervivencia de la liga está en peligro si no encuentra unos ingresos a la altura.

La subasta está en marcha. “Van a llegar cambios estructurales. Si hace falta recaudar dinero… probablemente. Esto es un negocio”, admite el CEO de LIV, Scott O’Neil, desde México, sexta parada de la temporada. El directivo, fichado por su experiencia en la gestión del deporte estadounidense (NBA, fútbol americano y hockey), envió un correo a los directores generales de los 13 equipos de la liga para asegurarles que el presupuesto cubre el resto de 2026, pero no más allá.

LIV tiene difícil venta porque el negocio no florece aparte de los brotes verdes que este curso han supuesto las paradas en Adelaida y Sudáfrica, dos éxitos que son la excepción en un circuito global con estaciones en todo el planeta. La liga extiende este año sus raíces por Arabia, Australia, China, Singapur, Sudáfrica, México, Estados Unidos, Corea del Sur, España (Valderrama del 4 al 7 de junio) y Gran Bretaña. O’Neil señala esa globalización como un síntoma de buena salud para rebajar el hecho de que LIV no ha cazado grandes audiencias ni contratos televisivos en Estados Unidos, el gran mercado mundial.

“Soy estadounidense. Me encanta el mercado de Estados Unidos. Es el mercado televisivo y de patrocinio número uno del mundo. Pero a largo plazo, ¿quieres apostar por 340 millones de personas o por 7.500 millones? Yo apuesto por lo segundo. El golf debe verse en todo el mundo y eso es lo que hacemos”, esgrimió el directivo.

Los números son rotundos y juegan en contra de LIV. Desde 2022 ha repartido más de 1.500 millones de dólares solo en premios y las pérdidas durante las tres primeras temporadas superaron los 1.460 millones en un crecimiento constante de números rojos. LIV asegura que ingresa unos 500 millones anuales en patrocinios de “marcas globales” como Rolex, HSBC y Aramco, la compañía petrolera saudí, pero esa partida permite poco más que cubrir les cheques extendidos a los golfistas por la competición. Fuera quedan los grandes contratos de fichajes como el de Rahm por 300 millones hasta 2028 y un porcentaje de su equipo, Legion XIII, además de los gastos de organizar cada cita.

La competencia económica y deportiva con el PGA Tour ha convertido el golf en un deporte que se mueve hoy en unas cifras por las nubes, una razón de peso para que cualquier inversor se piense dos veces el más mínimo movimiento, y más un ingreso en una liga con cierto aire de exhibición. La disputa entre los dos bandos ha dejado un deporte dividido y envuelto en una batalla por ver quién paga más. Bryson DeChambeau, la gran estrella junto a Rahm, no ha renovado el contrato que finaliza este curso y la incertidumbre se expande entre los jugadores. “Nos dijeron que tienen un proyecto de muchos años”, dijo Sergio García en México. “Estoy ajeno a todo el ruido porque no depende de mí”, añadió Rahm.

El deseo de LIV era que los equipos pudieran financiarse por sí mismos después de dos o tres años de vida. Han pasado casi cinco y no es así. El grifo del petróleo se cierra. O’Neil no oculta la realidad. “Estaremos financiados durante esta temporada y hay que trabajar como locos para lograr un plan de negocio que nos mantenga en marcha”, afirmó en la cadena TNT. Y comentó en Movistar: “Sé que hay mucha gente que desea nuestra desaparición. Pero LIV sigue adelante. Es bueno para el golf y estamos llevando la competición por todo el mundo”. Un mundo por el que ahora se pasea con el cartel de Se vende.


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