Aldo Avellaneda: «Vamos a contener, proteger y ordenar la vida académica»

El doctor en Ciencias Políticas y profesor la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) presentó en LA VOZ DEL CHACO los ejes centrales de su candidatura al decanato con el espacio político Horizonte Humanidades. En este marco, subrayó la importancia de la transparencia administrativa y de la participación democrática de la comunidad universitaria en las elecciones, reivindicando el rol estratégico de las humanidades en la formación del pensamiento crítico y en el desarrollo social.
Así transcurrió parte del diálogo.
-Aldo Avellaneda, profesor de la Facultad de Humanidades en la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), es un docente muy querido por todos los alumnos. Profesor de Teoría de la Comunicación, una materia fundamental para comprender la profesión, el oficio y el mundo de la comunicación, que atraviesa hasta la vida cotidiana, hasta el hueso de la vida cotidiana. Hoy nos visita en LA VOZ DEL CHACO. Es un honor recibirlo, también doctor en Ciencias Políticas. Hay un motivo muy especial: presentó su candidatura para ser decano de la Facultad de Humanidades, una facultad que lo quiere muchísimo. ¿Cómo viene el escenario político dentro de la universidad en el marco de su candidatura?
-Bueno, primero, gracias por la presentación, que agradezco mucho. Este es un año muy peculiar porque se eligen todos, o la mayoría, de los decanatos de las 11 facultades que integran la Unne, y toda esta dinámica se cierra con la elección de la asamblea universitaria; es decir, los 11 consejos directivos eligen al próximo rector de la universidad. En eso van a estar dirimiéndose las facultades, y la universidad se enterará de aquí hasta mitad de año, hasta junio muy posiblemente.
En el marco de este contexto, en la Facultad de Humanidades, el lunes 20 se efectúa la elección del Consejo Directivo, una renovación, y ese consejo renovado es el que elige al próximo decano de la facultad el jueves 7 de mayo, quien asumirá, según los plazos que ya están fijados, al día siguiente.
Ese es un poco el contexto sobre el cual se enmarca la propuesta que tenemos, que sí me lleva a mí como referente, como candidato a decano de la facultad, es cierto, pero quiero mencionar que somos un grupo de colegas de las carreras que componen la facultad, que venimos trabajando fuerte, con muchas ansias de llegar a la gestión de la facultad para llevar adelante las propuestas que tenemos.
Lo venimos haciendo ya desde el año pasado, hace muchos meses. Ahora integramos a graduados, a estudiantes e, inclusive, venimos charlando con nuevos docentes para conocer, porque las problemáticas son diferentes en función del claustro, ¿no?
-Doctor, llegar a la gestión implica que las problemáticas son diferentes, y el contexto para la universidad en sí es de resignificación y también de adversidad en relación con la gran cantidad de demanda que hay en torno a la educación y a la educación universitaria ¿Qué desafíos plantea su candidatura?
-Permitime, Facundo, expresarlo así: quien llegue a la gestión de la facultad y quien gestione alguna de las facultades de esta universidad, la universidad o alguna de las 67 universidades nacionales -de las cuales 61 son nacionales y 7 son provinciales-, se las tiene que ver con un contexto muy desafiante, por decir lo menos, que es muy complejo.
Yo me animaría a decir inédito, porque junto al ataque material, es decir, al problema presupuestario que aqueja al sistema universitario y al sistema científico, cuestión que alguna vez ha ocurrido ya en nuestra historia, se suma un ataque simbólico muy fuerte, como lo ha expresado un colega, un científico reconocido, hace unos pocos días en el Congreso.
También soy de la misma opinión: hay un fuerte desdén ideológico respecto al sistema universitario, y habría que encontrar bien las razones. Pero el hecho es que pasamos por alto la particularidad de nuestro país con respecto al sistema universitario. Por poner solo un dato concreto, si nosotros hacemos una comparativa del incremento de la tasa poblacional en los últimos 40 años de nuestro país y lo comparamos con el incremento de la tasa de la población universitaria, vemos que las universidades argentinas funcionan muy bien a pesar de todo.
El incremento de la tasa poblacional no llega al 25% en los últimos 40 años, lo cual no es menor, pero el incremento de la población universitaria supera el 640%, y el presupuesto no ha crecido en la misma medida. Los problemas presupuestarios no son nuevos, no hemos de engañarnos, seguramente.
Sí estamos en una situación extremadamente compleja, en la cual no solo el Consejo Interuniversitario Nacional, sino el Conicet -yo soy investigador de planta del Conicet también-, se encuentran en una situación muy compleja. Básicamente, en el Conicet estamos, poco más o menos, investigando con nuestros salarios.
Todo esto vuelve realmente desafiante llevar adelante la gestión de una facultad que tiene 14 carreras, que cuenta con miles de estudiantes, cientos de docentes y decenas de administrativos. Por eso, si uno tuviera que resumir en pocas palabras la propuesta de la gestión, yo diría que, en este contexto, lo que más nos interesa es contener, proteger y ordenar un poco la vida académica y laboral de los colegas en un contexto que entiendo que es de bastante anomia, bastante desafiante.
Si a las incertidumbres que tienen los colegas les sumamos una gestión que produzca más incertidumbre, no va a ser bueno para nadie. Entonces, más allá de las propuestas concretas que tenemos para estudiantes y docentes, queremos llevar a buen puerto y finalizar con la reforma de los planes de estudio de todas las carreras, por ejemplo, porque ese es un desafío enorme que viene llevándose a cabo con mucho esfuerzo por las anteriores gestiones, es cierto, pero que, sin embargo, pandemia mediante y otros procesos que tienen que ver con el Estado nacional, ha hecho que la cuestión se alargue mucho.
Necesitamos planes de estudio renovados, actualizados y modernizados, pero también comprometidos con nuestra comunidad. Las dos cosas al mismo tiempo. No queremos menos: queremos que sean modernos, actuales, pero también con compromiso con nuestra comunidad, con lo que pasa acá, y todo siempre en un marco de acuerdos y consensos, dando previsibilidad y un cierto marco de orden para el trabajo de nuestros colegas.
En las facultades, los decanos y las decanas no tienen ningún tipo de injerencia en el salario de los colegas; eso se discute en otros lugares. Pero sí tenemos injerencia en, por lo menos, hacerles la vida más fácil un miércoles a la mañana cuando van a dar clases, y en muchos otros aspectos.
En eso sí estamos dispuestos a hacer lo que podamos para que, en el marco de la infraestructura, con los recursos que tengamos, podamos otorgar un ordenamiento y cierta estabilidad que vuelva más llevadera la situación.
Modernización con compromiso social
-Doctor, dice contener, proteger y ordenar: tres pilares fundamentales para la propuesta que trata sobre un área, una jurisdicción no menor en la universidad; se la suele llamar la pata nacional. Dentro de las municipalidades y dentro de la provincia, la pata nacional es la universidad en las provincias del interior. La Unne tiene esta característica de tener presencia en varias provincias del norte argentino, y me quedo con proteger, contener y ordenar. Hace algún tiempo se hablaba de la fuga de cerebros, de cómo desarrollamos grandes científicos que luego desarrollan tecnología y conocimiento en otros lugares. ¿Qué importancia tiene este contexto dentro de la propuesta que se va a llevar a las urnas dentro de los claustros en la universidad?
-Nosotros tenemos, en la planta docente actual, mucho movimiento. La casa de colegas concursados -es decir, todos queremos ser concursados, que se nos evalúe-. Todos pedimos eso: una evaluación permanente, una actualización permanente. ¿Quién podría estar en contra de eso? Y, sin embargo, las tasas en la facultad han decrecido un poco.
Están por encima del sesenta y pico por ciento, producto del movimiento que hay. Yo lo llamo el movimiento por arriba y el movimiento por abajo. ¿De qué se trata? Los colegas que tienen mayor antigüedad, que están formando recursos humanos realmente valiosos, básicamente, para decirlo de una manera corta, se quieren ir antes de la reforma previsional. Y eso provoca una sangría importante. Por el otro lado, por abajo, los colegas que recién se inician, que están haciendo sus primeras armas, claramente perciben que el sueldo de un auxiliar de primera categoría en la universidad no supera, para nada, los doscientos mil pesos.
Imagínense que, ante una mejor oferta en este contexto, emigran y se van hacia esa mejor oferta, y uno no puede decirles nada, porque no tiene con qué sostenerlos. Eso tiene un impacto muy fuerte, porque significa que hay un porcentaje cada vez más alto en nuestra realidad docente que no es un porcentaje estable. Y eso tiene un impacto en la experiencia pedagógica y en la calidad de nuestra universidad, calidad que está fuera de duda a pesar de todas estas circunstancias.
Quiero hacer énfasis en esto: perdemos de vista que, si tenemos médicos, arquitectos e ingenieros, si estamos llenos de profesiones, es porque en un 90% la universidad pública funciona, ¿no?, a pesar de todo. Pero claramente, si funciona, es porque hay gente muy testaruda, muy tozuda, que lleva adelante su tarea en contextos cada vez más adversos.
El sistema universitario está funcionando en buena medida gracias a la tozudez de su planta docente, que, a pesar de todo, continúa. A pesar de todo, hoy aquí, en el campo universitario, las aulas están con docentes que en este momento están dando clases. Entre nosotros, hemos perdido aproximadamente, entre que asumió el gobierno actual y hoy, casi seis salarios.
Entonces, eso, reitero, hace que haya mucho movimiento en nuestra planta docente y que nosotros tengamos que tener respuestas para esa situación, como podamos. Estamos en un contexto de excepción, pero creemos que tenemos propuestas, creemos que tenemos alternativas para, como te decía hoy, brindar un marco de previsibilidad en el cual, mientras estos conflictos se siguen llevando adelante, la facultad pueda ser gestionada de un modo en que no le haga la vida más difícil a nadie. ¿En cuánto incide lo que está ocurriendo en el debate en el Congreso, en el Poder Ejecutivo y en la vida diaria también, en elecciones de estas características, y qué expectativas tiene de la participación que haya en relación con ese día, el día de las elecciones?
En general, para la audiencia, si no lo conoce, las elecciones en una facultad se rigen por el cogobierno; es decir, el Ejecutivo, por decirlo de alguna manera, está a cargo de un docente, de un profesor, pero el consejo directivo lo integran docentes, no docentes, estudiantes y graduados.
A excepción del claustro de graduados, que es más difícil convocarlos para ir a votar, en general la participación, la tasa de participación es alta: mayor en los docentes y no docentes, un poco menor en estudiantes y aún menor en graduados, que son los que ya no tienen un contacto tan estrecho con la facultad y la universidad.
Nosotros esperamos que la participación sea óptima, tal como viene siendo, te reitero, en las anteriores elecciones. Va a depender también, a veces, de cuestiones tan contingentes como el clima. Para el sector de graduados y estudiantes, fundamentalmente, un día de lluvia, como sabemos, es complicado. Eso es lo mismo que para cualquier elección.
Transparencia y previsibilidad en la gestión institucional
-Yendo al tema de propuestas, de nuevo, habló de todas las representaciones que hay dentro del consejo. Si pudiera sintetizar qué propuestas tendría para cada una, sería genial. Y una pregunta particular: algo que caracteriza, como usted bien decía, la tozudez del docente, el empeño y el ímpetu que tiene para día a día registrar su clase frente a los alumnos, ya sea en su casa o dentro de la institución educativa, tarea que se extiende hasta el hogar en el caso del home office. Pero ¿cómo desarrollar estas extensiones y contactos que tiene la universidad con profesores que están seis meses dando clases en la universidad y otros seis meses investigando o realizando labores en territorio, siendo parte de la universidad también?
-En cuanto a las propuestas, si me permitís, trataré de ser sintético. Como sabrás, el sistema universitario contempla distintos claustros en la universidad, clasificados en estudiantes, docentes, no docentes y graduados, y las propuestas tienen que ver con cada sector.
En el caso de los estudiantes, una problemática central, por mencionar solo algunas, tiene que ver con el sistema de horarios de cursada, y eso es realmente desafiante. ¿Por qué? Porque, ciertamente, los horarios de cursada, fundamentalmente para aquellos estudiantes que están en los últimos niveles y que ya están trabajando, no son los más amigables para quienes tienen que estudiar y, a la vez, trabajar.
Pero esto se complica y se vuelve complejo porque el margen de disponibilidad de horarios de una planta docente que en más de un 85% es de dedicación simple -es decir, que tiene que rebuscárselas con otros trabajos en el sistema universitario o en el sistema no universitario- también es reducido. Por un lado, tenemos una demanda genuina de reformulación de los horarios de cursada; pero, por el otro, contamos con un margen acotado de maniobra para su modificación. Ese es un desafío. Nadie dijo que va a ser fácil; hay que encararlo y darle una solución. Ese es uno de los problemas.
El otro problema es la cuestión de la bimodalidad, que también es un tema complejo. ¿Por qué? Porque no hay absolutamente nada centralizado en las facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación del país. Las facultades como la que aspiramos a gestionar en estos próximos cuatro años vienen llevando adelante políticas de virtualización de la enseñanza que son de todo menos homogéneas.
Cada facultad de Humanidades en el país trata de vérselas sin ningún marco normativo centralizado que las oriente; entonces, en función de su contexto, intenta -si se me permite la expresión- darse vuelta como gato panza arriba para adecuar su situación al contexto sociolaboral de sus estudiantes y docentes. Nosotros, en la región en la que estamos, con los indicadores socioeconómicos que tenemos, y sabiendo muy bien dónde se encuentra la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), debemos evaluar qué nos conviene.
Por un lado, sin desechar ni dejar de lado, para nada, todas las herramientas que la tecnología nos provee; pero, por el otro, sabiendo también que, en una experiencia pedagógica, la presencialidad y la idea de compartir un mismo espacio son esenciales. Sin perder de vista eso, hemos de trabajar criterios, consensos y acuerdos para no ser fundamentalistas de un lado ni del otro, y así dar versatilidad y margen de maniobra a nuestros colegas, pero también contener a buena parte de nuestro estudiantado, que, si lo dejamos solo y a su suerte, maniobrando un celular, quizás prestado por un hermano y con datos limitados, la situación se le complica. Entonces, para eso están las instituciones.
Con respecto al cuerpo docente y al área académica, como te decía, necesitamos dar un punto final a la reforma de los planes de estudio. Proponemos una gestión descentralizada de estos, es decir, que cada carrera, con su propia temporalidad, pueda ir avanzando.
Ciertamente, la gestión proveerá marcos comunes de trabajo, pero el modo de avance que tenga cada carrera dependerá de su propio equipo, en relación con una Secretaría Académica renovada que sostendrá lo central del trabajo y no recaerá exclusivamente en equipos de cátedra conformados por docentes ya sobrecargados. Esa es una problemática central. En el área de extensión, además de la docencia, la universidad se basa en otros dos pilares: la extensión, que es la relación con el medio, y la investigación. En el plano de la extensión, proponemos un programa extensionista de la Facultad de Humanidades que contempla tres líneas prioritarias, consideradas estratégicas. Por un lado, el vínculo con la enseñanza media, es decir, con las escuelas secundarias, resulta fundamental. ¿Por qué razón? Porque cada vez hay una mayor percepción, por parte de los profesores universitarios, de una distancia entre lo que se espera de un estudiante que ingresa a la universidad y las condiciones reales con las que lo hace.
Necesitamos un programa extensionista que se vincule con la enseñanza media y trabaje allí. Esto también tiene que ver con elevar las tasas de ingreso de la propia facultad. Una mayor presencia en las escuelas secundarias no nos garantizaría resultados, pero sí podría brindarnos mayores posibilidades de incrementar la inserción de los jóvenes en la facultad.
La segunda línea prioritaria tiene que ver con un reclamo de buena parte de nuestros actores más activos, tanto en el Chaco como en Corrientes: el suelo, las aguas y todo lo vinculado con la soberanía alimentaria. La facultad quiere aportar, estimulando a aquellos colegas que ya trabajan en estas líneas, para vincularse con actores no académicos comprometidos con estos temas.
Para nuestra comunidad, nuestro río y nuestra tierra son centrales, y la Facultad de Humanidades tiene trabajos sobre estas cuestiones. Cuenta con colegas que trabajan en los barrios y desarrollan proyectos de extensión en estas áreas. Una tercera y última línea del programa extensionista se vincula con la formación ciudadana y los derechos humanos. Esta formación abarca desde aspectos básicos, como las leyes de tránsito, hasta la educación en derechos humanos. No se limita únicamente a nuestro pasado reciente, aunque también lo incluye, sino que se relaciona con los niveles de violencia que estamos dispuestos a aceptar y tolerar, tanto desde el Estado como desde el ámbito privado.
Creemos que contamos con destacados colegas trabajando en estas materias desde hace muchos años y que podemos aportar en articulación con otros actores no académicos. Por último, y para hacerlo breve, con respecto a la investigación, que es el área con la que estoy más vinculado, las facultades cuentan con institutos de investigación. Existen departamentos que organizan la vida docente e institutos que organizan la vida investigativa de cada carrera, como los institutos de Geografía, de Comunicación y de Investigaciones en Comunicación, entre otros. Estos son los espacios que aglutinan los proyectos de investigación.
Una de nuestras propuestas es centralizar algunos aspectos, no por el afán de centralizar en sí mismo, sino para aliviar la carga de trabajo de los equipos académicos. Por ejemplo, la gestión de la marcación e indexación de revistas científicas. La facultad cuenta con varias publicaciones, algunas de ellas en articulación con el Instituto de Investigaciones Geohistóricas y con Folia Histórica del Nordeste, una revista de referencia en el país con más de 50 años de trayectoria. Algunos aspectos formales de la gestión de estas revistas pueden ser centralizados, ya que son comunes a todas.
Sin embargo, cada disciplina genera su propio campo de relaciones. Los antropólogos, los historiadores y los especialistas en Ciencias de la Educación se vinculan de modos distintos, y en ello no pretendemos intervenir. Pero en los aspectos comunes, la gestión puede aportar para que los investigadores se concentren en los contenidos específicos de cada disciplina.
Asimismo, resulta fundamental fortalecer la infraestructura de los institutos de investigación, tanto en recursos materiales como humanos. Por último, uno podría preguntarse: si estamos en una situación de crisis y excepcionalidad, ¿cómo se financiarán estas propuestas? Como integrantes del campo de las ciencias humanas y sociales, estamos llamados a defender en la calle los principios que consideramos justos. Sin embargo, a la hora de gestionar, necesitamos orden fiscal, claridad en la administración y transparencia. Una de las propuestas centrales es la realización de un arqueo contable y financiero anual de la facultad.
Toda nuestra comunidad tiene derecho a saber con qué recursos cuenta la institución al final de cada año. Desde allí, se podrán establecer prioridades y argumentar las decisiones sobre su asignación. Ciertamente, no todos estarán de acuerdo, porque existen falencias y carencias, y una gestión no puede cubrirlo todo al mismo tiempo. Será un desafío brindar argumentos claros y sólidos sobre por qué se priorizan determinadas áreas. En líneas generales, quizá no fui sintético, pero estas son las principales propuestas.
«Votar es una forma de comprometerse con el futuro de la universidad»
-Como última pregunta, doctor, apelamos a la tradición. Humanidades es una facultad que está en el corazón del chaqueño, en el corazón del resistenciano. Formó a muchísimos profesores que hoy son fundamentales en el sistema educativo en todos sus niveles, en el Chaco, en Corrientes y en distintas partes del país y del mundo. Tuvo grandes nombres: Veiravé, Bardaro, Valesini, Frachia, Genó, por mencionar algunos. También fue hogar de la profesora Nidia Abatedaga, entre tantos otros. Usted, como decano en el siglo XXI, con un pensamiento distinto, ¿cómo lo definiría y por qué es importante ir a votar ese día para darle una conducción a Humanidades?
-Dos razones se me ocurren rápidamente. La primera, porque podemos prescindir de muchas cosas, pero no del compromiso en este contexto. Votar es una de las maneras que tenemos de ser parte de lo que después ocurra. Es fundamental para quienes creemos que hay que comprometerse.
Existen distintas formas de hacerlo, y todas son válidas. El ejercicio de decidir quién debe conducir una institución o un gobierno es el modo en que uno se hace partícipe y se compromete con el futuro de su comunidad y de su facultad.
Lo que se elija después será otra cuestión, pero el compromiso de ir a votar es esencial. Por otro lado, la elección en Humanidades es ciertamente importante. Quisiera cerrar con esto: ¿cuál es la función de Humanidades y de las ciencias humanas en una sociedad actual, en 2026? La más trascendental, a mi entender, es que vivimos en una situación muy compleja, en parte porque se ha erosionado la capacidad de juicio. Es decir, los parámetros para valorar y discernir no surgen de manera espontánea.
Esos criterios se forman, y no me refiero a un contenido ideológico particular, sino a la formación del pensamiento crítico y de la práctica de juzgar lo que ocurre, lo que pasa y lo que nos pasa.
Las facultades de Humanidades son esenciales para enseñar a nuestros ciudadanos a desarrollar la capacidad crítica, a tener criterios y herramientas para ponderar una situación y valorarla.
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