Deportes

Arbeloa culpa al árbitro tras la eliminación con el Bayern: “Es inexplicable la expulsión de Camavinga” | Fútbol | Deportes

“Asumiré las consecuencias de una derrota como esta”, pronunció Álvaro Arbeloa con cara de funeral en los intestinos del Allianz Arena. La eliminación en los cuartos de Champions y el cierre virtual de la temporada blanca con cero títulos abrió un horizonte de dudas en el Madrid, donde el técnico no quiso entrar. “Soy un hombre de la casa y entenderé todas las decisiones del club. Me preocupa muy poco mi futuro desde que me he sentado en esta silla”, añadió.

El único lamento del que quiso hablar en la medianoche de Múnich fue la decisión del árbitro de sacar la segunda amarilla a Camavinga. “Nadie entiende que se expulse a un jugador en un partido como este por eso. Es inexplicable e injusto. Se nos ha ido por una decisión que no puedes controlar. Me hubiese gustado que el Bayern nos ganara de otra forma”, se quejó. A su juicio, el colegiado no se dio cuenta de que acababa de amonestar al francés, que había salido hacía poco al campo, cuando le mostró la segunda tarjeta por retener el balón. “Es hasta peor, un doble error”, censuró muy amargado Arbeloa sobre una acción que supuso el principio del fin del Madrid. “Me voy muy dolido por la forma”, abundó el preparador después de una velada que amenazaba con ruina total y amagó durante muchos minutos con una remontada que en la previa se consideraba improbable.

“Estoy muy orgulloso de los jugadores. En la segunda parte había que aguantar y fue una pena no haber materializado las ocasiones”, valoró el técnico, que descartó de inicio a Camavinga para sustituir al sancionado Tchouaméni, y colocó en el eje a Valverde y Bellingham. Y un poco más adelante, Arda Güler, cuya noche simbolizó el viaje del Madrid: de palpar la gloria a terminar con una roja y preso de una frustración incontenible.

La Sudkurve del Allianz Arena se movía a primera hora como una placa tectónica. El cilindro de Múnich escupía sonidos guturales cuando el Madrid volvió a encontrar la alianza de un portero, de Neuer. De nuevo, un meta visitante al que se le pelan los cables ante los blancos, como al inolvidable Karius (Liverpool) en la final de la Champions de 2018, o un mes antes a Ulreich (también del Bayern) en las semifinales, o a Donnarumma (PSG) en 2022, o a Edouard Mendy (Chelsea) unas semanas más tarde… La cantidad de porteros que se han dislocado el pie frente a un jugador blanco no deja de sorprender. Esta vez, Neuer, el mejor de los suyos hace una semana en el Bernabéu, se fundió a negro, se la entregó como un cadete a Güler y este dio un pase a la red. Ocurrió a los 34 segundos, se trató del tanto más rápido que han concedido los bávaros en la Liga de Campeones y encendió al turco, que entró en ebullición.

No estaba clara su titularidad en un centro del campo recompuesto sin Tchouaméni, pero Arbeloa entendió que si iba a jugar a la contra, porque quizá no cabía otro plan por las características de la plantilla pese a la necesidad de remontar, necesitaría un lanzador para Vinicius y Mbappé.

Después de muchos meses de competición y oportunidades, Güler ha dejada dudas sobre su capacidad para manejar los encuentros desde la medular. A menudo, el ritmo le ha pasado por encima. Pero lo que siempre había dejado claro este joven, todavía con cara de niño, es que su zurda es una de las pocas acreditadas en la plantilla para filtrar pases y conectar con los atacantes; en especial, con Kylian.

Un curso para el diván de pensar

Y la siguiente vez que levantó la voz entre la muchedumbre del Allianz fue para anotar una falta deliciosa por encima de la barrera y clavarla por la esquinita. El joven lo celebró con un abrazo con el jefe Arbeloa. Sus dos tantos, regalo y maravilla, terminaron de elevar al Madrid y, más allá del desenlace, le sirven a él para alimentar su carrera como blanco.

Ese 1-2 descosió al Bayern durante un trecho, aturdido, desorientado y agujereado atrás. Solo el Madrid le había hecho en toda su historia de la Champions tres goles en un primer tiempo: en 2014 (la noche del 0-4) y este miércoles. Un logro que, al final, quedó por los suelos en dos parpadeos en el desenlace. El empate a tres de Luis Díaz ocurrió en las barbas de Güler.

El tanto que desplumó al Madrid sumió al turco en una frustración irrefrenable. Cuando el árbitro pitó el final, se marchó a por él para protestar por la doble amarilla a Camavinga. Tanto que vio la roja a punto de entrar en el túnel de vestuarios. El otomano, tan cerca y, al final, tan lejos de la gloria. Como un Madrid que, definitivamente, se sienta de aquí al término de curso en el diván de pensar.


Source link

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba