PSG y Liverpool afrontan la batalla del cambio de ciclo en Anfield | Fútbol | Deportes


Pase lo que pase, Anfield será testigo del fin de una era en la noche del martes. La hinchada más idiosincrática de Inglaterra acudirá al campo con la conciencia plena de celebrar una despedida y un sacrificio. Los futbolistas también. “Estoy listo para morir en el campo mañana y creo que hablo por todos los compañeros”, dijo Szoboszlai, sobre la actitud con la que intentarán remontar al Paris Saint-Germain el 2-0 de la ida de los cuartos de final de la Champions. “Todo es posible en un partido en Anfield”.
La idea del campo mágico se repite como una invocación ritual. Pero el Liverpool, el club con más solera europea de las Islas Británicas y el equipo de la Premier que más finales de Champions ha disputado en la última década, solo ha remontado dos o más goles en contra en dos de las 12 ocasiones que ha afrontado el reto. Se impone una hazaña en tiempo de crisis. De la plantilla que construyó Jürgen Klopp queda muy poco, y enfrente se eleva el PSG. Precisamente, el proyecto que ha dado con la fórmula que todos los clubes continentales persiguen para frenar en el terreno de juego la hegemonía comercial de la liga inglesa, un negocio imbatible por el volumen de facturación de sus derechos de imagen.
Desde que Luis Campos asumió la dirección deportiva, el PSG ha procurado regenerarse respecto al modelo que giraba en torno a los ídolos. Del Plan Neymar han pasado al Plan Ibérico. Con Luis Enrique, un entrenador que implanta el juego asociativo que ha hecho de España la mayor potencia del siglo, y con futbolistas que interpretan esa idea a la perfección comenzando por Vitinha, Neves y Fabián, y culminando por los dos laterales más determinantes del fútbol mundial, Mendes y Hakimi, dos colosos de las bandas para coronar una idea que no encuentra oposición. Desde hace más de un año el PSG es el equipo que mejor juega al fútbol en el mundo. Una sinfonía de solidaridad y creatividad que siempre reserva destellos singulares deslumbrantes gracias a Kvaratskhelia, Dembélé y Vitinha.
Cuestionado por su accidentada campaña en la liga después de ganar la Premier en 2025, Arne Slot, el entrenador del Liverpool, se encogió de hombros ante la fatalidad. “Primero recordemos el resultado de la ida”, dijo este lunes; “fue un 2-0. Segundo, recordemos que en un año y medio desde que llevo aquí, de 49 partidos en casa en 46 pudimos marcar dos goles o más. Sé que no jugamos los 49 partidos contra el PSG. ¡Lo entiendo! Pero existe la creencia de que podemos hacer algo grande siempre que completemos un partido perfecto…”.
El lozano holandés sonreía cuando lo interrumpió un memorioso: “Señor Slot, considere que tienen que hacer más de tres goles porque el PSG lleva 17 partidos marcando goles…”. Slot lo miró con ojos brillantes y reprobatorios: “¿Por qué, me amargas el día?”.
El Liverpool ya no es el equipo intimidante que dirigía Klopp. La pérdida de energía, de empuje, de convicción y de imaginación en el último tercio de campo es abismal. Slot se siente tan señalado por la pobreza del juego como sus futbolistas. Casi 500 millones de euros gastó el club el pasado verano en Isak, Wirtz, Ekitiké, Kerkez y Frimpong, y la mezcla ha ofrecido tan poco que hasta la aparición de Rio Ngumoha, a sus 17 años el goleador más joven en la historia de Anfield, entusiasma a los aficionados como si fuera un regalo de la providencia en el momento en el que Mo Salah, el último gigante de la era dorada, anuncia que rescindirá el contrato.
“Lo que hicimos cuando Jürgen [Klopp] se marchó hace dos años es intentar hacer una transición fichando jugadores jóvenes”, observó Slot. “Sabíamos que tarde o temprano el ciclo se acabaría. Lo financiamos en parte vendiendo 12 jugadores [Luis Díaz, Darwin Núñez y Trent Alexander-Arnold, entre otros]. Nunca trajimos a Wirtz para cerrar la brecha que nos separaba del PSG, como se ha dicho. Lo fichamos para ser exitosos a medio o largo plazo. Estoy seguro de que mañana será la primera gran oportunidad para Wirtz y los demás. Pero no los fichamos para jugar este partido”.
Slot: “Para ser ofensivos necesitamos recuperar la pelota”
Slot sabe que no bastará con tener grandes atacantes contra el PSG. Además, tendrán que ser capaces de robarle la pelota a Vitinha y Neves, y no hay una pareja más resistente a la presión en toda Europa. “Si miráis el partido de París”, dijo, “veréis que les presionamos alto en múltiples ocasiones. Desafortunadamente, en seis o siete de esos momentos ellos se quedaron uno contra uno contra nuestro portero. La mentalidad será la de arriesgarnos. Para robarles la pelota tienes que presionarles y ya sabemos lo difícil que es”.
“Tenemos que encontrar el equilibrio perfecto para ser ofensivos”, advirtió el técnico. “Pero para ser ofensivos necesitamos recuperar la pelota y para eso necesitas hacer muchas cosas bien antes de que nuestros atacantes puedan atacar. Por eso en la historia de este club hemos visto jugadores que son muy buenos en ataque, pero han sabido hacer el trabajo defensivo, porque solo puedes marcar si tienes la pelota. Los dos equipos buscaremos tener la pelota, pero la última vez que nos enfrentamos ellos la tuvieron el 67% del tiempo. Eso es lo primero que tendremos que cambiar”.
Slot, que en la ida dejó a Salah en el banquillo porque desconfiaba de su capacidad para defender, no deja de sonreír. Sabe que muchas cosas escapan a su control y lo asume con deportividad. Por si acaso, recuerda a los hinchas que no bastará con que animen. Deberán elevar los decibelios por encima de los niveles conocidos si quieren aturdir a un rival que el año pasado los eliminó imponiéndose por 0-1 en el mismo escenario. “Los jugadores del PSG ya saben a qué se enfrentan”, señaló Slot. “Y creen que podrán sobreponerse porque ya lo hicieron antes. Eso hace necesario que nuestros aficionados deban poner una marcha más y elevar el volumen”.
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