La Unión Europea envía al presidente del Consejo Europeo al Golfo Pérsico y propone una coalición naval para proteger el Estrecho de Ormuz


La diplomacia europea repite desde hace más de un mes que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán “no es nuestra guerra”, pero entiende que le corresponderá jugar un papel en el post-conflicto si de las negociaciones en Islamabad entre funcionarios estadounidenses e israelíes sale algún acuerdo de paz que detenga el enfrentamiento entre ellos y los ataques de Israel en Líbano.
Europa no va a enviar por ahora ninguna misión naval para ayudar a Estados Unidos a mantener abierto el Estrecho de Ormuz, que parece ser el principal y casi único objetivo estadounidense en una guerra que nunca tuvo un objetivo claro. Ese “no es nuestra guerra” se aplica así, pero eso cambiaría, cuentan fuentes diplomáticas europeas, si llegara ese acuerdo de paz.
Los europeos no pueden dar la espalda a un conflicto que les afecta económicamente. Sobre todo porque entienden que la Administración estadounidense es demasiado voluble en sus objetivos y decisiones. Un diplomático del bloque aseguró este martes a Clarín: “Si hay una misión naval europea no será en ningún caso por exigencia de Estados Unidos ni para ayudar a Estados Unidos, sino porque nos conviene a nosotros que la región recupere una cierta estabilidad”.
Los europeos empiezan a preparar diplomáticamente los siguientes movimientos. El presidente del Consejo Europeo, el ex primer ministro socialista portugués António Costa, que representa a los gobiernos del bloque, está este martes y miércoles en la región. Costa, que va sin anuncios y sólo para consultas, tiene citas en Emiratos Árabes Unidos, en Arabia Saudita y en Qatar.
La ‘canciller’ del bloque, la ex primera ministra liberal estonia Kaja Kallas, está esta semana en Nueva York, donde el lunes a la noche habló ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para anunciar la necesidad de formar, cuando haya un acuerdo de paz, “una fuerte coalición internacional sobre la seguridad marítima”.
Las fuentes consultadas en Bruselas explican que la idea, si se dan las condiciones (entre otras, que tanto Irán como Estados Unidos acepten esa misión) es que algunos países europeos, ayudados por otros como Australia, Reino Unido, Japón, Corea del Sur o China, formen un grupo naval de tamaño suficiente para garantizar la seguridad desde el Estrecho de Ormuz hasta el de Bab el Mandeb (en español significa “puerta de las lágrimas” o “puerta del dolor”), en la entrada del Índico al Mar Rojo y puerta del Canal de Suez.
Por parte europea participarían los países que se mostraran voluntarios, pero todas las fuentes señalan a Francia, Alemania, Italia, España y Países Bajos.
Los europeos están también intentando ayudar por vías diplomáticas. Varios gobiernos, como el alemán y el francés, hablan con Teherán. España incluso reabrió su embajada en la capital iraní y mantiene contactos diplomáticos entre cancilleres. Costa lleva al Golfo Pérsico un “mensaje de solidaridad de la Unión Europea con los países de la región del Golfo y el compromiso de la Unión de contribuir a la desescalada y apoyar los esfuerzos diplomáticos”.
La diplomacia europea cree que no hay solución militar y que Estados Unidos se metió en una trampa de la que ahora tiene una oportunidad de salir gracias a estas negociaciones. “Aunque todo lo que consiga (asegura un diplomático) sea volver a la situación anterior a la guerra y Donald Trump anuncie eso como una victoria”. En Bruselas nadie cree que al presidente estadounidense le interese volver a hacer rugir los cañones cuando se le ha dado ahora una posibilidad de salir de esa trampa.
Costa repite ese mensaje de forma pública y en lenguaje diplomático: “Una paz duradera solo puede alcanzarse a través de la negociación y la diplomacia, principalmente lideradas por aquellos que operan en la región”.
Kallas dijo al Consejo de Seguridad lo que puertas adentro repiten los dirigentes europeos, que el alto el fuego “está en un equilibrio precario, pero ofrece una oportunidad más necesaria que nunca para negociar”.
Kallas aprovechó la visita para proponer una reforma que desbloquee el funcionamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, inútil muchas veces porque las cinco potencias con asiento permanente (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) tienen derecho de veto. Kallas asegura que en caso de veto, las decisiones deberían pasar a la Asamblea General.
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