Provinciales

Torpezas y escándalos: la comunicación oficialista en su peor momento

Una de las cosas que siempre se ha alabado del Gobierno de Javier Milei es el manejo que tiene sobre la comunicación. Sin embargo esas habilidades parecen haber quedado atrás, porque en el poco tiempo que llevamos de este año, las estrategias comunicacionales que ha usado el Gobierno Nacional este año han quedado como fallidas o burdamente manipuladas.

A pesar de los descabellados intentos del Vocero Presidencial Manuel Adorni, que ha reducido significativamente su cantidad de conferencias diarias este año, y del equipo de comunicación oficialista, han ocurrido una serie de episodios que han expuesto la falta de coordinación y estrategia dentro del gobierno. Francamente, en lugar de evitar el escándalo, lo único que lograron es amplificar la percepción de improvisación y desorden.

La entrevista guionada de Jonatan Viale

El tema de las entrevistas siempre fue un tema espinoso para el oficialismo. Desde el conflicto de los “tosedores” hasta el infortunado discurso de los niños envaselinados, el Presidente suele no ser de los mejores parados post entrevistas. Pero el bochorno cúlmine fue la entrevista de Jonatan Viale con Milei en TN, que dejó en evidencia que el oficialismo no confía en la espontaneidad de su líder.

La idea detrás de la nota era que Milei “aclare” el asunto de la criptoestafa $LIBRA, en una entrevista “limpia” con un “periodista independiente”. Sin embargo, el crudo que mostró TN en un supuesto error, reveló que la entrevista fue interrumpida por Santiago Caputo, quien alertó al presidente sobre el peligro de hacer ciertas declaraciones porque lo pueden complicar en el juicio. Después, el asesor pidió que editen.

Viale se disculpó, corrigió su pregunta y la nota siguió como si nada. Este episodio no solo expuso la fragilidad del gobierno, sino que también golpeó la credibilidad de TN y de Viale, quienes quedaron en la mira por su rol en la operación mediática oficialista. Lo que se vendió como una entrevista “periodística” terminó siendo una puesta en escena donde las preguntas y respuestas estaban guionadas para evitar cualquier traspié del presidente.

El falso vivo de Majul

Si el caso de Viale ya era preocupante, la entrevista de Javier Milei con el periodista Luis Majul terminó de sepultar cualquier idea de transparencia que se quiso simular.  La entrevista se presentó como un “vivo”, pero rápidamente surgieron sospechas de que había sido grabada y editada. No había referencias horarias, no hubo pase entre programas y, mientras el programa supuestamente estaba en vivo, Milei en verdad estaba twitteando y retwitteando como es costumbre.

Las sospechas se multiplicaron cuando se detectaron inconsistencias en la imagen de Majul, como una barba que crece y decrece en cuestión de segundos y el cambio en la corbata. Lejos de dar una explicación clara, Majul arremetió contra los periodistas que lo cuestionaron, en especial contra Roberto Navarro, a quien desafió con una apuesta de dinero para “probar” que la entrevista fue en directo.

Por supuesto que su desesperación por sostener la versión oficial sólo alimentó más las dudas y dejó en evidencia que el gobierno y sus aliados mediáticos no son capaces siquiera de coordinar un simple montaje sin dejar rastros de manipulación.

La agresión de Santiago Caputo a Facundo Manes

La apertura de las Sesiones Ordinarias en el Congreso estaban tan cuidadas por el oficialismo que hasta se negaron a dejar entrar a la prensa, todo para cuidar la imagen del Presidente. Sin embargo, Santiago Caputo no pudo con su genio y agredió al Diputado radical Facundo Manes. Un video filtrado demostró que el ataque fue premeditado: Caputo esperó a que su guardaespaldas se retirara antes de confrontar y “pechear” a Manes, con el youtuber Fran Fijap como cómplice en la maniobra.

Este episodio tampoco quedó oculto tras el control mediático del oficialismo, sino que se viralizó gracias a las cámaras de la prensa independiente que documentaron el enfrentamiento. La difusión del video arruinó cualquier intento del gobierno de presentar la agresión como un simple intercambio de palabras y terminó desnudando el nerviosismo y la pérdida de control de Caputo dentro del círculo presidencial.

Manes, lejos de dejar pasar el episodio, decidió llevar el caso a la justicia con una denuncia por amenazas, lo que podría derivar en una condena de hasta 2 años de prisión para el asesor de Milei. La estrategia del gobierno de minimizar el hecho y desacreditar a Manes no hizo más que darle más visibilidad al escándalo, que expuso no solo la violencia dentro del oficialismo sino también la falta de un manejo político coherente.

¿Cómo respondieron?

El gobierno intentó blindar la apertura de sesiones legislativas limitando el acceso de la prensa y restringiendo la cobertura de la ceremonia. Sin embargo, el control no evitó que se filtrara la pelea entre Santiago Caputo y Facundo Manes, que se convirtió en la imagen del día.

El gobierno de Milei no cometió un error aislado al decidir aislar a los periodistas, sino que siguió una tendencia creciente de minimizar la presencia de medios que puedan generar preguntas incómodas. Desde su llegada al poder, el oficialismo ha tratado de concentrar la comunicación en voceros controlados y en entrevistas con periodistas aliados. No obstante, estos intentos de encubrimiento fueron contraproducentes, ya que los hechos se multiplican en las redes sociales.

Santiago Caputo increpando al Diputado Facundo Manes.

Un gobierno sin estrategia

Los episodios mencionados muestran un patrón claro dentro del gobierno de Milei: la intención de manipular la información y la incapacidad de hacerlo de manera efectiva. La falta de coordinación entre los diferentes actores del oficialismo ha llevado a que estos intentos de encubrimiento sean fácilmente detectables y terminen amplificando los escándalos en lugar de acallarlos.

Mientras Manuel Adorni intenta construir una narrativa que favorezca al gobierno, la realidad demuestra que los errores y las disputas internas se filtran constantemente, dejando en evidencia la fragilidad del aparato comunicacional libertario. El caso de Santiago Caputo es paradigmático: su intento de apretar a Manes terminó convertido en un escándalo judicial que expone las internas y la violencia dentro del oficialismo.

La falsa entrevista en vivo de Majul, el montaje de Viale y la censura en la apertura legislativa muestran que el gobierno no solo busca controlar la información, sino que lo hace de manera torpe y desprolija.

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