Damià Vidagany, de cronista del Llíria a cerebro del Aston Villa: “Muchos clubes usan a los entrenadores como escudo” | Fútbol | Deportes


El Aston Villa, que este domingo reanuda la Premier en el estadio del Nottingham Forest, aprovechó el parón para buscar unos días de sol y sosiego en un resort de Murcia. El equipo llega al campo de entrenamiento y todo el mundo saluda a Damià Vidagany (Llíria, Valencia; 51 años), vestido con la ropa del club y unas zapatillas, las Adidas Samba que calza medio planeta, con los colores corporativos: el granate y el azul celeste. El ejecutivo, uno de los numerosos españoles que hay en Villa Park desde que llegó Unai Emery al banquillo, es el CEO de fútbol del club de Birmingham. Damià responde a los saludos con bromas improvisadas mientras se protege de la luz con unas gafas de sol de Dolce & Gabbana. Aquel joven que estudió Periodismo en Valencia y que entró en la profesión haciendo las crónicas del equipo de baloncesto de su pueblo, Llíria, jamás imaginó que acabaría siendo el cerebro de uno de los mejores clubes del mundo.
“Yo fui un jugador de baloncesto frustrado”, comienza a contar Vidagany, ya en el Hotel Hilton La Torre, por donde circulan muchos extranjeros que han viajado para jugar al golf. “Muy pronto me di cuenta de que no iba a llegar a profesional y una forma de seguir vinculado al deporte era el periodismo. Lo primero que hice fueron crónicas de tres líneas del Llíria para el Marca”. Aquel periodista incipiente, con solo 19 años, pasó de Marca a Superdeporte, donde hizo su primer viaje como cronista para cubrir un Fuenlabrada-Pamesa Valencia. “Luego me pasaron a hacer fútbol. Yo no solía ir a Mestalla, pero con siete u ocho años, mi padre me llevó a ver al Valencia contra el Athletic de Javier Clemente. Mi padre, que tenía una pequeña empresa de construcción, no se podía permitir llevarme a todos los partidos”.
De la prensa escrita pasó a la radio autonómica. Allí, en Ràdio 9, entre 1997 y 2007, ya comenzó a hacer la información del Valencia que jugó dos finales de la Champions. Por el camino, dirigió una tertulia futbolera en horario nocturno, La Taula Esportiva, que fue un éxito. “Fueron unos años muy divertidos, pero en 2007, con 31 o 32 años, ya empezaba a tener una presión importante. Era un chaval que tenía que lidiar con Juan Soler, el presidente del club, que llamaba a las altas instancias para quejarse de lo que habíamos dicho por la noche. Estuvo un año en la cadena SER; hasta que surgió la oportunidad de entrar en el Valencia como director de comunicación. “En un club dirigido por Manolo Llorente, del que aprendí muchísimo. Aquello, para mí, fue como hacer un máster mientras me iba desenamorando del periodismo”.
Llorente le dio la oportunidad de alternar la comunicación con el marketing. “Muté hacia la gestión y en aquel Valencia, conocí a Unai Emery, otra persona fundamental en mi vida. Estuvimos cuatro años juntos (2008-2012). Él tenía 37 años y yo, unos pocos menos. Juntos, nos protegimos y nos ayudamos. La figura del entrenador creo que está injustamente tratada en España y para mí es la decisión más importante dentro de un club. Pero muchos clubes los usan como escudo. En Unai descubrí a un hombre noble, con mucha energía y una gran capacidad de trabajo. Nos hicimos uña y carne. Unai sufrió una cantinela que sonaba en Valencia, donde, a pesar de coincidir con el Barça de Guardiola y el Madrid de Mourinho, se repetía que era insuficiente acabar tercero. Cuando era ser tercero en una liga como la Premier de ahora, con un gran Atlético, el Málaga, el Sevilla… Aquello me pareció una gran injusticia y, lógicamente, el Barcelona y el Madrid se repartieron todos los títulos. Pero fue un gran Valencia con Villa, David Silva, Mata, Albelda, Baraja… Nada que ver con el Valencia de ahora”.
A partir de ahí, Damià Vidagany dejó la comunicación y se centró en la gestión hasta que se produjo la venta del club a Peter Lim. “Entonces el Valencia dejó de ser el Valencia. Yo estuve dos años y medio con la gente de Meriton y apenas tuve relación con Peter Lim, pero vi cómo se perdió la identidad”. Tras una discusión con los responsables, salió del club. Poco después siguieron sus pasos Mateu Alemany, el director deportivo, y Marcelino, el entrenador. “Cuando el Valencia va bien, no es fácil; cuando el Valencia va mal, te tritura. Si ha triturado a Rubén Baraja, la persona más inmaculada y gloriosa de la historia del Valencia… Yo salí muy dolido y no tenía intención de trabajar más en un club de fútbol”.
Hasta que Emery le llamó para decirle que quería contar con él en su salto del Villarreal al Aston Villa. “Yo no quería volver al fútbol, pero la Premier era como ir a la NBA. Han pasado cuatro años y ha superado todas las expectativas”.
Unai Emery y Damià Vidagany recogieron al Aston Villa decimoséptimo —octubre de 2022— y ahora mismo ocupa la cuarta posición, a un punto del Manchester United, tercero, después de devolverlo a la Champions 41 años después. El entrenador, con contrato hasta 2029, ha superado las 100 victorias, un hito que a lo largo de la historia solo ha estado al alcance de Ron Saunders y Joe Mercer.
Vidagany, casado y con dos hijos, ha encontrado en Inglaterra la felicidad personal y la realización profesional. El CEO de fútbol elogia al dueño del club, el egipcio Nasef Sawiris, que le entregó en Madrid una hoja en blanco a Emery para que construyera el nuevo Aston Villa, un equipo, entonces fuera del Big Six, que tiene en el príncipe Guillermo a uno de sus hinchas más fieles. “Ese día decidimos preservar el fútbol como el centro de todo y no intoxicarlo con otras situaciones, y eso implica proteger a tu entrenador. Unai y yo nos fijamos mucho en el modelo del City con Pep Guardiola porque es un modelo de éxito absoluto y lo intentamos replicar. Pero yo me siento un privilegiado por trabajar en la Premier, en el Aston Villa, y por vivir en una ciudad como Birmingham, donde nos tratan con mucho cariño y respeto”, apunta.
Cuando el fútbol concede un respiro, Damià coge a la familia y se plantan rápidamente en Llíria, donde no perdona la partida de dominó con sus amigos de toda la vida en el bar de La Unió Musical. O aprovecha para ir a ver al Valencia Basket. O al Valencia, su Valencia. Aunque se pone serio para decir que, mientras siga Peter Lim, jamás escuchará una oferta de Mestalla. “Nunca volveré a trabajar con él: sufrí como ejecutivo y como aficionado”. De rebote, gracias también al vínculo que tiene con los ejecutivos de los Milwaukee Bucks, ha podido ver varios partidos de la NBA desde la primera fila de la cancha del Fiserv Forum. ¿Quién se lo iba a decir a aquel chaval que hacía las crónicas del Llíria?
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