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Mbappé o la vieja y cansada teoría de que sin los mejores se juega mejor | Deportes


Uno de los particulares rasgos del Madrid, una de esas singularidades divertidas que suelen desembocar en drama (en la grada, en la prensa, en las redes, incluso en el resultado si se pone mucho empeño) es el momento en que se consensúa que el equipo juega mejor sin sus mejores jugadores. Basta una baja tonta, una acumulación de tarjetas, un descanso: si la figura no juega y el equipo gana, una nube oscura cubre la victoria, habitual necesidad de buscar debate. Pasó con todos, en mayor o menor medida. Se excusaba con el “juego coral”, se alegaba que la estrella (Zidane, Cristiano incluso) reclamaba mucho protagonismo y cuando no estaba, los demás se soltaban.

Esta vieja historia era lanzada por los medios (el periodismo es un noble oficio que se altera cuando se aburre) y apoyada, como es natural, por el antimadridismo. Como cuando se va alguien del Madrid: de repente es buenísimo, hasta un chaval estupendo que se portaba mal por la influencia del escudo. Es parte del fútbol y está bien, son dinámicas que dan juego para apoyarlas o meterse con ellas. El caso Mbappé (“Mbappé lastra al equipo”, “se juega peor”, “hace peores a los demás”), sin embargo, presenta una novedad no irónica: es buena parte del madridismo la que fomenta la idea de que el pichichi, el mejor delantero del planeta, no le viene bien al Madrid. A este Madrid en concreto, ojo, que debe andar sobrado de jugadorazos. “Es que le ganamos al City sin él”. Hombre, y el año pasado también, con un hat trick suyo. Y no por eso queremos vender a Valverde.

La especie esta vez no viene desde el cinismo de los adversarios, sino desde muchos aficionados blancos (y exjugadores como Bale, y tertulias animosas, y usuarios de redes que escrutan hasta si es buena persona Mbappé). Es curioso. No preocupa que un club grande que aspira ganar a todo no sepa, entre once jugadores y varios de ellos atacantes, encajar a Mbappé sino que Mbappé no encaje, como si fuese responsabilidad suya y su sola presencia marchitase todo. Como en Francia 2018 y Francia 2022, se supone. Que dos estrellas como Vinicius y él no se terminen de acoplar en un club que se ha distinguido siempre como un acumulador de estrellas y nombres propios, tan propios como Mbappé y Vinicius, jugando en lugares parecidos a los de Mbappé y Vinicius, no es fracaso de ellos: es fracaso de quien los tiene que hacer jugar. Los jugadores superclase donde más daño hacen a sus propios clubes es en el banquillo. No quiere decir que tengan que jugar siempre: quiere decir que pierden todos cuando no lo hacen.

El Madrid tiene un problema este año que va más allá de sus dos mejores jugadores. Los problemas de juego de los equipos generalmente no suelen ser culpa de sus jugadores más desequilibrantes: es raro que lo sean, es hasta cómico que tu máximo goleador impida a los demás jugar bien. A Vinicius se le ha reñido por protestar faltas clamorosas o por intentar encarar una y otra vez. A Mbappé directamente se le ha reñido por marcar muchos goles: “Los demás no marcan, la cosa no está repartida, el equipo así no funciona”. A nadie se le ha ocurrido la idea de que, si el francés no hubiese metido casi 40 goles, igual esos goles en lugar de redistribuirse simplemente no hubieran existido. Habría drama igual, pero sería uno más interesante.

Mbappé encadenó la temporada pasada partidos tan terribles que supuso un problema, incluso de primer orden. Bloqueado, fuera de punto, casi en ruina psicológica. No este año. Si las cosas no funcionan en el Madrid, incluso estructuralmente, mal estaríamos si hay que dirigir la ira hacia quien anda por fin cumpliendo su trabajo aquí y puede demostrarlo.


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