El Papa advirtió sobre la naturalización de la violencia mundial y llamó a la paz

El Papa León XIV pronunció su tradicional mensaje «Urbi et Orbi» desde el balcón central de la Basílica Vaticana en el marco de la celebración de Pascua, donde elevó una súplica dirigida a toda la humanidad para que cesen los conflictos armados y se transforme la conciencia colectiva.
En su intervención, imploró a Dios «que conceda su paz a un mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia», en una alocución que se inscribe en una continuidad discursiva centrada en la urgencia de detener la violencia global.
Desde la logia central, ante una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, el Pontífice formuló un llamado directo a los actores de poder internacional. «¡Que quienes empuñan las armas las depongan! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz! ¡No una paz forjada por la fuerza, sino por el diálogo! ¡No por el deseo de dominar a los demás, sino por el encuentro!», expresó, en una exhortación que apuntó tanto a líderes políticos como a sociedades enteras.
La intervención papal se desarrolló tras la celebración de la misa pascual en la misma plaza, que reunió a más de 50 mil fieles, mientras otros miles permanecieron en las inmediaciones. En ese contexto litúrgico y simbólico, el Papa anunció la realización de una vigilia de oración por la paz prevista para el próximo 11 en la basílica, como instancia concreta de participación espiritual abierta tanto a creyentes como a no creyentes.
El mensaje estuvo atravesado por una advertencia sobre las consecuencias de la indiferencia ante el sufrimiento humano. León XIV sostuvo que quienes promueven la guerra y el odio deberán responder por sus actos, retomando una línea de reflexión ya presente en el Vía Crucis del Viernes Santo.
El Pontífice insistió en la necesidad de una transformación profunda que trascienda acuerdos formales o decisiones políticas coyunturales. «La paz que Jesús nos da no es una que simplemente silencia las armas, ¡sino una que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros! ¡Convirtámonos a la paz de Cristo! ¡Hagamos oír el clamor de paz que brota del corazón!», afirmó, subrayando el carácter interior de la conversión que propuso.
INDIFERENCIA
Durante su mensaje, León XIV retomó conceptos vinculados a la «globalización de la indiferencia», una expresión reiterada por Francisco, a quien evocó explícitamente al recordar sus últimas palabras dirigidas al mundo desde el mismo balcón un año atrás.
Citando ese antecedente, señaló: «¡Cuánto deseo de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo!».
En esa línea, el Papa describió un proceso de habituación social frente al horror de la guerra, que consideró particularmente peligroso. «Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes a la muerte de miles de personas.
Indiferentes a las consecuencias de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes a las repercusiones económicas y sociales que producen, y que todos sufrimos», advirtió.
El contexto litúrgico de la Pascua fue utilizado por el Pontífice como marco interpretativo para su mensaje. En ese sentido, destacó que la celebración conmemora la victoria «de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la oscuridad, del amor sobre el odio», señalando que ese triunfo tiene implicancias directas para la realidad contemporánea y la forma en que las sociedades enfrentan la violencia.
León XIV desarrolló además una reflexión teológica sobre el modo en que Cristo venció el mal, destacando el carácter no violento de su acción. «La fuerza con la que Cristo resucitó es totalmente no violenta», afirmó, proponiendo un modelo de resolución de conflictos basado en la compasión, el perdón y la renuncia a la venganza como fundamentos de una paz duradera.
RESPONSABILIDAD HUMANA Y ESPERANZA
El Papa profundizó en la dimensión simbólica de la resurrección al compararla con procesos naturales y humanos de transformación, como el crecimiento de un grano de trigo o la capacidad de un corazón herido de renunciar a la venganza. Estas imágenes fueron utilizadas para ilustrar una concepción de la paz como construcción progresiva, basada en relaciones justas entre individuos, comunidades y naciones.
En su discurso, también subrayó que esta forma de paz no responde a intereses particulares ni a lógicas de imposición, sino al bien común.
Según indicó, implica una disposición a construir conjuntamente soluciones que respeten la dignidad de todos los actores involucrados, en contraposición a los esquemas de dominación y poder.
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