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La UCA advierte que la baja de la pobreza es «una ficción» que no se refleja en el bolsillo

El sociólogo Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, puso en duda la reciente baja de los índices de pobreza difundidos por el Indec y advirtió que se trata, en parte, de una «ficción metodológica» que no se traduce en una mejora real para los hogares.
En declaraciones a Splendid AM 990, el especialista explicó que si bien «la pobreza bajó efectivamente», ese descenso debe analizarse con cautela debido a distorsiones en los mecanismos de medición. «Hay cierta ficción en los datos o cierta levedad. Es muy difícil decir un sí rotundo», afirmó, al tiempo que aclaró que no se trata de una manipulación política del organismo estadístico, sino de limitaciones técnicas. «Hay un problema de medición y de realismo de esas mediciones», remarcó.
En ese sentido, Salvia subrayó que la percepción social dista de los números oficiales. «La gente no está sintiendo en el bolsillo que tiene más capacidad de consumo que hace un año. Por el contrario, bajan los consumos de lácteos, de yerba y cae el consumo general», describió.
Asimismo, señaló que el gasto en servicios básicos tiene hoy un peso mucho mayor en la economía doméstica. «La luz, el agua, el gas, el transporte y la comunicación ocupan una parte importante del ingreso, y el componente disponible para otros consumos baja significativamente», explicó.
Uno de los puntos centrales del análisis del titular del observatorio es la utilización de canastas de consumo desactualizadas. «Se están considerando parámetros de 2004 y 2005, con estructuras de consumo propias de ese momento», indicó.
Según precisó, hace dos décadas los hogares destinaban una mayor proporción de sus ingresos a alimentos, mientras que en la actualidad el peso de las tarifas es considerablemente más alto.
«Hoy la gente deja de ser pobre porque puede pagar servicios, pero no porque tenga mayor capacidad de consumo», sostuvo.
A esto se suma, según detalló, que el índice de precios utilizado para actualizar esas canastas también mantiene ponderaciones antiguas. «Se trabaja con un índice que no refleja los hábitos actuales de consumo, lo que termina generando resultados que parecen mejores de lo que realmente son», explicó.
En esa línea, Salvia señaló que una mejora en la medición de los ingresos de los hogares también incide en la baja de los indicadores. «Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, aparecen caídas de la pobreza que parecen extraordinarias», afirmó.
No obstante, reconoció que existe un componente genuino vinculado a la desaceleración de la inflación en alimentos. «La caída de la indigencia es más realista que la caída de la pobreza», puntualizó.
Respecto al nivel de vida, el sociólogo sostuvo que la situación actual es similar a la de los años posteriores a la pandemia. «Estamos como en 2021 o 2022, pero con un contexto inflacionario distinto», indicó. Incluso advirtió que los datos más recientes reflejan un leve deterioro. «El cuarto trimestre ya estaría cerca del 30% de pobreza», agregó.
Para el especialista, uno de los sectores más golpeados es la clase media baja. «Está achicando sus gastos corrientes y teniendo que pagar más tarifas, lo que impacta directamente en el consumo de productos básicos», explicó. Además, alertó sobre la reducción de la inversión en capital humano. «Se posterga la mejora de la vivienda, se recortan gastos en salud y educación, y la sensación es de mayor ajuste», describió.
Finalmente, Salvia vinculó la persistencia de la pobreza con la falta de empleo de calidad. «El empleo privado está estancado, el público cae y crece el trabajo informal y precario», señaló. En ese marco, consideró que la Argentina atraviesa un escenario de estancamiento social. «No hay una crisis alimentaria, pero tampoco una tendencia a mejorar. Estamos cristalizando niveles de pobreza estructural de entre el 25% y el 30%», concluyó.

Crisis en pymes: el impacto en el sector textil
En paralelo, la caída del consumo también golpea a las pequeñas y medianas empresas. Un caso testigo es el de una pyme de indumentaria que se encuentra entre cerrar sus puertas o reducir su estructura ante la fuerte retracción de las ventas, reflejando el difícil contexto que atraviesa el mercado interno.


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