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Javi Guerra: “He escuchado cosas que me han dolido” | Fútbol | Deportes

Javi Guerra (Gilet, Valencia; 22 años) ha vivido todas las emociones del fútbol en unas pocas temporadas. El centrocampista ya ha tenido tiempo para conocer la volatilidad de una afición como la del Valencia. Una hinchada que un día te encumbra y al siguiente te pisotea. Ahora está en alza y el espigado futbolista se agiganta con la ayuda de Guido y Ugrinic, el eje de este nuevo Valencia que deja atrás las miserias del descenso y se permite, incluso, ilusionarse con volver a Europa. Este domingo (16.15, Dazn) recibe al Celta. Guerra, que ya planea unas vacaciones en familia en Ibiza, habla con mucha cautela, con los brazos cruzados, a modo de escudo, pero acabará relajándose y estirando las piernas cuando la conversación deja el barro del fútbol para adentrarse en asuntos más mundanos, como la manera tan particular que tiene de dejar los zapatos en el vestuario o los paseos por el monte con Thor, el Rottweiler de la casa familiar del pueblo donde sigue viviendo con sus padres y su hermano, Antonio.

Pregunta. En su vida, a pesar de ser tan joven, se ha acostumbrado a vivir con una navaja contra la garganta. ¿Cómo lo lleva?

Respuesta. Se podría decir que estoy un poco más acostumbrado por cómo están siendo estos últimos años. Yo soy joven y lo único que puedo hacer en este tipo de situaciones es fortalecerme, madurar un poco antes de lo esperado y crecer como futbolista.

P. ¿La afición, al brillar tan pronto, tuvo mucha prisa con usted?

R. No soy el único jugador al que le ha pasado eso. Está claro que, cuando llegué, tuve buenas actuaciones, era muy joven y a lo mejor la gente se ilusionó o pensó que eso iba a ser siempre así. Al final, incluso los mejores jugadores creo que han pasado por momentos que han estado mejor o peor. Está claro que hay que apretar a los jugadores que sabes que pueden dar muy buen resultado, pero creo que deberían confiar en los jóvenes cuando van bien y cuando van mal.

P. Da la sensación de que cuando está con confianza se crece muchísimo y que cuando la pierde, se derrumba. Se le ha visto sufrir en el campo con los pitidos.

R. Nadie quiere jugar mal. Yo, lo que hago, me gusta hacerlo bien. Cuando las cosas no van bien, ya sea este año u otros años, pues lo sufro porque soy de aquí, encima soy canterano, que quieras que no lo vives más y lo sientes más, y lo paso peor.

P. ¿Cree que la gente es consciente del sufrimiento que se lleva de Mestalla?

R. Al final si va bien todo es bonito, pero cuando va mal, encima en un jugador que es importante, que puede ser una de las figuras del club, está claro que te llevas los palos. Te conviertes en una diana. Ya tienes bastante con que, ya sea individual o grupal, las cosas no estén saliendo bien y le des vueltas, que encima ves comentarios o escuchas cosas que me han dolido.

P. ¿Cómo vivieron en la plantilla que la afición le pitara e insultara a una institución como Gayá?

R. Al final, ya seas Gayá o yo, que creo que también me han llegado a pitar, ninguno queremos hacerlo mal, y menos Gayá que creo que lleva unos cuantos años en el club y unos cuantos partidos… Lo suyo sería que no hubiera ningún tipo de falta de respeto o insulto.

P. Guido, Ugrinic y usted han encajado a la primera en la medular.

R. El entrenador busca diferentes situaciones o alineaciones, y parece que ha encontrado ese ‘trivote’ que nos está funcionando. Yo creo que en la plantilla hay mucho nivel, sobre todo en el medio campo, y que te puedes entender con cualquiera. Yo me siento bien con Filip y con Guido.

P. ¿La remontada ante el Alavés (3-2), con dos goles en los últimos minutos, fue un punto de inflexión para el Valencia?

R. Sí. Hacen falta partidos como esos y ganarlos, de creer hasta el final, que aporten tanto los que empiezan como los que acaban.

P. Y su gol después de 321 días sin marcar…

R. Fue una alegría porque la temporada estaba siendo algo complicada y me vino bien el gol, fue un chute de energía para encarar la recta final de temporada.

P. La afición ha pasado de hablar del descenso a jugar en Europa…

R. El Valencia es un histórico de la Liga, que ha estado muchos años en Europa, y está claro que ahora no está en uno de sus mejores momentos como institución, pero bueno, sabemos que la afición, con que haya una posibilidad de entrar en Europa, se ilusiona. El equipo también. Pero no hay que volverse loco, no podemos ganar, sí o sí, todos los partidos. Solo podemos poner lo que está en nuestra mano: trabajo y ambición.

P. Uno de los rasgos más llamativos del Valencia es que, a pesar de la crisis institucional, cada partido van más de 40.000 personas a Mestalla.

R. Sabemos que el club es un grande en el fútbol, y la afición, con esos datos, también. Yo llevo ya unos años y te acostumbras, pero nunca viene mal recordar su apoyo y que tenemos que pelear por nosotros pero también por ellos.

P. Su carrera, poderosa y elegante, hace temblar los cimientos de Mestalla. ¿Siente que la gente se emociona al verle?

R. Yo estoy focalizado en el partido o en qué hacer con el balón, pero sí sé que es una de mis virtudes y que cuando arranco pues suelo sacar bastante ventaja. Si provoca eso en Mestalla, habrá que intentarlo más.

P. Usted de niño era un goleador, ¿no?

R. El primer año.

P. Cuando jugaba en el Puçol, con cinco años, tuvo un partido contra el Valencia bastante curioso.

R. No estaba federado y les metí cuatro goles. Me sacaban, marcaba y me devolvían al banquillo. En aquel equipo tenía uno o dos años menos que mis compañeros y mis rivales.

P. ¿Y cuándo cambió de posición?

R. Cuando me fui al Villarreal. Pero, bueno, de vez en cuando me acerco al área y no me va mal…

P. De hecho, Carlos Corberán le pide que pise más el área.

R. Sí, sí. Al final es otra virtud que puedo tener, llegar y sorprender desde la segunda línea y marcar algún gol.

P. Al principio compaginaba el fútbol con el tenis.

R. Hasta alevines. Ahí ya entrenábamos tres días a la semana y me lo tuve que dejar.

P. Pero su entrenador no se conformó y fue a su casa a decirle a sus padres que tenía un gran futuro en el tenis.

R. Sí (se ríe). Fernando, el entrenador, estaba empeñado en que tenía más futuro en el tenis que en el fútbol. Y, la verdad, hay días que pienso qué hubiese pasado de haber elegido el tenis.

P. ¿Le sigue gustando? ¿Disfruta con los éxitos de Carlos Alcaraz?

R. Sí. Ya no puedo jugar tanto, solo al pádel, pero me gusta verlo y me encanta la forma de jugar de Alcaraz, y antes la de Rafa Nadal.

P. Aquel entrenador de tenis lo tenía difícil: usted es hijo de futbolista (jugó en el filial del Valencia).

R. La decisión la tuvieron clara. Mi padre es la persona con la que suelo hablar de fútbol y me gusta que viva éxitos que él, por desgracia, no alcanzó. Me gusta que sienta lo que es convivir con un futbolista de Primera División.

P. ¿Qué recuerdos tiene con su abuelo Antonio cuando le llevaba a entrenar en Cercanías?

R. Esas son las cosas que nadie sabe. Muchos se piensan que has llegado al primer equipo y ya está. Pero mi abuelo no tenía carnet y cada día, cuando salía del colegio, cogíamos el tren para ir de Sagunto a Villarreal. Yo me cambiaba en los aseos del tren y me comía la merienda que me traía: era cocinero y hacía una tortilla de patata espectacular. Son cosas que me quedo para el recuerdo, que nadie sabe y que viene bien recordarlas para saber de dónde vienes. Ahora me gusta llevar a mi abuelo a restaurantes buenos para que disfrute de su cocina.

P. Es sorprendente que uno de los jugadores que más cobra del Valencia viva en su pueblo, en Gilet, con sus padres y su hermano.

R. La gente relaciona el fútbol con el dinero y una vida de lujo. Pero yo vivo a 20 o 25 minutos de la ciudad deportiva y me gusta estar con mi familia y compartirlo todo con ellos. Nunca sabes hasta cuándo eso será posible. Aunque me estoy haciendo una casa nueva en el pueblo, que era una ilusión de mi madre.

P. ¿Sigue yendo antes de los partidos a que su madre, que es peluquera, le deje guapo?

R. De vez en cuando. No me gusta mucho cortarme el pelo y ella se mete conmigo. O discutimos porque a ella le gusta de una manera y a mí de otra. Pero voy porque me hace retoques que me dan suerte.

P. ¿Cómo?

R. Sí, sí, me lo corta y luego me va bien. Se ha convertido en una manía.

P. Y tiene unas cuantas, ¿no?

R. Sí, soy un poco maniático. Me gusta dejar los zapatos de una forma concreta. El derecho un poco más recto y el izquierdo, un poco más en horizontal. También en la forma de dejar las botellas, me pongo primero la bota derecha y después la izquierda… No sé, esas cosas.

P. Y no soporta que toquen nada de su habitación.

R. Es que yo soy muy organizado y mi hermano, todo lo contrario. No me gusta que entre mi madre o mi abuela y abran el armario.

P. Dicen que le gustaba mucho Toni Kroos.

R. Es uno de mis referentes y creo que podemos tener alguna similitud. Pero mi favorito es Sergio Busquets. Lo que hacía Busquets no hay nadie que lo haga.

P. ¿Confía en volver a la selección?

R. Sí. Ahora, con el grupo que viene de ganar la Eurocopa y que aspira a ganar el Mundial, es más complicado, pero soy joven y aún me queda tiempo para crecer como futbolista.


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