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Sylvain Francisco eleva al Zalgiris y desmonta al Barcelona en la Euroliga | Baloncesto | Deportes


Aunque supo competir durante tres cuartos, el Barça palideció con un arrebato de Sylvain Francisco, el único suyo en el partido, 14 puntos que descosieron al equipo azulgrana, sumido en una montaña rusa desde que comenzara el curso, conjunto sin grises, todo o nada. Comenzó con una concatenación de tropiezos que dio con el despido del técnico Peñarroya ‑ahora en el Partizán‑ para que Xavi Pascual volviera a casa. Y su llegada, exigente y detallista como es en lo deportivo, dio nuevos bríos a un equipo que pronto despuntó en Europa y recobró el color en la ACB. Pero las lesiones y la falta de capital para acometer fichajes dejaron al Barça sin aliento, apeado en semifinales de Copa y en el precipicio de la Euroliga, fuera incluso del play-in tras cuatro derrotas consecutivas. Parecía que, alicaídos como estaban los azulgranas, lo que restaba de competición sería un tormento. Pero, conjunto con callo para las penalidades, ha sido capaz de ofrecer, ante mayores retos, mejor respuesta. Porque el Barça recuperó el pulso en la Liga -viene de vencer al Unicaja- y en el continente sumaba tres triunfos de carrerilla, el último ante un rival directo como el Estrella Roja, que le arrimaban a los playoffs. Del lodo a la miel. Y entonces apareció Francisco.

Cantar el himno del Zalgiris a capela en el pabellón es una tradición que emociona, seguido de los brincos acompasados de todos que hacen temblar las gradas, símbolos de un club que, como el apasionado país, entiende el baloncesto como religión. Y vencer al Barcelona era una exigencia para acercarse a los playoffs. No fallaron.

Se subió el telón al envite y Clyburn, desde un lateral, firmó un triple que abrió la batalla por reinar desde el perímetro, lanzamientos de lado a lado con Williams-Goss como protagonista porque también encontraba con facilidad los pasillos a la canasta. Pero había más, como esa lucha picante que se dio entre pívots, pues Vesely se midió con su probablemente compañero en el curso que viene, Moses Whright, ahora que ya ha notificado que no seguirá en el Zalgiris. Y entre un baloncesto enérgico, de idas y venidas, de correr sin cesar, el prólogo terminó de lo más apretado (22-21), ritmo y espectáculo. Pretendió entonces el Zalgiris negar los carriles para correr, faltas para evitar tanto trasiego. Y aunque pareció funcionarle con puntos muy repartidos en una extraña noche en la que Sylvain Francisco no se encontraba -pero sí lo hacía al resto, con seis asistencias al descanso-, Willy Hernangómez mostró una versión poderosa en el aro rival. Eso, salpimentado por la electricidad de Brizuela y la muñeca de Punter, además del ejercicio colectivo en defensa, reactivó al Barça, al punto de que con un triple sobre la bocina de Punter se marchó al entreacto en ventaja (39-40).

Regresó el Zalgiris con la misma apuesta, con las penetraciones de Williams-Goss y con Whright gobernando de forma categórica en la pintura y explicando por qué es objeto de deseo para el Barcelona, feroz competidor que se agiganta en los aros, rebotes (11 en el partido) y puntos (18). Y eso que Vesely protestaba como sabe, con tiros desde media distancia tras alejar al pívot rival del aro, canasta tras canasta para mantener al Barça en el envite, 59-56 para decidirse todo en el último capítulo. Uno que empezó con un triple de Juani Marcos y que siguió con un Zalgiris en erupción, toda vez que redobló la apuesta, tres dianas consecutivas: Williams-Goss, Brazdeikis y, al fin, Francisco, metralleta que por un día parecía estropeada. Solo lo parecía. Porque un jugador grande no puede estar siempre, pero sí cundo toca. Dos triples y dos tiros libres, ocho puntos para despegarse del Barcelona (61-73). Otros dos chofs desde su casa y demasiado para este Barça que, con Panathinaikos, Mónaco y Bayern en el horizonte, no se baja de la montaña rusa. Vienen curvas, que vuelven a poner la resistencia del Barcelona, ahora fuera del playoff.


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