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La autopista al infierno de Tiger Woods, entre el mito y el hombre | Deportes

Una leyenda del deporte, un hombre atormentado. La historia de Tiger Woods puede contarse tanto a través de sus gestas en un campo de golf como por su secuencia de percances al volante. Está el mito, el ganador de 15 grandes, el atleta que revolucionó su disciplina como nadie jamás en el universo deportivo. Está la persona, golpeada una y otra vez por sus demonios. El último episodio, un accidente de tráfico este viernes que acabó en su arresto y encarcelamiento, vuelve a situar a Woods en el ojo del huracán y del debate sobre su comportamiento y su vida cuando ha cumplido ya los 50 años y aún piensa en regresar a la élite. ¿Hasta qué punto Tiger destruirá a Tiger?

Sucedió a las dos del mediodía en Jupiter Island, en Florida, cerca de su casa. Tiger perdió el control de su Range Rover a una velocidad excesiva, chocó con una furgoneta con remolque a la que pretendía adelantar y volcó por la parte del conductor. Salió del vehículo por la ventanilla del copiloto y esperó a los agentes mientras llamaba por teléfono. Dio negativo en el control de alcoholemia pero se negó a pasar un examen de orina. La policía detectó que conducía “bajo los efectos de alguna sustancia” y “mostraba signos de deterioro”. Fue trasladado a la cárcel del condado de Martin, donde permaneció ocho horas, el mínimo legal, antes de ser puesto en libertad bajo los flashes de los fotógrafos. “No importa quién seas. Si infringes la ley, la haremos cumplir”, afirmó el sheriff; “pagará las consecuencias”.

Otra vez la imagen que da la vuelta al mundo es la foto de su ficha policial y no la del gran jugador que fue. Es la cuarta ocasión en la que un percance de tráfico tambalea su mundo. La primera, en 2009, hizo caer un imperio. Tiger sufrió un accidente cerca de su domicilio después de que su mujer, Elin Nordegren, descubriera sus infidelidades y rompiera un cristal del coche con un palo de golf. Se desató el gran escándalo personal que arruinó su imagen de ídolo. Tiger se retiró un tiempo y pidió perdón por su adicción al sexo en un acto público con su madre, Kultida, en primera fila. El descenso a los infiernos.

En 2017 fue arrestado por conducir de madrugada bajo los efectos de los medicamentos que tomaba en grandes cantidades contra el dolor por sus problemas físicos. La cámara policial retrató a un hombre con los párpados caídos y el rostro hinchado y un vídeo de los agentes le mostró descalzo y desorientado, sin apenas poder caminar en línea recta.

En 2021 casi pierde la vida. Conducía en una zona residencial al doble de la velocidad permitida, siguió recto cuando la calle giraba a la derecha y se estrelló contra un árbol tras varias vueltas de campana. Fue rescatado entre un amasijo de hierros y su pierna derecha quedó destrozada. El periodista y escritor Alan Shipnuck relató en un libro: “Dos días antes, Woods había aparecido en la CBS causando conmoción con su mirada perdida, su rostro hinchado y su habla arrastrada, señales particularmente preocupantes dado su tratamiento previo por adicción a los analgésicos. ¿El detalle más preocupante? La caja negra del coche reveló que Woods había mantenido el acelerador pisado durante todo el accidente y que la presión aplicada al pedal se había mantenido al 99%. Esto no podría haber ocurrido si se hubiera quedado dormido al volante o se hubiera distraído momentáneamente con su teléfono”. Y ahora, otro volantazo de Tiger Woods.

El escándalo de las infidelidades cambió su vida. Una obsesión enfermiza por machacarse físicamente con entrenamientos al límite (incluso con los Navy Seals) dinamitó su carrera, le alejó del récord de 18 grandes de Jack Nicklaus y creó en él una dependencia de los analgésicos que hoy arrastra en su intento casi fuera de toda lógica de seguir compitiendo en la élite.

Las lesiones han tumbado al gigante. El pasado octubre fue operado por séptima vez de la espalda y acumula otro puñado de intervenciones de rodilla. A los 50 años, le cuesta caminar. De ahí que su intención de jugar el próximo Masters de Augusta, del 9 al 12 de abril, sea casi un imposible, apenas el deseo terco de quien se resiste a dejar de ser quien fue. Tiger sigue buscando al mito, pero la persona parece gritar ayuda. “Lo siento mucho por él. Es un amigo muy cercano, una persona increíble. Está pasando por un momento difícil”, dijo el presidente estadounidense, Donald Trump, tras este último accidente. A ambos les une además una relación personal porque la pareja actual de Tiger es Vanessa Trump, exmujer del hijo mayor del mandatario.

Tiger no juega una ronda oficial de golf desde el Open Británico de 2024. Este pasado martes participó en una Liga virtual, apenas nueve golpes, y aseguró: “Quiero jugar el Masters. Lo he estado intentando, pero este cuerpo no se recupera como cuando tenía 24 o 25 años”. Fue un hilo de esperanza antes de volver a salirse de la carretera. Si como deportista Tiger Woods ha conducido hasta el olimpo, como persona acelera en una autopista al infierno.


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