Provinciales

Rohrmann advirtió sobre la incapacidad del sistema pluvial ante lluvias intensas

En el marco de las intensas precipitaciones registradas en las últimas horas en el área metropolitana del Gran Resistencia, el ingeniero en recursos hídricos y ex vocal de la Administración Provincial del Agua (APA), Hugo Rohrmann, brindó un análisis detallado sobre las causas de los anegamientos urbanos, el comportamiento del clima en la región y las perspectivas para los próximos meses.
En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, el especialista explicó que los problemas registrados no responden únicamente al volumen de agua caída, sino principalmente a la intensidad de las lluvias y a las características estructurales de la ciudad.
«En general, cualquier tormenta con precipitación muy intensa genera problemas sobre las áreas urbanas, y el Gran Resistencia no escapa a ello», sostuvo.
Rohrmann precisó que durante el evento climático reciente se registraron valores de precipitación que oscilaron entre los 110 y 130 milímetros, cifras que, si bien son significativas, no resultan extraordinarias para la región.
Sin embargo, el punto central, remarcó, radica en la velocidad con la que cae el agua. «No es tan importante el volumen de agua caída, sino la intensidad, con qué velocidad llueve. Ese es el verdadero problema», explicó.
Según detalló, el sistema urbano no está preparado para absorber grandes cantidades de agua en cortos períodos de tiempo, especialmente en ciudades con características geográficas como Resistencia.

Una ciudad llana
Uno de los aspectos estructurales más relevantes que inciden en los anegamientos es la topografía. «Estamos en una ciudad completamente llana, y eso condiciona totalmente el funcionamiento del sistema de desagües», afirmó.
El especialista describió el proceso que ocurre durante una lluvia intensa: el agua tarda entre 15 y 20 minutos en salir de los inmuebles hacia la vía pública. Una vez en la calle, la falta de pendiente impide un escurrimiento rápido.
«Como la calle no tiene pendiente, el agua no sabe exactamente para dónde ir hasta que alcanza la altura del cordón, unos 15 centímetros. Recién ahí comienza a desplazarse hacia las esquinas», detalló.
Este retraso en el drenaje provoca acumulaciones temporales que, en contextos de lluvias persistentes, derivan en inundaciones urbanas.

El impacto del crecimiento urbano
Otro de los factores determinantes es la expansión constante de la ciudad, que modifica el comportamiento hidrológico del suelo.
«Todos los días hay un techo nuevo, un pavimento nuevo, y eso genera mayor cantidad de agua en la calle», señaló Rohrmann.
La reducción de espacios verdes disminuye la capacidad de infiltración natural del suelo, lo que incrementa el volumen de agua que debe ser evacuado por el sistema pluvial.
«Van desapareciendo los espacios donde el agua puede infiltrarse. Entonces, con la misma lluvia, hoy hay más agua en la calle que antes», advirtió.

Un sistema
de desagües insuficiente
El diagnóstico del especialista también incluyó críticas al desarrollo de la infraestructura hídrica.
«El sistema público de desagües pluviales está casi parado. No se observan nuevos conductos ni canales, son los mismos de siempre», indicó.
En este sentido, mencionó que incluso los principales canales de escurrimiento muestran signos de saturación.
«El canal Soberanía Nacional, por ejemplo, comienza a evidenciar su incapacidad para evacuar el agua de su cuenca», explicó.
La combinación de lluvias intensas, crecimiento urbano y falta de inversión en infraestructura genera un escenario propicio para los anegamientos.

Un fenómeno regional
Rohrmann aclaró que esta problemática no es exclusiva de Resistencia, sino que se replica en otras ciudades de características similares. «Esto es común en Corrientes, Santa Fe, Formosa, incluso en ciudades de Brasil. Donde hay lluvias intensas y urbanización, aparecen estos problemas», sostuvo.

El «tironeo» entre el calor y el frío
En cuanto al comportamiento climático, el ingeniero explicó que la región atraviesa una etapa de transición típica entre el verano y el otoño. «A partir de marzo y abril se produce lo que yo llamo un tironeo entre el calor y el frío», describió.
Durante este período, el ingreso de frentes fríos desde el sur interactúa con las altas temperaturas aún presentes en el norte del país.
«Esos frentes fríos generan descensos de temperatura y precipitaciones, pero no son definitivos. Luego vuelve el calor con humedad», explicó. Este fenómeno explica las bruscas variaciones térmicas registradas en los últimos días.

Las mayores lluvias del año
El especialista destacó que, estadísticamente, en marzo y abril concentran importantes volúmenes de precipitación. «Si uno analiza la estadística, observa que en esta época se producen, en líneas generales, las mayores lluvias del año», indicó.
Esto se debe justamente a la interacción entre masas de aire cálido y frío.

La relación
entre lluvias
y temperatura
El ingeniero también remarcó una relación directa entre ambas variables. «Si un mes es muy lluvioso, hay muchos días nublados y la temperatura promedio tiende a ser menor. En cambio, si es seco, domina el sol y las temperaturas suben», explicó.

Conciencia ciudadana y responsabilidad colectiva
Finalmente, Rohrmann hizo hincapié en la necesidad de un compromiso conjunto entre la ciudadanía y el Estado. «Tenemos que ser ciudadanos conscientes e informados», afirmó.
En este sentido, señaló que cada vecino puede contribuir desde su hogar. «El Código de Planeamiento Urbano establece un límite de impermeabilidad del 70%, pero en muchas zonas no se cumple», indicó.


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