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Moha Attaoui se cuelga el bronce en los 800 metros del Mundial de Atletismo | Deportes


En la cámara de llamadas, sudor nervios, técnicas de concentración inútiles, mindfulness para necios, vómitos, Moha Attaoui espera la llamada para sus 800m, la final a la que llega más fuerte que nunca, mirando los 1.500m en la pantalla. Ve ganar a Mariano García y emociona. La dinámica de éxito es eso. Todo es posible. “Vi su masterclass, madre mía, y me he venido muy arriba y he dicho, joder, que barbaridad, tengo que hacer algo así. Pero yo no soy capaz de hacer eso que hace Mariano, correr en cabeza, yo corro desde atrás. Tenemos maneras distintas”, dice el atleta cántabro de cambio atómico, sudor aún en su cara fresca, tan joven, y también ocultamente decepcionada, minutos después de ganar su primera medalla internacional, un bronce, después de rozarla en Mundiales al aire libre y Juegos en la distancia, junto al 1.500m, de los dioses del estadio, de Peter Snell, Herb Elliott, Steve Ovett, Sebastian Coe. “Quería algo más que un bronce. He intentado ganar, pero, bueno, he dicho que no me iba a ir disgustado si ganaba otra medalla”.

El atleta que desafió, y pereció, ante el espléndido keniano Emmanuel Wanyonyi en París y en Tokio no temía la llegada del fenómeno infantil estadounidense Cooper Lutkenhaus, ni la experiencia en la pista corta del belga Eliot Crestan. Los dos le derrotaron en una final en la que su dinamita, tan destructora en los últimos 300m, no encontró espacio para expresarse. Se impuso Lutkenhaus (un tiempo excelente de 1m 44,24s), y se convierte, a los 17 años y 93 días, en el atleta más joven que nunca ha subido a un podio en un Mundial en pista cubierta, cuatro días más joven que el Javier Sotomayor que tan juvenil ya saltaba 2,30m, y solo pudo ser segundo. Era 1985. Crestan marcó 1m 44,38s, y Attaoui, de 24 años aún, 1m 44,66s, y culpó al australiano Peter Bol –“un guarro, me dieron ganas de empujarle a la calle cuatro de una patada cuando intenté pasarle por dentro en la curva de los 200m últimos. Iba por la calle dos y cerraba la primera, y no sabía yo por dónde meterme” –, que le obligó a hacer una maniobra con el brazo para adelantarle, y perdió unas décimas clave, unos metros, justo en el momento en el que Crestan y Lutkenhaus cambiaban para meter la directa hasta meta”.


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