El traspaso de Roberto Ríos del Betis al Athletic: “Lopera me dijo: ‘Tienes que irte, te he vendido” | Fútbol | Deportes

Hay frases que no se diluyen con los años. Roberto Ríos (Bilbao, 54 años) recuerda una sin elevar la voz, casi con la serenidad de quien ha terminado de comprender el contexto más que el gesto: “Ponte de acuerdo con el Athletic, que te he vendido”. No hubo negociación posible. Ni margen. Ni transición. Solo una decisión tomada en un despacho que cambió el rumbo de su carrera y simbolizó una época del fútbol español. Aquella operación —2.000 millones de pesetas, unos 12 millones de euros— convirtió su traspaso del Betis al Athletic en el más caro del momento. Pero, sobre todo, dejó al descubierto un modelo: el jugador como pieza, no como sujeto.
Ríos tenía contrato largo en Sevilla, ocho años por delante en el club donde se había formado. “No me quedó otra que marcharme”, resume ahora. Meses antes, el propio Lopera lo había sondeado sobre posibles destinos. “Le dije que, si tenía intención de venderme, mi primera opción era el Athletic”. A partir de ahí, el proceso dejó de pertenecerle. “Aceptó y negoció por su cuenta”. Así funcionaba entonces. Así se ejecutó.
Aquella salida coincidió con un punto de inflexión estructural en el fútbol español. El dinero empezaba a multiplicarse. Las televisiones irrumpían con fuerza y alteraban las escalas conocidas. “Fue cuando empezó el boom. El Athletic ya había hecho un desembolso importante por Joseba Etxeberria el año anterior procedente de la Real Sociedad. Todo empezó a crecer”, explica.
El destino, además, tenía carga simbólica. Bilbao no era una plaza cualquiera para él. “Era una responsabilidad, pero también era casa”. Llegó a un vestuario reforzado en bloque con futbolistas de la talla de Rafa Alkorta, Mikel Lasa o Patxi Ferreira, en una apuesta poco habitual: “Que vayan seis o siete jugadores en un verano es muy difícil, pero aquel año se dio”. Coincidía, además, con el centenario del club. Había proyecto y había contexto. Y encontró respaldo. “El club me ayudó en todo. Los compañeros también. No hubo diferencias”, recuerda.
Años después, el fútbol ha mutado tanto que aquella escena parece lejana. También sus protagonistas. “Ese perfil de presidente ya no existe”, dice sobre Manuel Ruiz de Lopera. No elude la ambivalencia. “Hizo cosas malas, pero también buenas. El Betis era su vida. Tenía su forma de entenderlo todo”. Un modelo personalista, intenso, irrepetible. “No era el único. En aquella época había varios así”, rememora. Hoy, la industria se mueve en otros códigos, más corporativos, más regulados, más distantes del impulso individual. Desde esa distancia, Ríos revisa su pasado sin ajuste de cuentas. Hay más análisis que reproche. Más contexto que herida. Aunque la frase sigue ahí, como síntesis. Como frontera entre dos formas de entender el fútbol.
Su presente está en Huelva, lejos de los focos de entonces, pero no de la exigencia. Es director deportivo del Recreativo, un club que carga con su historia y con sus cicatrices recientes y que milita en el grupo cuatro de Segunda Federación, la cuarta categoría. “Entré con la nueva propiedad este verano. La idea es clara: llevar al Recre al fútbol profesional”. El objetivo es inmediato, pero no sencillo. “Se trata de un proceso. Hay que hacerlo con precaución, sin volverse loco. El presupuesto es sostenible y el plan es ir escalando categorías”, explica.

Mientras tanto, la realidad aprieta. “Los últimos partidos no han salido como esperábamos. Está todo muy igualado”. La categoría no permite margen, pero sí esperanza. “Seguimos con la idea de pelear el ascenso directo”. En ese tránsito, hay un factor diferencial: la gente. “Aquí hay 13.500 abonados. Presión siempre hay, pero es lo que nos gusta. Si el Recre sigue vivo es gracias a su afición. Ha pasado años muy difíciles y ha sido la gente la que lo ha mantenido”.
El calendario, caprichoso, le devuelve este fin de semana a su propia biografía. Athletic y Betis frente a frente en San Mamés (18.30; Dazn) este domingo. “Son los dos equipos de mi vida”, resume. En Sevilla se formó como futbolista y como persona mientras en Bilbao consolidó su carrera. “En el Betis me crie”, admite. “Está siendo una temporada irregular para ambos. Las competiciones europeas pasan factura”, analiza. Eso sí, entiende que “lo que está haciendo el Betis estos años es excepcional. No es habitual encadenar tantas temporadas en Europa”. Señala directamente al responsable. “El trabajo de Pellegrini es extraordinario”.
“Con el Betis se sufre”, dice. No como queja, sino como identidad, como forma de estar. “Con el tiempo, se valorará más lo que se está consiguiendo”, añade. Hay ahí una reivindicación del proceso frente al resultado inmediato, una lectura que conecta también con su trabajo actual en el Recreativo. El contraste con otras épocas es evidente. “Antes había grandes equipos, pero no se conseguía mantener esa base. Ahora sí”. Enumera sin nostalgia excesiva, pero con memoria: Finidi, Jarni, Alfonso… Equipos que apuntaban alto y se disolvían antes de consolidarse. Hoy, en cambio, el club busca un crecimiento continuo.
Ríos siempre se ha movido en un registro contenido, una manera de entender el oficio que no le aísla del contexto. Como el de Sevilla, por ejemplo, donde la rivalidad nunca desaparece. “Tengo muchos amigos del Sevilla. Nos picamos. Hemos tenido que aguantar cuando ellos estaban mejor. Ahora toca al revés”. Los ciclos en el fútbol se reparten. En su recorrido hay vestuarios, nombres y aprendizajes. Recuerda a Rafa Gordillo en su llegada al primer equipo como una referencia inmediata. A compañeros en Bilbao que le facilitaron la adaptación. A una base de cantera en el Betis que sostenía el proyecto. “He tenido suerte con todos”, resume. Pero el fútbol, como los relatos, necesita un punto de anclaje. Y en la historia de Roberto Ríos sigue siendo aquella frase: “Te he vendido”.
Source link



