El Real Madrid le da un baño al Barça en el Palau: 76-95 | Baloncesto | Deportes


No hubo color ni apenas partido. El Madrid le dio un baño al Barça en el Palau y el conjunto azulgrana no salió del clásico más golpeado porque su rival no quiso y reservó fuerzas cuando la cita ya estaba decidida. El partido dejó bien clara la gran diferencia actual entre ambos. El Madrid sigue apilando las piedras de un sólido edificio. El Barça tiene que tirar otra vez la pared y volver a construir.
El gigante Tavares palmeó el primer balón para celebrar su 34 cumpleaños. Respondió su pareja de baile, Vesely, con un amago exterior y un acelerón para machacar el aro blanco. Con ese tiro de media distancia del checo progresó el conjunto azulgrana para disimular la mala puntería desde el triple. Más vertical el Madrid, sobre todo cuando Hezonja, el hombre para todo, rebotea y se cocina él solo la jugada. Bonito duelo el del croata con el estadounidense Clyburn por toda la cancha. Campazzo encontró a su socio Tavares y las segundas unidades, más mermada la barcelonista, prolongaron un primer cuarto igualado y todavía bajo un ritmo contenido y de puntaje corto (18-15).
Más táctico que agitado, el clásico necesitaba una chispa que prendiera algún incendio. Tampoco había noticias de Punter, bien esposado, y Satoransky debía hacer horas extra ante la baja de Laprovittola. Cuando apretó las tuercas y enlazó un par de carreras, el Madrid firmó un 0-10 para abrir la primera herida. Le costaba al Barça masticar cada ataque, otra vez enfrentado a un muro desde el perímetro, y fluía más el juego del Madrid, cómodo para producir puntos frente a una defensa demasiado blanda. Dos bingos lejanos de Hezonja agrandaron la diferencia ante un Barça apenas sostenido por la rebeldía de Veseley. El ritmo anotador del conjunto blanco era altísimo para un grupo azulgrana agotado de piernas y cabeza (33-51).
Apareció Willy, toda la primera parte en el banquillo, pero la película pintaba igual. El Madrid se sentía tan superior que Campazzo pidió calma ante algunos ataques precipitados. Entre el base, Hezonja y Tavares, el trío mágico, el conjunto de Scariolo dominaba la escena sin muchos sudores porque el Barça continuaba con una marcha menos. La muñeca del Madrid desde la línea de tres puntos era la puntilla para los azulgranas, que fallaban incluso las canastas más sencillas (53-71).
Tan pelado está el Barça que Pascual dio pista al joven alero serbio Nikola Kusturica, un niño de 16 años entre hombres. Se desesperaba el técnico porque lo que producía su equipo ante el aro contrario lo concedía atrás. Scariolo pudo gestionar esfuerzos y el Barça se libró de sufrir su mayor derrota liguera en el Palau ante el Madrid, los 23 puntos de diferencia encajados en 1968. A ese futuro que pueden escribir chicos como Kusturica puede mirar ya el Barcelona. El Madrid dejó en evidencia que el presente dibuja una gran distancia entre ambos.
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