«Si no leemos autores locales, no entendemos lo que nos está sucediendo»

Periodista, escritor y editor, Lucas Britos Sánchez, lleva más de 20 años militando la literatura en la ciudad que lo vio nacer y crecer. A través de su último libro «Nuevas preguntas alrededor de la materia. Obra cocida», que condensa textos escritos entre 2003 y 2024 no solo revisita su recorrido como autor, sino que también repasa su propia historia literaria y con ella, la de su coyuntura social y política.
En diálogo con LA VOZ DEL CHACO dejó entrever el detrás de escena del trabajo editorial, la centralidad del libro como objeto en tiempos digitales, y las dificultades de producir y circular obra en un contexto marcado por la sobreoferta cultural y la precarización.
Al mismo tiempo que reivindicó la importancia de la escena local y la necesidad de sostener la lectura como práctica en un escenario de crisis donde «la cultura es lo primero que se recorta».
-¿Cómo nació su último libro?
-A fines de 2023 gané un premio provincial Alfredo Veiravé, que incluía la publicación de un libro por la librería de la Paz. Entonces, ahí sale el libro premiado «Un cementerio chino». Pasan el tiempo, pasan los meses y se me ocurre, ya que estaba dentro de la editorial, proponerle hacer una obra reunida que después la llamé «Cocida». Era mi oportunidad para corregir todos los libros que escribí desde que era más joven.
Ahora tengo 45, pero empecé a publicar como a los 20. Libros manufacturados, hechos a mano. Muy desprolijos, muy hermosos también, y al calor del momento, después de 2001. Y fue pasando el tiempo, mejoraron algunas ediciones, después tuve ediciones más lindas, pero querían corregir algunas cosas. Corregir en el sentido que en ese momento no tuve la oportunidad de salvar un error.
Había algo que no me gustó y quería quitarlo. Esa era la obra que yo le propuse. Me dijeron que sí y empezamos a trabajar. Ya estando dentro de la Paz a través de este premio, nace la obra cocida, que me entusiasmó.
Después que una primera edición, salió una segunda corregida. Y ahora estamos pensando en una tercera, que sea la edición definitiva, que salva errores de las anteriores, con una revisión de etapa.
-¿Cómo fue releerse y reeditarse?
-Me gustan algunas cosas que escribió ese Lucas, pero me parece un tipo muy enérgico, con una ansiedad que estaba a punto de desequilibrar, aunque bien canalizada en la creación. Cuando esa energía está puesta ahí, el detalle pasa a ser mínimo: lo importante era hacer los libros, no tanto ver si eran bellos.
Eran bellos en su fealdad, algo que discuto mucho con una amiga. Había una tensión de creación porque el mundo se estaba viniendo abajo. Quizá en otros lugares ni se enteraban, pero nosotros lo vivimos así: en peligro, en autocuidado, en hacer todo el tiempo.
Esa energía la extraño, pero también me cansé, y se cansaron otros. Ahora estamos con lo que quedó de nosotros, tratando de hacer lo que podemos. Sigue siendo la misma propuesta en otra era. Creo que escribo mejor, porque pude releerme, formarme más, pero hay gente que se quedó con esa primera escritura más desprolija.
No trato de borrar ese yo con la obra reunida, sino de reescribirlo, actualizarlo. Si alguien tiene un libro mío de 2005 no va a encontrar algo completamente distinto. Es más bien como pasar por el mismo lugar, pero caminando y no corriendo.
Ya no estoy tan apurado por ser leído o reconocido, porque la verdad es que eso no sirve para mucho. Me hubiese gustado poder vivir con cierta estabilidad dentro del circuito, pero no lo hubo. Y ahora es incluso peor. Hay algo que se evaporó. Es raro: siento que escribo mejor, pero ya no tengo esa cosa de hace 20 años.
Es como si fueran tres personas en distintos tiempos. Me gusta mucho la serie Dark, donde el tiempo se pliega. Podés ir a ese pasado, pero no cambiarlo. Para mí lo interesante es poder escribir mejor siempre, que cada libro sea mejor que el anterior, y eso también es un combate con mi cabeza.
-¿Qué le diría a esos Lucas del pasado?
-Lo mismo que les digo a los escritores y escritoras que van a publicar por primera vez, que es lo que me hubiera gustado escuchar a mi; que es un primer libro,es una primera escritura, es mucho más de lo que podría hacer otra persona, disfrutalo, amá ese proceso y quédate con eso, hacer algo y ponerlo circular en el formato que sea, en este caso el papel pero puede ser otro, hacerlo circular es que vos te permita avanzar en tu propio trabajo, enamorate de ese proceso, eso es lo que yo aconsejo, quererte en ese sentido de que no te mates, no te tirés abajo, creé en tu escritura, no porque seas el mejor artista del Chaco, eso me parece que no está bueno, pero es creer en el sentido de estoy haciendo esto de forma consciente, estoy trabajando para esto, hasta acá es lo mejor que pude hacer, una vez que termine parto hacia otro lugar para mejorar, pero hasta acá puedo hacer eso, yo creo que es una mirada que no hay que perder de vista y es como muy significativo, muy enriquecedor para la creación.
-También está trabajando como editor. ¿Cómo es ese proceso?
-El año pasado empecé a trabajar como editor externo de la Librería de la Paz. Le propuse armar una serie con escritores y escritoras que no habían publicado. Yo me encargo de todo: de la corrección, de la edición. La edición es un campo muy amplio, no es solamente corregir los errores ortográficos. Es mirar todo el detalle.
Hay una relación espacial y táctil con el objeto. Y hay otra que es virtual, puramente. La edición trata de abarcar esos rubros. Ver la belleza, lo visual, el contenido. Pero también ver el detalle. Es muy importante todo ese seguimiento, una larga cadena hasta que llega a la imprenta. Porque hay que pasar por varios procesos de ida y vuelta. La devolución de la editorial, si se está conforme.
Se aceptó la sugerencia. Más allá de la corrección de estilo, el diseño, la maquetación es muy importante. No solamente la tapa. La maquetación es todo lo que uno ve. La tipografía, como si encadena una con otra, un reglón con otro. En los espacios en blanco. Entonces, es tedioso. Te tiene que gustar.
Lo que estoy haciendo es acordar con autores y autoras que me parecen interesantes. Los convoco, les explico cómo estoy laburando como editor externo. La Paz lo que pone es toda la materia prima. El diseño, la imprenta. Y yo pongo la otra parte y vemos cómo podemos hacer eso.
Hay gente me interesa publicar. Me tocó editar, el primer título que hice fue el de Fer Godoy, un pibe que es uno de los fundadores de Charco. Después vino Mario Anik, que es un viejo amigo periodista y que siempre escribió, pero nunca publicó. Hizo un libro muy lindo de fragmentos de viaje que hizo a Croacia. Después vino un libro chiquito de Jorge Áñez, que también conocí, un saenzpeñense.
Apareció un colectivo que se llama Maridaje que hace dos años venía trabajando con Mario Caparra y editamos un libro. El cuarto libro fue el de Paula Belizan que es la coordinadora del Ciclo Cardizal y ahora vienen otras cosas. Hay poetas muy jóvenes que quiero que se editen.
-¿Cómo está la producción local?
-Hay un montón. Por ejemplo, el uso de redes sociales hizo visible el trabajo de mucha gente que antes no se sabía. Al poder mostrarse, empiezan a aparecer, a animarse. Hay muchos poetas y escritores en la ciudad. No es que haya más que antes. Pero hay más gente que se anima. También crecieron los espacios culturales.
Resistencia siempre fue un circuito de propuestas culturales. Con este gobierno cambió muchísimo. Se recordó un montón en los espacios. Pero siempre se mantiene esta cosa de moverse. Lo autogestivo es lo que define también a nuestra ciudad. Y esto es… Bueno, vamos a juntarnos en una casa o vamos a organizar en un bar una lectura.
Y en esa lectura empiezan a converger un montón de gente. Sin exagerar, en cinco años hubo una explosión de espacios. Tenés Charco, Cardizal, un ciclo que hizo Marina Coronel que estaba muy bueno Guazuncho. O sea, esos espacios son lugares donde hay gente que ya viene haciendo algo.
Más allá de la promoción hay espacios públicos y se comparte .Lo que quiero decir es que ahí, dando vuelta, hay gente que necesita el empuje no más para poder animarse del libro.
-¿Dónde radica la importancia de la publicación?
-Lo que trato es que el libro exista en papel porque es mi fetiche, y hoy es muy caro. Comprar libros, tener libros y tener tiempo para leerlos es realmente caro.
Existe un mundo digital del objeto, pero es el que menos me interesa. Sigue siendo el mismo libro, pero es el que menos relación tiene con mi cuerpo. Entonces yo busco eso. Es más difícil de editar. El papel es una amenaza mundial. Siempre está pronto a desaparecer.
Pero cuando se amenaza el papel, lo único que hace es encarecer la materia prima. Entonces los que no quieren perder lo transfieren a vos los grandes empresarios.
Nosotros somos los eslabones chiquitos de una larga cadena de despropósitos.
Pero el tema es editar el libro. Para mí tiene que haber gente que lo apoye, que lo mueva. Reconociendo que eso también es un valor. Y que ya no puede hacerse de onda.
Nosotros venimos de ese circuito. Les pusimos mucho cuerpo y lo vamos a seguir haciendo. Sin ganar, sin pensar en el dinero, no me parece mal. Yo no pienso en el dinero como lo que está adelante. Pero tenemos que sobrevivir.
La única forma de sobrevivir es que algo ingrese para que siga circulando. Y ese reconocimiento a quien escribe, a quién edita, a quien publicita, a quien gestiona. Es importante. No hay uno más importante que el otro. La cara visible siempre es el escritor o la escritora que están en los diarios. Pero hay muchos participantes para que exista un objeto. Sea una muestra, un libro, un recital. Hay mucha gente también involucrada. Este trabajo tiene que ser pago. Y eso es lo que hacemos muchos, pero también no puede ser individual, debe ser colectivo. Al ser colectivo se habla de esto, y se empiezan a acordar cosas.
El libro, cuando está en físico, hace visible un trabajo de muchos y muy largo. Entonces deja una huella para que lo veas, justamente. Que puede ser borrado, pero te recuerda que hay algo que existe base a ciertas cadenas, ciertos enlaces que parecen invisibles pero son buscados.
-¿Qué pasa con ese libro una vez que está hecho?
-Esa es la pregunta fundamental. Como escritoras y escritores locales, y cuando digo locales, son de todas las provincias sin ir al centro de Buenos Aires, donde hay un circuito publicitario mucho más fuerte, pero la mayoría, incluso hasta los consagrados, hoy estamos presionados y obligados a vender nuestros libros.
Y vendernos en un sentido de mostrar lo que hacemos en medio de un mundo muy ruidoso. Parece que si yo no muestro la foto de mi libro y si no estoy ahí, nadie se entera. Y la verdad que yo lo comprobé.
Vengo escribiendo desde hace 20 años, no esperaba que alguien me descubriera, esto no es como en el fútbol, que alguien está mirando, y te va a descubrir. Capaz que el mundo editorial fue así en los 70, en los 80, donde todavía había gente que arriesgaba, que se tomaba el trabajo. Pero las grandes cadenas están preocupadas y ponen gente a monitorear para ver dónde está el negocio, no están esperando a que aparezca alguien brillante para poder ayudarlo, empujarlo.
Entonces nadie está esperando que nos vean. Somos invisibles. Entonces cada escritor o escritora que es editado, bajo el sello que sea, tiene que moverlo. Y llega un momento que se pone más difícil porque capaz que hasta te tengo que convencer de que elijas este sobre otro. Y la industria editorial, se acostumbró a que vos hagas eso.
Entonces algunos hasta venden ese servicio. Yo no te cobro el libro porque yo sé que vos lo vas a vender. Porque vos estás implicado en tu yo, en tu ego. Vos querés ser reconocido como escritor o escritora. No me parece mal, todos los escritores tienen una parte importante de ego
-¿Cómo es la lectura actual?
-Y la oferta es grandísima. Llueven novedades. Hay como una estrategia de la mentira también en el mundo editorial donde todo lo que sale es buenísimo.
Entonces mes a mes, en las librerías más importantes vas a ver las mesas de novedades. Las fajas, los editoriales, todo te dice que es el mejor libro, no dudo que el libro sea bueno, pero ¿cómo puede ser que todo sea lo mejor? Todo el libro es imperdible.
Entonces también ahí te genera, hace mucho que pasa esto, una ansiedad de querer leer todo y a la vez no lees nada y ya no sabes qué es lo que está bueno.
El caso que está en cuestión es ¿quiénes pueden comprar libros? ¿Quiénes tienen tiempo para leer? ¿Cómo circulan? Los libros en papel, que a mí me gustan, son realmente caros.
Tampoco asegura que el libro digital esté circulando. Porque yo te mando un archivo PDF y eso no significa que vos lo abras y lo leas. Acá lo que se cuestiona es, ¿qué se lee? ¿Cómo se lee? ¿Cuánto? Y eso es una batalla que no sólo es de los escritores, es una batalla cultural y social, de recuperar espacios.
-¿Qué lugar ocupa entonces la producción local?
-En esa recuperación de espacios hay que valorar lo local. Si vos no lees a autores locales, y no lo digo por mí, no estás viendo tu ciudad. Por más que venga alguien y te diga, que ya me pasó, pero vos escribís sobre Japón. Yo nunca escribí sobre Japón. Para mí Japón fue una excusa. Yo no viajé jamás.
Lo más lejos que fui, cuando tuve suerte, fue a algún lugar de Brasil. Y no voy a ir a Japón es carísimo. Pero ese Japón mental me permite otra cosa.
Si vos no lees a la gente que escribe, a la que está flasheando acá la ciudad, que están viviendo acá, tienen el cuerpo, que trabajan acá, padecen acá, son felices acá, no estás entendiendo lo que está sucediendo. Como si acá no hubiera ninguna escultura y estuvieras flasheado, no sé, con Rodin.
Si ese fuera tu modelo, que está bien. O en pintura no conocen ninguna pintora, ningún pintor chaqueño, pero sí el Greco. Todo bien con la cultura universal pero la cultura local es muy importante y necesita que eso sea un poco mimado, un poco visible. Sin condolencia, sin ser condescendiente, no es esta cosa naif de qué lindo, me encanta, no sirve mucho eso, pero si que alguien se siente y le presta atención.
-¿Qué se espera de un lector?
-Esto vuelve a la idea de esta batalla, que es pedagógica, lo que espero es que existan lectoras y lectores inquietos, y la inquietud no es algo de nacimiento, no es que somos seres inquietos, de hecho estamos tan golpeados que la inquietud parece que es lo último, para ser alguien inquieto y que investigue en la pasión, su deseo, y en el arte, necesitas que entienda que el tiempo en la tierra significa una cosa, que el valor no necesariamente es el dinero, que no vas a obtener una ganancia de eso, y hasta por puro placer revolucionario, necesitas crear ese tipo de seres, que ya existieron en otras eras, recuperar esa pedagogía y ver hacia dónde va.
No creo que haya nadie que no lea hoy, pero es muy difícil la concentración en un mundo que está sobreviviendo. Es como decirte che, ¿tienen ganas de leer mis libros? y están bombardeando la ciudad de al lado.
Nosotros no estamos en guerra, pero estamos en una guerra ideológica y política devastadora desde la última dictadura, vengo de toda una generación así, pero tenemos esa conciencia en clase también, sabemos las consecuencias que tiene eso, todavía no zafamos.
Entonces, si nosotros no vamos a zafar de relaciones materiales, ¿cómo podemos hablar de relaciones simbólicas, emocionales?
-¿Qué lugar ocupa el arte hoy?
-Me gustaría poder pensar de una forma más sistemática al sostener las artes, porque en definitiva, lo único que te permite sentirte diferente, salirte de orientaciones o de especulaciones científicas, donde, por ejemplo, somos una basura, somos un beat, o que somos polvo de estrellas, yo no creo eso, estamos acá porque hacemos cosas, creamos símbolos. Y yo considero que eso es un valor que se tiene que enseñar.
No puedo decir que me lo hayan enseñado a mí, lo descubrí y conocí a otros que lo descubrieron, y dije, está rebueno, cómo se sostiene. Y vimos que otras eras tampoco podían sostener, porque los circuitos siempre son destruidos. Se destruyen los cuerpos, se destruyen los circuitos, se borra la memoria. Se quema el libro
En el caso más extremo, se desaparece gente, pero ahora no desaparezco gente, pero te cago de hambre, te presiono para que estén permanentemente en quejas. Y no, lo que menos van a hacer es ir al cine, tomarse una birra dos o tres horas para estar relajado, o comprarse un libro, o ir a una muestra de arte, o ir a un recital.
Lo que menos van a hacer. Es muy triste. Vivimos más de lo que parece. Porque si hay tanta infelicidad, es porque te dejaste de imaginar. Y acá no estamos hablando de un nivel de flasheo, de que toda la sociedad tiene que ser artista. Ojalá todos se pudieran ver como artista en su profesión.
Un artista es alguien que crea un sentido sobre otro, que superpone cosas. No todas las mentes son iguales. Pero hay un ámbito dónde se cruzan las especificidades. Entonces yo no creo que un científico no pueda ser artista, no creo que una docente no pueda ver artísticamente el mundo. Y no creo que un artista esté completamente negado del lenguaje más duro. Entonces todas esas cosas están relacionadas y hay que verlas.
Pero para verlas hay que tener tiempo, y para obtener tiempo, de algún modo hay que bajar la guardia y no estar en lucha permanente. Yo creo que la lucha nos debe sentido de vida, que nos permita levantarnos, pero llega un momento en que el cuerpo empieza a envejecer y voy a decir, ¿cuánto más?
Yo siento que siempre estamos avanzando dos retrocediendo cinco, entonces es muy difícil. Si esa es la dinámica cuántica, por decirlo así, es como la del latinoamericano promedio, que va a tener un momento de felicidad y cinco de sufrimiento. Y bueno, capaz nuestro cuerpo en el futuro se adapte a eso, a puro estrés y una expulsión de energías, sin roce creativo y muere ahí eso también.
«Si llegás a ser un buen escritor, podés ser una buena persona»
-¿Escritor se nace o se hace, cómo surge la vocación?
-No creo que uno nazca de una forma, se te va formando de manera muy extraña, pero ahí hay una voz, hay una autor que se llama Fabian Casas que tiene un texto muy hermoso que le llama La Voz Extraña, que dice hay como un llamado que lo escuchas, ese llamado estaba para toda la especie, el llamado justamente del arte. La escuchas o no a la voz, pueden parecer vocecitas.
Lo que más escuché en mi vida es: «Ah yo también escribo poesía, pero dejé todo tirado por ahí», eso es no escuchar la voz, no importa si esa poesía era buena o mala, sí te dio vergüenza, a mí me parece que hay mucha gente que escribe y que en el fondo abandona porque no tuvo esta cosa de decir hay una voz, y si no es la que me gusta en este momento, ¿Cómo puedo hacer que me guste? ¿Cómo puedo hacer esa mi voz?
Porque cuando hay una voz, esta cosa que es externa, yo tengo que apoderarme de eso, estoy por colonizar algo que viene de afuera, por eso yo no creo que nadie nace artista, si hay privilegios, hay privilegios de clases que te permiten desarrollar un espacio que otros no tienen, el privilegio económico es muy importante para el arte, que es esto que te digo, no es lo mismo tener tiempo y presencia y un espacio que no tenerlo, vos podés tener la voz, pero la voz se va a apagar mucho más rápido, sino tenés recursos para desarrollarla.
Y tampoco te asegura que tener los privilegios te haga buen artista. De la aristocracia europea sobre todo vinieron grandes escritores, porque tenían tiempo y espacio, pero no todo lo que tuvieron dinero pudieron ser grandes, y no todo lo que no tuvieron dinero, están consagrados, hay algo que tenés que desarrollar de la voz y la seguís o no la seguís, estás o no estás obsesionado con eso, con un objeto que todo el tiempo se aleja, y para mí lo mejor que te puede pasar es que se aleje, por más que te cree un sufrimiento enorme como de neurosis, como nunca llego, la realidad es que no te alejas más, lo estoy persiguiendo, esa es la voz que quiere capturar, ese es el sentido.
No, no se nace de escritor, se crea y todo el tiempo estás intentando mejorar, yo creo que si llegas a ser un buen escritor puedes ser una buena persona, porque vos vas revisando el lenguaje, el lenguaje tiene que ver con el mundo, tiene que ver con los demás y si vos no pensás en quién va a escribir no te digo que vos estás creando para quiénes te lean, pero vos estás compartiendo íntimamente.
Se lo mostrás a tu mejor amigo, tu pareja, a tu amante, a quien sea, si simplemente estás escribiendo y no publicando, que son dos esferas distintas, la circulación de la obra es una y la escritura es otra: la escritura puede ser privada y secreta, y nadie se enteró jamás, si alguien sabe que estás escribiendo, aunque no haya publicado, ya está intentando ser ese tipo de escritor, que es fantástico.
Lucas Brito Sánchez
Escritor, periodista, editor y docente. Nació en 1980 en Resistencia (Chaco). Publicó «La fundación de Japón» (Colección Mulita, 2013), «Elefantes y perros» (Nulú Bonsai, 2016), «Entrar y salir de Cannes» (Deacá, 2018), «Antitodo. Poesía reunida» (Contexto, 2018), «Un cementerio chino» (Librería De La Paz, 2023, «Premio de poesía» Alfredo Veiravé), y «Nuevas preguntas alrededor de la materia. Obra cosida» (De la Paz, 2025).
Participó en las antologías «Como Seelstrang. Nuevas crónicas de Resistencia» (ConTexto), y «Bitácora. Cuaderno de espíritu nómade» (Coedición entre Cecual y ConTexto).
Como periodista colaboró en diarios revistas locales y en el periódico El Yacaré de Asunción del Paraguay. Fundó y codirigió la librería virtual Conejamono.
Actualmente trabaja en el Departamento de Marketing del Instituto de Cultura del Chaco (ICCH). Colabora con prensa y producción en la librería El Árbol Amarillo.
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