Internacionales

La caja de Pandora de la «guerra grande» de Donald Trump

El estrecho de Ormuz sintetiza con la fuerza implacable de la geografía el callejón de la “guerra grande” a la que avanza el conflicto en Oriente Medio. No se trata únicamente de la función estratégica de ese pasaje para atragantar el flujo global del petróleo, el gas y los fertilizantes que consume el planeta. El problema no radica en los buques que no pueden cruzarlo, sino en los que lo hacen y la ventana inesperada que ese proceso está abriendo como una caja de Pandora a costas del conflicto. «Guerra grande» es un concepto que arrastra un siglo, era como en EE.UU. llamaban al primer cataclismo bélico del siglo pasado.

Donald Trump se desayunó con este enorme desafío pese a que su comunidad de inteligencia y el Estado Mayor de las FF.AA advirtieron del peligro. El presidente había desestimado esas preocupaciones con la noción de que el régimen iraní, una dictadura sanguinaria detestada por su población, no tendría posibilidades de resistir y si tocaba Ormuz la armada lo resolvería.

Pero el estrecho y su consecuencia acabó encallando la operación occidental, la economía mundial entró en un ciclo oscuro imprevisible y canceló una eventual puerta de atrás para que la Casa Blanca escape del atolladero. En un descontrol generalizado, unos y otros atacan puntos neurálgicos de la energía del planeta y no debe descartarse que los combates se generalicen en la región.

La síntesis es que EEUU no está perdiendo la guerra, pero tampoco la está ganando. La potencia cuenta con un extraordinario potencial junto a Israel para mantener el conflicto. Ha sufrido costos relativos, mínimas bajas, y se verá qué sucedió realmente con el gigantesco portaaviones Ford ahora herido, pero en cualquier caso son dificultades manejables.

No está ganando, sin embargo, debido a que Irán evitó improvisaciones y el enfrentamiento directo. Su objetivo, hasta ahora exitoso, ha sido el caos en la región y el uso implacable de sus ventajas estratégicas. La crisis global es su máxima arma. La versión de que se analiza un envío de tropas que Trump niega aunque sus funcionarios lo comentan, exhibe la impotencia para controlar el conflicto.

El problema con el estrecho se mide en las hojas de cálculo de las navieras y de las aseguradoras. Las pólizas se han disparado hasta un mil por ciento para los navíos que se acerquen a esas aguas. Redondean el uno por ciento del valor del casco de los gigantescos petroleros. “Es como asegurar un edificio en llamas” justifica a Reuters, Michel Leonard, economista jefe del Information Insurance Institute, de Nueva York.

Una imagen tomada con un dron muestra las unidades de almacenamiento de petróleo, gas y combustible en la terminal Navigator en Grays, Gran Bretaña. Foto EFE

Una idea ilustrativa del panorama se advierte en unos pocos datos. Antes de la guerra por el estrecho circulaban a diario unos 20 a 21 millones de barriles, el promedio del año pasado, según Vortexa, una plataforma de análisis de datos para el sector energético. Hoy es menos de la mitad y en caída. Después del asesinato del líder supremo Ali Khamenei, solo 77 barcos lo cruzaron en todo el periodo contra miles antes de los cañones.

Luego, como señalan analistas especializados, el flujo se recuperó, pero solo para los buques petroleros autorizados por el régimen. Esa flota la encabezan los navíos asociados o ligados con China o la India, ambos socios fundadores en el grupo de los BRIC’s del llamado sur global, que orienta Beijing y que incluye a Irán. También lo hacen aliados históricos de la República Popular como Pakistán.

El punto que observan estos analistas es que esos barcos cruzan por el estrecho en pleno escenario de guerra sin seguro. No lo necesitan. Es una novedad de extraordinaria importancia que abre un inesperado y complejo desafío adicional para Estados Unidos a partir de esta guerra en su rivalidad con la potencia China.

La flota fantasma que maneja Beijing mantiene, aunque limitado, el abastecimiento de petróleo que le suministra la República Islámica. Opera bajo la cobertura del gigante asiático, un paraguas que cubre a los otros jugadores. El crudo y el gas licuado de este trasiego se liquida en yuanes, no en dólares al revés de los usos y costumbres. EE.UU. ha tenido ese privilegio en el comercio del carburante y derivados durante el último medio siglo por los acuerdos esencialmente con Arabia Saudita a cambio de protección.

Los pagos en yuanes se hacen a través del CIPS, el Cross-Border Interbank Payment System, un mecanismo chino que opera como una alternativa al sistema SWIFT, de Occidente. Mientras el segundo es un artefacto de mensajería para órdenes de pagos, el CIPS chino es un dispositivo de compensación y liquidación que utiliza el yuan como moneda principal, permitiendo que bancos de todo el mundo puedan saltearse transar con el dólar estadounidense.

Un barco turco ha logrado pasar por el estrecho de Ormuz tras lograr el permiso de las autoridades iraníes. Foto EFE

Hoy esta estructura involucra a billones de dólares y experimenta un fuerte crecimiento, precisamente a partir de la guerra que incluye el premio a Rusia de la liberación de las sanciones para el comercio de su caudaloso petróleo. Todo el episodio acelera inesperadamente el objetivo de un orden monetario multipolarr e incluso energético que ha venido enarbolando china y los socios del sur mundial.

La República Popular y sus aliados agregan otro beneficio. El petróleo que reciben llega con un importante descuento, clave en medio de la disparada del precio por el bombardeo al yacimiento de gas marino de South Park, en Irán, el mayor del mundo y las réplicas de la teocracia al corazón de la infraestructura gasífera de su vecino Qatar.

Esta derivación del crecimiento alternativo del yuan es una de las razones, posiblemente la más significativa, para la presión de Trump que pide una flota militar internacional que libere el tránsito del carburante por el estrecho. Aunque llama la atención que haya incluido a China en esa demanda, la negativa de europeos y asiáticos a sumarse se explica porque de hacerlo se internacionalizaría el conflicto con perfiles de guerra mundial.

Además, aunque en política los odios no necesariamente operan en las decisiones, los europeos tienen razones para darle portazos al magnate norteamericano y también las potencias árabes. EEUU. lanzó esta ofensiva sin consulta previa o avisos al continente ni a los vecinos de Irán que quedaron expuestos.

La suspensión de la visita de Trump a China, prevista para fin de mes, debería leerse en este cuadrante. Aunque Beijing necesita apagar con urgencia esta crisis que encoge el PBI mundial y dispara la inflación global, la demora en intervenir sugiere la altura de las dificultades. Si se trata de una guerra grande, no ya de un conflicto focalizado, la capacidad de Beijing para incidir sobre su aliado iraní es limitada o inexistente.

Sin esos apoyos y a su suerte, la única salida a la que pueden aspirar EE.UU e Israel, con la ejecución sistemática de jerarcas significativos del régimen, es que el descabezamiento dispare un alzamiento popular que acabe con la teocracia. No se debe descartar esa posibilidad pero es compleja, no solo por el miedo al régimen. El castigo indiscriminado que sufre el país, incluyendo la masacre de la escuela con más de 170 niñas muertas en el primer día de la guerra, galvanizan el sentimiento nacionalista.

Trump exhibe en sus mensajes contradictorios la duda de avanzar o retroceder. Declarar victoria con lo ya obtenido o escapar hacia adelante como parece que ya ha decidido. Si la guerra se extiende, la factura económica será ruinosa para la carrera de los republicanos con vistas a las elecciones de medio término de noviembre.

Pero faltan meses para esa cita y, aunque escasean las alternativas, el magnate, que gusta de simplificar, aún puede intentar alguna acrobacia para oxigenar su liderazgo. Si no hay puerta trasera, será una claraboya. El crecimiento en la atención pública de la cuestión de la crisis terminal cubana, con la intensidad que está mostrando y las declaraciones desafiantes cada vez más frecuentes del mandatario norteamericano sobre el destino de la isla, no debería ser excluida de ese radar. Quizá la ultima aventura.


Source link

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba