El giro copernicano de Mondo Duplantis, que busca en Torun su séptimo título mundial: “Nunca he sentido una barrera mental” | Deportes


8 de febrero de 2020. En el pabellón de Torun, la ciudad polaca en la que nació Copérnico, suena a todo volumen Levels, la mezcla del DJ sueco Avicii. Mondo Duplantis, casi un niño de 20 años, se dispone a asombrar al mundo con lo que podría definirse como un giro copernicano en el salto con pértiga. Una persona muy rápida, de físico muy normalito, con nada de los colosos estilo Serguéi Bubka, mandíbula de acero, arquitectura de acorazado, que han dominado la especialidad, y sonriente, deja el récord del mundo en 6,17 metros. Un mes después, cuando el pertiguista sueco, tan rápido, ya ha batido el récord mundial por segunda vez, el mismo mundo se encierra en casa. El coronavirus paraliza la vida. Este fin de semana, el sábado a partir de las 18.25, Mondo Duplantis vuelve a saltar en Torun para buscar, en esta ocasión, no solo un nuevo récord, sino también su séptimo título mundial, el cuarto en pista cubierta. En los seis años que han pasado desde su primera visita ha elevado el récord mundial hasta 6,31m. Antes de viajar recuerda su experiencia de 2020 por videoconferencia a media docena de periodistas del mismo mundo asombrado siempre.
“Torun es un lugar muy especial para mí, ya que allí batí mi primer récord mundial. He batido algunos más desde entonces, pero el primero es un momento que te cambia la vida. Pasé, de la noche a la mañana, de ser uno más a ser el plusmarquista mundial, lo que estaba soñando desde que tenía tres años”, dice el doble campeón olímpico sueco, que se pone un poco sentimental relatando que eligió Levels como banda sonora porque era la misma música que utilizó su amigo Renaud Lavillenie para arrebatarle el récord mundial (6,16m) al inmortal Bubka seis años antes. “No sabía cómo se suponía que debía sentirse uno para batir un récord mundial; solo sabía que estaba en muy buena forma y me sentía muy seguro de mí mismo y de lo que iba a hacer. Había rozado el récord unos días antes en Düsseldorf y me presenté con confianza, pensando que podría ser posible, aunque realmente no supiera en qué consistía. Siempre me sentí como si no tuviera ninguna barrera mental respecto a lo que quería hacer, aunque, en cierto modo, no pudiera conceptualizarlo del todo. Y no sé, cuando estuve allí, recuerdo que había mucho ruido, estaba lleno de energía”.
Y recuerda también cómo le ayudó el canadiense Shawn Barber, que había saltado seis metros y había sido campeón del mundo en 2015. “Después de mi primer intento, que fue bastante bueno, me dio un pequeño consejo. Pensaba que debía subir un poco el agarre de la pértiga, y confié en él. Estaba sentado en el banco con él, y le pregunté: ‘¿Qué te parece?’. Y me dio una pequeña indicación, y yo pensé: ‘Sí, eso suena bastante bien’, y entonces pude hacerlo”, dice, y se pone sentimental recordando que Barber murió poco después, a los 30 años. “Se lo estaba contando a Sam Kendricks [el campeón norteamericano] el otro día porque estábamos recordando algunos buenos momentos que pasamos con Shawn Barber y eso me vino a la mente, que, sí, él me ayudó a superar esa barrera”.
Un mes después, la pandemia, el confinamiento. Un chaval de 20 años marcado para siempre, como tantos campeones de su generación. “Fue un momento muy, muy incierto. Mirándolo ahora, casi parece como si ni siquiera fuera la vida real. Era un torbellino de cosas que estaban pasando, todo tan caótico en muchos sentidos”, reflexiona. “Pero, y probablemente no sea el único que piense así, ahora me siento mucho más consciente y agradecido de que podamos tener cosas que en su día dábamos por sentadas, como los deportes y tener multitudes y público, y poder disfrutar pasando el rato con la gente, y quedamos después de las competiciones y nos tomamos una cerveza y luego también poder tener gente animándote y tener interacciones con los aficionados, y conexiones. La pandemia hizo que muchos de nosotros, los atletas, nos diéramos cuenta de que ese es realmente el significado del deporte. Se trata simplemente de unir a la gente, lo que en esa época, 2020 y 2021, simplemente no se nos permitía, y básicamente no podíamos tener espectadores. Y eso no te aporta nada. No te da la misma sensación, ni siquiera ganar los Juegos Olímpicos de Tokio de 2021, que es lo más grande que puedes hacer como deportista. Si no hay espectadores y no puedes compartir esa experiencia con la gente, queda un poco soso, así que creo que hay que valorar realmente todo lo que tienes, no darlo por sentado, y disfrutarlo y disfrutar de poder hacer deporte y entretener a la gente y unirla y alimentarte de eso”.
Hace dos semanas, en el pabellón de Uppsala (Suecia) sonó a todo volumen Feeling Myself, una canción compuesta por el propio Duplantis, antes de batir por 15ª vez en seis años el récord del mundo, ya 6,31m. “Levels es el himno del récord, y mi canción no sea quizás la más apropiada para saltar, pero me gusta muchísimo, me aporta un poco de energía juguetona de niño que me gusta mucho porque creo que eso es lo más intrigante de hacer música. Me siento un poco más joven de nuevo y cuando toco mis canciones y salto, me hace sentir casi como si estuviera de nuevo en mi patio trasero y me lo estuviera pasando de lo mejor”, dice el campeón que ha completado el giro copernicano, muestra día a día que no hay límites, y ni siquiera habla de un salto futuro de 6,40m como el absoluto, porque siente que saltando 6,31m había entrado en una nueva pantalla del videojuego: un cambio en la carrera de aproximación, dos apoyos más para cubrir los 45 metros del pasillo, más velocidad de entrada, más energía en la carrera que se transforma en fuerza para doblar una pértiga más dura, que devuelve más energía. “Llevaba usando la misma pértiga desde que salté 6,20m. Intentaba utilizar una más dura pero no conseguía doblarla. Me faltaba un poco de energía para el despegue. Pero en Uppsala lo conseguí por fin, después de cuatro años intentándolo. Hice algunos ajustes en mi carrera de aproximación. Corrí 22 pasos en lugar de 20. No tengo datos de velocidad ni nada por el estilo [entró a más de 10,5 metros por segundo, a casi 38 por hora], creo que claramente pude aportar algo más de energía al despegue. Es el siguiente paso para mí en el futuro”.
Unos días antes de Uppsala, Manolo Karalis, su íntimo, el pertiguista griego, saltó 6,17m hace 10 días, uno que ya no solo le animará sino que le empujará. “Y tanto”, dice Duplantis. “Mentiría si dijera que no me motivó un poco, que no me dio un empujón y me hizo concentrarme de verdad de cara a Uppsala. Fue incluso un pequeño factor de impulso para que hiciera un pequeño cambio en mi recorrido e intentara dar ese siguiente paso adelante. Mucha gente está empezando a progresar de verdad, así que quería asegurarme de poder seguir el ritmo de todos y de seguir siendo el número uno”.
El sábado, en Torun, quizás, por primera vez desde que en 2018 saltara más de seis metros y se proclamara campeón de Europa, Mondo Duplantis no tendrá solo como rival el listón, y un récord.
Source link



