Yulimar Rojas vuelve a volar: “Soy puro fuego” | Deportes

Yulimar Rojas, que ya ha cumplido 30 años, es una diosa joven que salta y que vuela por encima de las dificultades y los problemas, y afirma, feroz: “Soy puro fuego”.
Ninguna ha saltado nunca tanto como ella, 15,74, en el salto triple, hop, step, jump, y ninguna llega con mejor salto que la venezolana, que busca su octavo título mundial este fin de semana en los Mundiales indoor en Torun, en la región polaca de Kujawy Pomorze (final directa, sábado, a partir de las 19.38 en Teledeporte). “Este campeonato va a ser el antes y el después de Yulimar Rojas”, promete. “Físicamente estoy perfecta y técnicamente estoy con buenas sensaciones. Una lesión del tendón no te detiene, sino que te impulsa”.
La media de sus 10 mejores saltos es de 15,43m. Saltó 14,95m en febrero, su mejor salto en los dos años que han pasado desde que en abril de 2024 se rompiera el tendón de Aquiles, la lesión más dura que puede sufrir una atleta que vive de los muelles que la genética ha puesto en sus pies. Ninguna otra en el mundo se acerca a esa longitud, modesta para los estándares de una atleta que hace nada saltaba 15 metros como quien come pipas, lo que dice todo de su calidad. Y ella, hablando con periodistas de medio mundo en videoconferencia organizada por la federación internacional, sobrevuela grácil los obstáculos más duros. Como la recuperación física y psicológica de una lesión sufrida cuando su único techo habría sido un segundo oro olímpico en París 2024 tras el de Tokio 2021 y la barrera siempre soñada de los 16 metros, y, como dijo Robert Louis Stevenson, el dios del relato, una persona vale lo que de hermoso, de necesario, sean sus sueños. También supera la crisis social, económica, humana, política, de su Venezuela con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro; la descomposición de su grupo de entrenamiento con Iván Pedroso debido a la deserción aún no explicada del campeón olímpico Jordan Díaz; las dificultades de entrenar en Guadalajara en inviernos lluviosos sin instalaciones adecuadas, sin pabellón cubierto siquiera. Y sonriente y decidida, proclama, anafórica y musical: “Es mi momento de volver a la alta competencia, es mi momento de demostrar quién soy, cómo soy y de lo que en verdad estoy hecha. Todo este tiempo ha creado en mí un espíritu más fuerte de victoria”.
No era muy diferente su discurso –“sigue estando la Yulimar Rojas ambiciosa, sigue estando la Yulimar Rojas que no se detiene ante nada, sigue estando la Yulimar Rojas que a pesar de cualquier circunstancia puede salir a flote y puede demostrar lo que está en sus piernas, lo que vale. Yo me he caracterizado desde niña por nunca rendirme ante nada”— cuando regresó por primera vez el verano pasado para los Mundiales de Tokio.
“Una lesión golpea, golpea desde lo más profundo, sobre todo la mía que fue en el mismo año olímpico y me marcó, porque, claro, ningún deportista lo desea, te vuelve más vulnerable a no volver a pasar por otra lesión más, a pensar que algo otra vez parecido pueda ocurrir”, recuerda, “pero tengo al mejor psicólogo del mundo, que es mi entrenador”. Llegó, decía, como Fénix renacida de sus cenizas a Tokio, pero en la capital japonesa sufrió la primera gran derrota de su carrera. Fue la única competición de todo el año, y saltó 14,76m que la condenaron al bronce y a las alabanzas tiernas de todo el mundo del atletismo, admirado por su capacidad de recuperación, una historia que ella ya ha metabolizado. “En Tokio me quedé con la espinita, y ahora en Torun siento que estoy aún más preparada psicológicamente, mentalmente, siento que el año de transición que fue el año pasado ha terminado”, dice una mujer que ya de niña superó el bullying escolar que sufrió por su talla, más de 1,90 metros, y por su tendencia sexual. “Allí comencé mi vuelo, pero ahora quiero más. 2025 fue un año de transición, cuando comencé mi cumpleaños. Ahora tengo más foco, estoy más lista para realmente ganar el beneficio del trabajo duro que he hecho”.

Después del Mundial de Tokio, en otoño pasado, se fue, como todos los años, de vacaciones y visita familiar a su Venezuela, donde padeció el bloqueo aéreo y la intervención del gobierno de Estados Unidos para secuestrar a su Maduro. “A pesar de lo que está sucediendo en Venezuela, sé que el deporte puede ayudar a que la gente sonría. Somos una población fuerte y merecemos ser felices. He intentado superar todo lo que está pasando en Venezuela con más trabajo, con más enfoque, con más motivación a lo que viene”, dice. “A pesar de esos momentos turbios, aquí está una luchadora incansable, aquí está una venezolana más que siempre ha intentado dejar al país en alto. Vamos a demostrar que los venezolanos tenemos con qué, y que esto es para rato”.
Como si el invierno de cielos tristes, llorones, en Guadalajara, las sesiones de entrenamiento sin el altavoz que planta cuando el sol en el césped y se inunda el aire de cumbias, salsa, vallenatos, hubieran fermentado un nuevo ser, así habla la campeona olímpica. “El invierno ha sido para nosotros un verdadero dolor de cabeza. El hecho de que podamos tener el invierno más duro aún por temas de no tener un pabellón o no tener una pista techada, una pista cubierta acorde a lo que es esta ciudad, esta ciudad que ha formado tantos campeones como Iván Pedroso o Javier Sotomayor, tantos cubanos que han pasado por aquí y otros atletas”, afirma. “Pero soy una mujer renacida desde lo más abajo y ahora convertida en puro fuego, en pura potencia. Vuelvo a sentir que vuelo, que despego”.
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