así viven la guerra los argentinos en Tel Aviv

Cuando las alarmas suenan en su celular, Jennifer silencia el teléfono y, con un nudo en la garganta, pone música para bebés. Tom, su primer hijo, nació hace seis semanas y, mientras pueda, Jenny va a tratar de que las sirenas que anuncian la oleada de misiles sobre Tel Aviv no rocen los oídos de su bebé.
Jennifer es porteña. Tiene 38 años y emigró a Israel hace 7. Su hermano mayor y uno de sus primos ya vivían en la capital israelí y ella, que trabajaba como contadora en Buenos Aires, se entusiasmó con mudarse y capitalizar las posibilidades que Israel ofrece a los judíos de otras partes del mundo que, como ella, deciden hacer pie en su territorio.
Con las ayudas y los cursos de hebreo financiados por el Estado, Jennifer se instaló en la capital y consiguió un puesto como contadora. “Te ayudan a integrarte, a diseñar tu currículum en hebreo”, cuenta a Clarín.
Ahora está con licencia por maternidad: los primeros tres meses son pagos y, aunque ella decida prolongar su baja, conserva el puesto de trabajo por un año.
“Desde que llegué, se pudrió todo -ironiza Jennifer-. Primero el coronavirus y luego la guerra. Al principio, cuando escuchaba las sirenas, me agarraban ataques de pánico”.
Un judío ortodoxo observa cómo personal del Comando Central Israelí trabaja en la escena en la que este domingo cayeron esquirlas de un misil iraní interceptado por el sistema de defensa israelí. Foto: EFESin embargo, no está en sus planes volver, por más que en la Argentina de hoy gobierne un presidente tan en sintonía con la religión judía como Javier Milei.
Buscó intencionalmente el bebé que acaba de dar a luz en Tel Aviv y sigue apostando a su vida en Israel.
Cien mil argentinos
Los argentinos que viven aquí, según fuentes de la embajada de nuestro país, son unos 100 mil. Representan la comunidad latinoamericana más numerosa en suelo israelí.
A principios de marzo, con el espacio aéreo de Israel cerrado, los argentinos varados por el conflicto eran unos 200. La cifra va disminuyendo a medida que las compañías aéreas, sobre todo la línea israelí El Al, reanudan, a cuentagotas, sus vuelos.
En la madrugada de este domingo, las alarmas no dejaron dormir en Tel Aviv. Irán lanzó siete misiles cargados con bombas de racimo que dañaron calles y edificios en el centro de la capital.
Un policía israelí inspecciona los restos de un vehículo incendiado después de que Israel interceptara un misil balístico de Irán, este domingo, en Tel Aviv. Foto: EFEEste domingo, la Guardia Revolucionaria Islámica amenazó de muerte al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. “Sin descanso”, será la persecución al primer ministro, según advirtieron.
El ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Saar, afirmó, por su parte, que la ofensiva contra Irán durará hasta que se eliminen las “amenazas existenciales”.
Irán confirmó el debut de Sejil, un misil balístico de combustible sólido que alcanza hasta 2.000 kilómetros y carga ojivas de entre 500 y 1.000 kilos.
Refugio para el bebé
Para evitar corridas con el recién nacido en brazos, Jennifer y su pareja, Eyal, armaron el cuarto del bebé en la habitación blindada que tienen en el departamento donde viven, en el centro de Tel Aviv.
Contar con un cuarto de seguridad fue la condición indispensable cuando buscaron casa. “Dormimos todas las noches allí para que Tom no se altere y para no tener que levantarnos de madrugada, cada vez que suenan las sirenas”, dice Jenny mientras toma mate en el living de su casa, un cuarto piso del barrio de Ramat Gan.
En la habitación blindada hay provisiones de sobra. Pañales, mamaderas, jarra térmica para calentar agua y leche de fórmula para recién nacidos. En un cuerpo de mamá que acaba de dar a luz, el estrés que segregan los tiempos de guerra a veces complica hasta los gestos más primarios, como amamantar.
Los papás de Jenny, Ruthy y Sergio, viajaron a Tel Aviv en enero desde Buenos Aires. “La idea era acompañarla durante las últimas semanas de embarazo, llegar a tiempo para el nacimiento del bebé y ayudarla con la rutina diaria. Pero la guerra trastocó todo”, dice a Clarín Ruthy, que desde su casa porteña, a 12.300 kilómetros de donde acaba de nacer su primer nieto, controla las alarmas que saltan en Tel Aviv.
“Se descargó la app y, cuando ve que sonó alguna, nos llama o nos manda whatsapp para saber si estamos a salvo”, cuenta Jenny.
“Dios nos ayudó. Y no nos abandona”
La primera de la familia que se enteró que Jennifer esperaba un bebé, sin embargo, fue su abuela, la bobe Raquel. “Guardé el secreto”, dice a Clarín, orgullosa de su discreción.
Raquel vive en Parque Chas, en la misma casa en la que nació, hace 91 años. El 29 de julio cumplirá los 92. “Dios nos ayudó. Y no nos abandona”, dice Raquel, lúcida, conversadora y de buen talante.
“Vine para acompañar el nacimiento de mi primer bisnieto y lo pude hacer -agrega-. Es una lástima que no podamos pasear más, por las alarmas. Pero estoy contenta de estar acá”.
A los 91, Raquel, flamante bisabuela de Tom, viajó desde Buenos Aires para estar presente cuando el bebé naciera. No sabe si va a poder volver a su casa.No es la primera vez que Raquel visita en Isreal: “Ya vine otras siete veces. La primera fue en el 79 o el 80, porque mis hijas viajaban a hacer tareas comunitarias a los kibutz”.
Además de sus nietos y bisnieto, Raquel tiene una hija, amigos y ex alumnos -fue maestra- radicados en distintas ciudades israelíes. “Estoy preocupada porque la gente grande, de mi edad, ya no va a los refugios cuando suenan las sirenas -comparte-. Tengo amigos que me dicen: ‘No tengo fuerzas para bajar las escaleras’. Yo les digo que tienen que hacer caso”.
“No se pueden entregar así”, se queja.
“Cuando suenan las sirenas, todos los edificios tienen la puerta abierta para que la gente que está por calle pase a refugiarse -subraya Raquel-. En Buenos Aires, ¿Quién le abre la puerta de su casa a extraños?”
Con los segundos contados
La distancia entre la casa de Jennifer y el departamento que sus papás y su abuela alquilaron por Airbnb se recorre, caminando con serenidad, en 15 minutos. Jenny comprobó que, a paso veloz y con el cochecito del bebé, puede reducir los minutos a casi la mitad: logra hacer el recorrido en 8.
“Eso me da tiempo a volver a casa si suenan las alertas en el celular ya que nos dan 10 minutos para buscar refugio antes de la sirena”, cuenta Jennifer.
Jennifer, con Tom en brazos, acompañada por su familia argentina. De izquierda a derecha: Sergio, su papá; Ruthy, su mamá; su pareja, Eyal; su abuela Raquel y su primo Matías, que vive en Tel Aviv.Ruthy ya piensa en la despedida: “Me angustia dejarlos, cuando tengamos que volver a Buenos Aires. Todo lo que tenemos se queda en Israel. Pero me tranquiliza ver que están más cuidados que en Argentina”, dice.
“Lo que valen diez minutos en la vida (el lapso entre las alarmas en los celulares y las sirenas que anuncian la llegada de un ataque) lo aprendes acá”, reflexiona Sergio, el esposo de Ruthy.
Los padres y la abuela de Jennifer llegaron a Israel el 19 de enero, en tiempos serenos, y tienen fecha de regreso a Buenos Aires para el 3 de abril. ¿Podrán volver a casa?
El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Effie Defrin, confirmó este domingo que, por lo menos hasta la Pascua judía -es decir, hasta dentro de tres semanas-, continuarán las operaciones contra Irán.
“Tenemos miles de objetivos por delante”, aseguró Defrin.
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