Pyongyang cancela su maratón, la rendija deportiva de Corea del Norte al mundo | Deportes


La maratón de Pyongyang, una de las escasas rendijas deportivas en un país en el que el deporte está tan cerrado al mundo como el régimen, prevista para el 5 de abril, no verá la luz. No es la primera cancelación de un evento fundado en 1981 para celebrar el nacimiento del padre fundador de Corea del Norte, Kim Il Sung. Con una idiosincrasia muy particular que permite participación extranjera, seleccionada bajo una agencia intermediaria. Y que no importa, como otros grandes eventos, a africanos voladores para no cuestionar la supremacía de los atletas norcoreanos. Tan incuestionable es la autoridad que la organización no necesitó especificar el motivo de la cancelación y simplemente aludió a “algunas razones” para explicar una decisión que llegó el pasado lunes. En un contexto de inestabilidad global, con una guerra abierta en Oriente Próximo, uno de los lugares más herméticos del mundo ya no quiere visitantes. Aunque sea con zapatillas de correr.
Koryo Tours, una agencia de viajes de propiedad británica que organiza paquetes para visitar Corea del Norte, informó de la decisión y explicó que correspondía “a un nivel por encima de los propios organizadores del evento”. Esta es la única vía para un extranjero que quiera participar en la maratón probablemente más inaccesible del mundo. Este intermediario, con sede en China, ofrece varios paquetes desde Pekín, Shanghái y Shenyang con precios que parten desde los 2.190 euros e incluyen dos noches y media en la capital de Corea del Norte, además de un dorsal en la carrera y visitar los mejores lugares. Todas las plazas para la edición de este año estaban agotadas, según su página web. En el comunicado de su cancelación, aseguró que todos los depósitos serán devueltos y que los corredores tendrán la oportunidad de mantenerlos para una futura edición u otra visita al país. Los organizadores aún no han anunciado fecha para su edición de 2027.
La maratón de Pyongyang es considerada una de las pocas avanzadillas de su industria turística. La decisión de cancelar la prueba invita a un paso atrás de las autoridades a flexibilizar lo más mínimo su hermetismo internacional. La carrera recibe participación internacional desde 2014, siempre bajo un celoso filtro de las autoridades. A la suspensión de la edición de 2020 siguieron otras cinco ediciones, incluida la de 2024, suspendida también en el mismo año en el que estaba prevista su celebración.
Cuando el evento volvió a celebrarse el 6 de abril del año pasado contó con 500 participantes, repartidos entre la distancia maratón y otros tres eventos de menos recorrido: media maratón, 10.000 y 5.000 metros. La organización presumió entonces de “alrededor de 200 corredores internacionales amateurs”, lo que hizo de esta edición “una de las más diversas”, con más de 40 países representados. Su pequeña crónica habla de una mañana soleada con “condiciones ideales para correr” y de un estadio, el Kim Il Sung, a rebosar para la línea de meta.
La selección de qué corredores internacionales admite el país determina en última instancia la historia que quiere contar el evento. Mientras las maratones de Berlín, Londres o Chicago buscan a africanos voladores capaces de romper el récord del mundo, la de Pyongyang asegura la hegemonía nacional. En hombres, ganó Pak Kum Dong con un tiempo de 2h12m08s que no sería competitivo en grandes campeonatos. Como las 2h25m48s de Jon Su Gyong. El etíope Bekele Metaferia fue segundo, con otro coreano, Kwang Myong Jon, en el podio, seguido de un marroquí y otro etíope. En mujeres, Choe Il Gyong, otra norcoreana, fue segunda, seguida de la etíope Gelane Senbete, que tuvo a otra compatriota en quinto lugar.
Esa es la historia que conocen los norcoreanos: sus compatriotas vencen en casa a los africanos y a los dóciles turistas. Si quisieran presumir de una carrera de nivel, no les costaría traerse a uno de tantos atletas que bajan en un día malo de dos horas y cinco minutos, pero su interés no es vender Corea del Norte al mundo, sino traducir el mundo a sus ciudadanos a su propia manera. No interesa el mérito deportivo, sino una competición controlada en la que el país gane. Con todo, un riesgo, por pequeño que sea. Por eso la rendija de 2026 está cerrada.
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