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el avance de Irán sobre las bases del Golfo pone en vilo a las potencias europeas


En voz baja comienza a hablarse del peligro atómico. Irán intensificó ayer y esta mañana los ataques contra las bases en la zona del Golfo. Se anunció que un proyectil —que en realidad resultó ser un dron— impactó en la base militar italiana de Erbil, en Irak. El personal corrió a tiempo a los búnkeres subterráneos y «están todos bien», anunció el canciller Antonio Tajani.

Italia informó que pondrá inmediatamente en el mercado nueve millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas. Se trata de un esfuerzo coordinado con los otros miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para calmar la suba de precios de los combustibles, que siguen creciendo al intensificarse la guerra. La recomendación de la AIE de inyectar 400 millones de barriles en el mercado global representa la emisión coordinada más importante de la historia del organismo.

Los romanos, al igual que el resto de sus compatriotas, están aumentando la compra de alimentos y otros suministros, como radios de onda corta que funcionan con baterías o dinamo, preparándose para eventuales cortes de energía. Aunque la ansiedad está bajo control, el clima general se vuelve más pesimista, sobre todo después del ataque iraní que demostró que el conflicto se afianza. En el horizonte crecen los temores de que los desafíos se vuelvan nucleares y la situación empeore ad infinitum.

Las informaciones señalan que los líderes iraníes parecen decididos a continuar las hostilidades y el régimen mantiene aún el control de la opinión pública. Entre anoche y esta mañana se difundió una declaración del presidente Masoud Pezeshkian, quien sostuvo que para poner fin a la guerra se deben aceptar los derechos indiscutidos de su país y recibir reparaciones. Además, el mandatario reclama “una firme obligación internacional de impedir que esta agresión se repita”. El público lee estas declaraciones y queda cada vez más desconcertado.

Durante la mañana llegaron noticias del ataque iraní a la base principal de la Fuerza Aérea de Israel en el desierto del Néguev, así como de nuevos bombardeos a las bases de Dubái, Baréin y Kuwait, en el golfo Pérsico.

La escalada de tensión en Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno tras meses de hostilidades latentes, transformándose en un conflicto abierto que amenaza con desestabilizar el orden global. Lo que comenzó como enfrentamientos focalizados se ha desplazado hacia el corazón del Golfo Pérsico, involucrando directamente a Irán frente a la coalición liderada por Estados Unidos e Israel. Esta zona, vital para el tránsito del 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un escenario de ataques cruzados con drones y misiles, dejando atrás la era de la diplomacia para dar paso a una guerra de desgaste que ya golpea las economías de Occidente.

El impacto de esta crisis ha traspasado las fronteras regionales, generando una onda de choque que sacude a las principales capitales europeas. Ante el temor de un desabastecimiento energético sin precedentes y la posibilidad de que el conflicto derive en una confrontación nuclear, los gobiernos han activado protocolos de emergencia que no se veían desde las grandes crisis del siglo pasado. La movilización de reservas estratégicas de crudo y el reforzamiento de la seguridad en las bases militares internacionales marcan el inicio de una fase de incertidumbre donde la seguridad energética y la paz continental penden de un hilo.


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