Tchouameni, el pivote que se inspira en el histórico combate entre Muhammad Ali y George Foreman | Fútbol | Deportes

Aurélien Tchouaméni llegó al Real Madrid en el verano de 2022 con un psicólogo deportivo personal, y un cuaderno debajo del brazo para anotar las frases que le inspiraban, lo que aprendía por el camino y los objetivos pendientes. Era uno de esos futbolistas —tampoco tantos en ese momento— que visibilizaba la importancia de la mente en todo lo que ocurre en el césped. Un asunto, al final, clave para explicar la trayectoria de este pivote francés que, pese a que no ha resuelto los problemas de fondo del centro del campo del equipo para construir fútbol, sí se ha mostrado como una de las piezas más estables para apagar fuegos. Su personalidad a la hora de manejarse en un conjunto inconstante por vicio o naturaleza le ha hecho ganar peso en el último año en un cuadro que este miércoles recibe al Manchester City en la ida de los octavos de la Champions (21.00, Movistar). Su misión será ayudar a mantener el buque a flote y cuidarse de no ver una amarilla para no perderse la vuelta (igual que Vinicius y Huijsen).
Mucho antes de que el Bernabéu se levantara contra sus jugadores, a Tchouaméni (26 años) ya le había caído la gran bronca. Primero contra el Milan, en noviembre de 2024, cuando las dudas empezaban a echar raíces en el Madrid, y especialmente en una cita copera de enero de 2025 ante el Celta. Quizá, la noche que le sirvió para hacer palanca. “Lo que no te mata…”, escribió ese día en sus redes. Señalado por el público tras otro batacazo frente al Barcelona (5-2 en la final de la Supercopa), no dejó de pedir la pelota (fue el madridista que más intervino, 117 veces) mientras el empedrado no le perdonaba ni una. “Mirando atrás, estoy seguro de que fue un momento importante en mi carrera que me permitió dar un paso adelante”, reconocía hace tres meses en L’Equipe, donde aseguró también que aquel episodio le había valido para ganarse el reconocimiento del vestuario. En los últimos pitos al equipo, sin embargo, él ha salido bastante bien parado dentro de un ambiente general de revuelta popular.
Fijo para todos sus entrenadores pese a la crítica del anfiteatro y a que no ha resuelto las carencias del Madrid en la salida de balón, su crecimiento ha venido por su trabajo defensivo y el carácter que ha exhibido en unos tiempos muy tormentosos. En diciembre, en unos días ya de gran debilidad de Xabi Alonso por la caída de tensión y la relación con algunas estrellas, salió a exonerar al tolosarra y apuntó al rendimiento de la plantilla. “No es culpa del entrenador. Somos nosotros los que jugamos”, advirtió antes del duelo en la liguilla europea con el City. El técnico, desde una primera charla que tuvieron por videoconferencia, trató de enseñar al francés a posicionarse mejor en el campo, con más eficiencia, explicó el jugador, que cuenta también en Francia con un sector del público y la prensa que lo mira con desconfianza. Para Didier Deschamps, sin embargo, como para Carlo Ancelotti, él siempre estuvo por delante del voluble Camavinga.

En esta Liga de Campeones, Tchouaméni es el madridista que más balones ha recuperado (56, seis más que Carreras); el que más duelos ha tenido (30, siete más que Camavinga); el que más entradas con éxito ha realizado (17, tres más que Bellingham); y el que más distancia ha recorrido en el campo (31,5 kilómetros, el segundo es Güler con 27,9), según las estadísticas de la UEFA. En los últimos días, además, se ha apuntado sus dos únicos goles del curso, al Benfica y en Vigo, en un momento de ausencia de Kylian Mbappé, baja también este miércoles. Nunca fue un centrocampista goleador, pero en el Madrid, obligado a barrer a su alrededor, todavía menos: siete dianas en 183 partidos, frente a las ocho en el Mónaco en la mitad de choques (95).
Dominador del castellano e inglés por influencia materna (profesora de castellano), Tchouaméni mueve por los pasillos su cuerpo de casi 1,90 con el tronco recto, tieso como un palo. En el pasado, gente con acceso a Valdebebas consideró que le faltaba algo de humildad para entender que debía seguir creciendo. Su gran salto con el balón en los pies no se ha producido y él sigue necesitando un organizador al lado, como en los tiempos de Kroos, pero sí se ha hecho fuerte limpiando atrás y resistiendo al juicio crítico del Bernabéu. Sigue trabajando con un coach y en su charla con L’Equipe confesó que una de sus inspiraciones para trabajar la fortaleza mental es ver la histórica pelea entre Muhammad Ali y George Foreman de 1974 en Kinshasa. “Me da ganas de explorar otros caminos, de no rendirme nunca”, afirmaba el pivote madridista sobre un combate en el que Ali resistió contras las cuerdas la embestida de su rival hasta lanzar el ataque ganador.
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