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Los errores de Antonin Kinsky y la gestión de la portería del Tottenham desatan el escándalo en Inglaterra: “Han destruido su carrera” | Fútbol | Deportes


El mundo del fútbol se levantó dividido en dos facciones partisanas este miércoles. Aquellos que creen que Antonin Kinsky se destruyó a sí mismo regalándole un 3-0 al Atlético en 15 minutos, y aquellos que sostienen que la carrera del imberbe portero checo del Tottenham fue arrojada al vertedero por el responsable de cuidarla, su entrenador Igor Tudor.

“Verlo me rompió el corazón”, dijo Joe Hart, exportero de la selección inglesa, firme partidario del corporativismo ante un hecho sin precedentes. Solo en tres ocasiones se produjo el cambio de un portero antes de los 20 minutos de partido en la Champions. Y nunca por razones técnicas.

El drama adquirió ramificaciones morales. Pero comenzó por un problema de índole agronómico. Pastoral. “Metimos mucha presión y los errores vienen por presión nuestra, porque el campo resbala mucho”, dijo Griezmann, con una risita, en Movistar. “¡Pero nosotros estamos acostumbrados!”.

“Nosotros provocamos que ellos cometieran errores”, se ufanó Diego Simeone, el técnico del Atlético, como si él y sus hombres hubieran tendido una trampa desde la gestión de la jardinería y la utilería del taco largo. Porque todo comenzó cuando Kinsky pisó el suelo frío y duro del Metropolitano, este martes en el minuto seis de la ida de los octavos de final de la Champions. Los tacos de la bota no se enterraron en la hierba rala. Su pie de apoyo se escurrió y el balón que intentó darle a su defensa acabó en los pies de Lookman, el delantero del Atlético, que se lo dio a Julián, que se lo dio a Llorente, autor del 1-0. Luego se resbaló Van de Ven, prólogo del 2-0. Y no había transcurrido un minuto desde el 2-0 cuando Kinsky pifió el contacto y le entregó el balón a Julián en boca de gol, para el 3-0. Todo en 14 minutos. Para horror de Tudor, que inmediatamente mandó a calentar a Guglielmo Vicario, el que habitualmente es el primer portero del equipo, y cuya ausencia llenó de perplejidad a los hinchas cuando vieron a Kinsky en la alineación.

El querúbico Kinsky, de deslumbrante melena dorada, era, hasta ayer, poco menos que un desconocido para los aficionados de los Spurs. Fichado al Slavia de Praga en el merado invernal de la temporada 2024-25, a la edad de 21 años, constituía algo parecido a un proyecto para un futuro lejano. Un brote verde. Muy verde. Su récord de la temporada pasada ya era revelador de por sí: con él bajo palos el Tottenham fue eliminado de la Copa por el Liverpool con un balance de 4-1; en la Carabao Cup expulsó al Tamworth de Tercera División pero cayó ante el Villa por 2-1; y disputó seis partidos de Premier con un saldo de cinco derrotas y una victoria (ante el Bretford). Total: 11 goles en contra, seis a favor. Este curso solo disputó la Copa Carabao con victoria ante el Doncaster Rovers de Tercera y eliminación ante el Newcastle en octubre con un balance curioso. El Tottenham disparó cinco veces a puerta y no marcó; y al Newcastle le bastó con rematar tres veces para llevarse el partido por 2-0. Igor Tudor lo consideró suficiente aval para poner a Kinsky en el equipo que enfrentó al Atlético. Pero se arrepintió a los 14 minutos.

Tudor cambió a Kinsky sin siquiera mirarlo a la cara. Una aberración profesional, en opinión de Peter Schemichel, exportero del United y leyenda de la Premier: “Esto tendrá repercusiones para el resto de la carrera de Kinsky. Todo el mundo del fútbol recordará este momento cada vez que escuchemos su nombre. [Tudor] debería haberlo aguantado al menos hasta el descanso. Lo que ha hecho ha sido destruir una carrera”.

Joe Hart se mostró más escandalizado en la cadena TNT: “¡Incluso el estadio se apiadó de él y lo aplaudió! Tudor ni siquiera lo confortó. Si eso es gestión de personal estoy estupefacto. Eso no sucede ni en ligas de aficionados. Eso no es un trato humano”.

Ahora el Tottenham se plantea la destitución fulminante de Tudor. Nombrado entrenador interino tras el despido de Thomas Frank en febrero, el club que ocupa el noveno puesto del ránking mundial de Deloitte por ingresos anuales pretendió zarandear al vestuario con una terapia de choque que conjurara la amenaza del descenso a Segunda División. Estaban a cinco puntos de la zona roja. Hoy, tras cuatro partidos dirigidos por el nuevo técnico, cuatro derrotas contundentes, el Tottenham se tambalea a un punto del abismo. Según The Athletic, la publicación del New York Times, el club londinense baraja alternativas a la desesperada. Pagar la liberación de Andoni Iraola (técnico del Bournemouth), o la de Oliver Glasner (técnico del Palace), o la de Marco Silva (técnico del Fulham), o negociar con entrenadores en el paro como Xabi Alonso, De Zerbi o Marco Rose.

La roca se despeña y aplasta al que se ponga por delante. Pero la caída comenzó hace mucho. El Tottenham ha ganado 12 de sus últimos 55 partidos de Premier. El 5-2 del Metropolitano es un hito entre muchos. Tanto que a Simeone le pareció poco. “Debimos aumentar la diferencia en la primera parte”, dijo el técnico. “Pero no voy a valorar las decisiones de un colega porque siempre hay motivos para tomar decisiones. No es problema mío”.

“Por el bien del muchacho”

Humildemente, Simeone admite que no sabe lo que todo el mundo quiere saber. ¿Por qué Tudor apostó por Kinsky? “Porque es un muy buen portero”, dijo Tudor. ¿Y por qué le sustituyó de manera tan brutal? “Por el bien del muchacho y por el bien del equipo”, replicó, cuando le repitieron la misma pregunta una y otra vez. Pocos le creyeron.

Paul Robinson ex portero de los Spurs, descargó su andanada en la BBC: “El cambio en el minuto 17 fue muy egoísta por parte del entrenador; sabe que no estará aquí mucho tiempo. Lo sustituyó para preservarse a sí mismo, sin pensar en que el chico tiene toda una carrera por delante”.

Kinsky tenía una carrera jalonada de tiros en contra que iban directo a la red. Ahora solo tiene malos recuerdos.


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