La viuda del presidente de Haití ofrece un testimonio desgarrador sobre el magnicidio

Martine Moise describió al tribunal la noche de julio de 2021 cuando hombres armados irrumpieron en su residencia, mataron a tiros a su esposo y la hirieron gravemente.
Casi cinco años después de que el presidente de Haití fuera asesinado en su dormitorio, delante de su esposa, el martes esta se ahogó en lágrimas al comenzar a testificar en el juicio celebrado en Estados Unidos contra cuatro de los hombres acusados de planear su asesinato.
“Por favor, perdónenme”, dijo Martine Moise ante el Tribunal Federal de Distrito de Miami al romper en lágrimas instantes después de subir al estrado.
Utilizando el nombre con el que llamaba a su esposo desde hacía 25 años, el presidente Jovenel Moise, añadió:
Martine Moise, hablando durante el funeral de su marido, Jovenel Moise, en Cabo Haitiano, Haití, en 2021. Federico Ríos para The New York TimesMartine Moïse habla durante el funeral de su marido, Jovenel Moïse, en Cap-Haitien, Haití, el 23 de julio de 2021. (Federico Ríos/The New York Times)
“Le prometí a Jo que no volvería a llorar. Llevo tanto tiempo esperando”.
Testimonio
Vestida con chaqueta, blusa y falda negras, Moise, de 51 años, luchó con sus emociones cuando empezó a describir los acontecimientos de la noche de julio de 2021, cuando unos hombres armados irrumpieron en su residencia, mataron a tiros a su esposo y la hirieron gravemente, lo que sumió a su atribulado país en un caos aún mayor.
El martes, al comenzar el juicio, dijo al tribunal que aquella noche se despertó a eso de la 1 a. m. por el ruido de los disparos y se volvió, aterrorizada, hacia su esposo, que yacía a su lado.
“Lo miré a los ojos. Estaba en estado de shock”, dijo.
Moise narró que le preguntó:
“Cariño, ¿qué está pasando?”.
Él respondió: “Cariño, estamos muertos”.
Jovenel Moise, de 53 años, fue abatido a quemarropa poco antes de las 2 a.m., en la culminación de lo que, según la fiscalía, fue una conspiración de un mes orquestada por una empresa de seguridad de la zona de Miami, la Academia Federal de la Unidad Antiterrorista, o CTU por su sigla en inglés.
La fiscalía afirma que la CTU esperaba derrocar al presidente en un “golpe violento” para obtener lucrativos contratos de seguridad de su sustituto.
Los cuatro acusados, imputados por conspiración “para matar o secuestrar” al presidente, incluían a los copropietarios de la CTU, Arcangel Pretel Ortiz, que es colombiano, y un estadounidense de origen venezolano, Antonio Intriago, quien también se enfrenta a cargos relacionados con la exportación ilegal de chalecos antibalas.
También están acusados James Solages, empleado haitianoestadounidense de la empresa de seguridad, y Walter Veintemilla, estadounidense de origen ecuatoriano que ayudó a financiar el proyecto de la compañía en Haití.
Un quinto acusado, Christian Sanon, pastor haitianoestadounidense y aspirante a candidato presidencial, será juzgado por separado en una fecha posterior debido a problemas de salud.
La acusación de 2023 imputaba a 11 hombres en una extraña trama en la que estaba implicado un equipo de sicarios formado por unos 20 ex soldados colombianos, la mayoría de los cuales están encarcelados en Haití a la espera de ser juzgados allí.
Cinco acusados en el caso estadounidense se han declarado culpables de participar en la conspiración y han sido condenados a cadena perpetua, y otro se declaró culpable de un cargo de proporcionar chalecos antibalas y fue condenado a nueve años.
Acusación
Durante las declaraciones iniciales del martes, antes de que Martine Moise testificara, el fiscal, Sean McLaughlin, resumió el caso del gobierno para el jurado, y afirmó que los acusados estaban motivados por “la codicia, la arrogancia y el poder”.
El caso contra los cuatro “no era complicado”, dijo McLaughlin al jurado y explicó que pretendían hacerse con el poder y enriquecerse.
“Tan arrogantes y confiados en sí mismos, como demostrarán las pruebas, y con tan poca consideración con la República de Haití y su pueblo, pensaron que podían conseguirlo”, dijo.
Dijo que los acusados se comunicaban mediante mensajes de texto cifrados poco disimulados, llamando a Moise “la rata” y “el ladrón”.
También dijo que a veces llevaban uniformes militares estadounidenses falsos y se hacían pasar por funcionarios del Departamento de Estado, la Administración para el Control de Drogas o la CIA.
Los fiscales afirman que la empresa de seguridad también organizó reuniones con líderes de pandillas violentas de Haití para ayudar a deponer a Moise, como parte de varios esfuerzos cada vez más desesperados para derrocarlo en 2021.
Tras el asesinato de Moise, dijo McLaughlin, uno de los acusados envió un mensaje de texto que decía: “la rata está en la caja”.
Los fiscales afirman que los acusados no expresaron “ninguna conmoción u horror genuinos”, y que estaban concentrados en su plan de fuga, el cual fracasó al verse acorralados y detenidos.
Los abogados defensores sostienen que sus clientes son inocentes y que la empresa de seguridad se vio accidentalmente envuelta en un siniestro plan de oscuras fuerzas haitianas que tergiversaron la legítima misión de seguridad de la empresa en favor de su propio plan para deshacerse de Moise.
En sus alegatos iniciales, los abogados defensores culparon repetidamente a varios haitianos implicados en el plan, encabezados por un ex funcionario del Ministerio de Justicia haitiano, Joseph Badio, quien fue despedido por Moise por corrupción dos meses antes del asesinato.
“A mi cliente le tendieron una trampa”, dijo Orlando do Campo, abogado de Pretel, quien descartó cualquier mensaje de texto potencialmente incriminatorio como “declaraciones hechas con falsa bravuconería”.
Dijo al jurado que su cliente era un exagente de la ley colombiano entregado a su trabajo, quien durante muchos años había trabajado como informante del FBI en casos delicados relacionados con el narcotráfico y el terrorismo.
Lejos de dirigir una conspiración encubierta, dijeron los abogados, los propietarios de la empresa de seguridad escribieron una carta a la embajada de Estados Unidos en la que anunciaron su presencia en Haití, e incluso facilitaron los nombres y pasaportes de los 20 soldados colombianos que habían contratado para trabajar allí.
“¿Qué clase de persona que está planeando un asesinato va a la embajada y se anuncia?”, dijo Emmanuel Perez, abogado de Intriago.
Dijo que su cliente estaba en un asado familiar en Texas la noche del asesinato y que no se enteró del ataque a la residencia del presidente hasta más tarde esa mañana.
Martine Moise volverá al estrado el miércoles por la mañana.
Se espera que el juicio dure entre cuatro y seis semanas.
Su testimonio es la primera vez que habla en detalle sobre el asesinato desde 2021, incluida una larga entrevista con The New York Times apenas tres semanas después del atentado.
En esa entrevista, describió cómo los disparos le destrozaron el codo cuando los asesinos irrumpieron en la habitación.
“Lo único que vi antes de que lo mataran fueron sus botas”, recordó entonces Moise.
“Luego cerré los ojos y ya no vi nada más”.
El martes entró y salió del juzgado con la parte inferior del brazo derecho torcida, y los fiscales dicen que el codo le quedó dañado de forma permanente.
Quienes han seguido el caso sienten curiosidad por saber si el juicio finalmente revelará lo que buscaban.
Antes de que el tribunal levantara la sesión el martes, Martine Moise relató cómo, tras oír los disparos, se arrastró escaleras abajo para ver cómo estaban sus dos hijos, ambos veinteañeros, a quienes encontró en el dormitorio de su hijo con un perro de la familia.
Les dijo que se protegieran de las balas perdidas en un cuarto de baño sin ventanas, y luego volvió a subir a su dormitorio.
Encontró a su esposo escondido en el suelo, a la derecha de la cama, y él le indicó que hiciera lo mismo a la izquierda de la cama y que usaran el colchón como cubierta.
Tumbada boca abajo, dijo que intentó meter la cabeza y la parte derecha del cuerpo debajo de la cama, pero era demasiado baja.
Fue entonces cuando irrumpieron los hombres armados.
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