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La entrenadora de Ucrania, una selección desgastada por la guerra: “Las jugadoras a veces están mal, perdieron a amigos y familiares” | Mundial fútbol femenino 2027

Ucrania, una selección desgastada por los más de cuatro años que lleva sufriendo la invasión rusa, se enfrenta este sábado a España (18.00; La1) en la ciudad turca de Antalya en el segundo encuentro de la fase de clasificación para el Mundial 2027. El combinado dirigido desde hace unas semanas por la exinternacional Iya Andrushchak no puede jugar en su país debido a los bombardeos de Moscú. “La situación afecta a todos los aspectos de nuestra vida, también a la selección. Vivimos en plena guerra, bajo ataques constantes. Cada concentración es muy difícil de organizar porque siempre nos tenemos que ir a un país extranjero, pero para nosotras cada partido es un recordatorio en el que le decimos al mundo que estamos vivas y seguimos luchando”, dice la seleccionadora en una videollamada con EL PAÍS en la que también participa Anastasiia Klipachenko, directora de fútbol femenino de la federación ucrania. “Es que muchas jugadoras viven y trabajan en Kiev, donde la situación empeora cada día. Tenemos problemas con la electricidad y el agua”, añade ella.

Klipachenko se refiere a las consecuencias que ha tenido para la población civil, y por ende para el deporte, la ofensiva rusa sobre la infraestructura crítica de energía en el implacable invierno ucranio. “Tenemos un sistema de generadores que nos ayuda a mantener la luz y el agua, pero ha habido muchos partidos de nuestras ligas en los que empezaron a sonar las alarmas antiaéreas y no pudimos continuar. Las chicas tienen que esperar dos o tres horas para volver después al campo. Es muy duro a nivel mental y físico”, desarrolla. Ucrania se estrelló contra Inglaterra hace solo cinco días en Antalya. La campeona de Europa goleó 1-6 a un conjunto que ocupa el 34º puesto del ranking FIFA y que jamás ha pisado una Copa del Mundo. La Roja, que lidera esa clasificación, tumbó a Islandia (3-0) el martes en Castellón sin ninguna dificultad y ayer viajó a la ciudad turca tras considerar que el desplazamiento era seguro pese al misil balísitico iraní que fue derribado el miércoles por el sistema de defensa de la OTAN sobre el espacio aéreo de Turquía. El incidente puso en riesgo el viaje, pero la UEFA, el Consejo Superior de Deportes y las federaciones de fútbol española y ucrania decidieron el jueves que el vuelo era seguro a pesar de la oposición del sindicato AFE.

Solo el primer puesto del grupo da acceso directo a Brasil 2027. La segunda y tercera clasificadas se verán abocadas a una repesca con dos eliminatorias a ida y vuelta entre octubre y diciembre. Con las campeonas del mundo y las de Europa en su mismo cuadro, Ucrania aspira a conseguir al menos uno de esos billetes. “España e Inglaterra son dos modelos a seguir, y viven una realidad muy distinta a la nuestra. Nuestros viajes, en invierno, duran más de 24 horas porque salimos primero en autobús, luego vamos en tren hasta Polonia o Moldavia, y desde ahí volamos a Turquía. Es una dificultad muy grande porque las jugadoras no descansan”, lamenta Andrushchak, que disputó más de 50 encuentros con su selección como futbolista.

La entrenadora explica que ahora mismo tiene a nueve internacionales que no militan en Ucrania. Cuando explotó la guerra, el catalán Lluís Cortés dirigía al combinado nacional. El primer técnico en levantar una Champions con el Barcelona dejó el cargo poco después. “La guerra destruyó sus planes y nuestro sueño de trabajar más con él. Hubiera sido muy beneficoso para nuestro equipo. Estaba muy preocupado por las chicas y ayudó a muchas a salir y a buscar clubes en otros países europeos”, recuerda Klipachenko. La única clasificación de Ucrania para la fase final de un gran torneo fue en 2009, cuando estuvieron en la Eurocopa de Finlandia. La guerra ha ralentizado el desarrollo del fútbol femenino en un país con millones de personas emigradas, cientos de miles muertas y heridas en sus filas y varios millones más que viven bajo ocupación rusa. “Las jugadoras a veces vienen con mucha energía, pero otras veces están mal. Algunas tienen a amigos en el frente que siguen allí o murieron, y algunas perdieron a familiares. Es muy difícil, pero son chicas que intentan centrarse en su carrera profesional. En eso somos el equipo más fuerte del mundo”, opina Andrushchak.

Ni ella ni nadie en la federación ucrania están de acuerdo con la propuesta que soltó a principios de febrero el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de levantar la prohibición de que Rusia participe en competiciones internacionales al considerar que con el veto “no se ha logrado nada”. “No tenemos vida normal ni siquiera para entrenar. Yo no quiero que el fútbol sea propaganda, pero es un altavoz que le recuerda al mundo que la guerra continúa y que necesitamos ayuda. Nuestra selección nacional demuestra que Ucrania sigue siendo parte de Europa y de la familia mundial del fútbol y que nuestro futuro ahora es una incógnita”, defiende la entrenadora. A Klipachenko también le molestaron las palabras del mandamás de la FIFA: “Nuestra selección es nuestro ejército deportivo. No luchamos en el frente como nuestros hombres, pero lo hacemos por nuestra independencia y por nuestro nombre. Para nosotros, es importante cantar nuestro himno y mostrar nuestra esencia. El deporte y la política están dentro de la misma línea”.


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