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Valverde da una semana más al Real Madrid | Fútbol | Deportes

Al Real Madrid se le escapaba un poco más la Liga, con empacho de balón, pero más paradas de Courtois y un palo de Iago Aspas. Se aferraba a la cornisa de los últimos segundos, ya al final del añadido, con Manuel Ángel y Palacios, dos recién llegados, sobre el campo porque a Arbeloa, con el pelotón diezmado, no le queda más de lo que tirar. Y allí, en el límite, le cayó un despeje a Valverde. El uruguayo soltó un derechazo que desvió Marcos Alonso y terminó en la red. Después de dominar el balón pero ver más peligro de un estupendo Celta, el Real deshizo el empate en un lance desesperado y ganó una semana más de esperanza de superar al Barcelona. Se acostaron a solo un punto del equipo de Flick, que visita este sábado al Athletic en San Mamés.

1


Ionut Radu, Marcos Alonso, Carl Starfelt, Javi Rodríguez, Óscar Mingueza (Iago Aspas, min. 82), Ilaix Moriba (Matías Vecino, min. 90), Sergio Carreira, Miguel Román, Ferran Jutglà (Hugo Álvarez, min. 69), Williot Swedberg (Fer López, min. 69) y Borja Iglesias (Jones El Abdellaoui, min. 69)

2


Thibaut Courtois, Ferland Mendy, Antonio Rüdiger, Raúl Asencio, Trent Alexander-Arnold, Federico Valverde, Arda Güler (César Palacios, min. 64), Aurélien Tchouaméni, Thiago Pitarch (Manuel Ángel, min. 89), Brahim Díaz (Gonzalo García, min. 76) y Vinícius Júnior

Goles
0-1 min. 10: Tchouameni. 1-1 min. 24: Borja Iglesias. 1-2 min. 93: Valverde

Arbitro Isidro Díaz de Mera Escuderos

Tarjetas amarillas
Borja Iglesias (min. 30), Tchouameni (min. 85), Asencio (min. 89)

Fue otro latigazo de Valverde para deshacer un nudo de angustia después de dos derrotas seguidas en la Liga. El Madrid se presentaba en Vigo con la incómoda resaca de la derrota contra el Getafe, las pobres sensaciones, el malestar del Bernabéu y el Barça alejándose. También con diez bajas y una nutrida colección de canteranos que hacían escala en Primera para jugar al día siguiente con el Castilla contra el Arenteiro en O Carballiño. Urgencias máximas y escasez de efectivos. Ante este panorama asfixiante, Arbeloa consiguió que su equipo sacara su versión más solidaria.

El Madrid empezó tratando de apretar arriba, más junto y ordenado que otras noches, más constante, revitalizado por la energía de Pitarch en su segunda titularidad consecutiva, y por el hambre de Brahim, muy orillado hasta ahora. Y por supuesto, sostenido por la jerarquía apabullante de Tchouameni, cacique del centro del campo, donde desactivaba el tráfico del Celta, cada vez menos frecuente.

El Real se quedaba la pelota en tramos cada vez más largos, y la circulaba con más vitalidad que las últimas noches. También fluían más los jugadores. Habían despertado de semanas de vida estática, casi contemplativa. Rüdiger y Asencio probaban lanzamientos a la espalda de la defensa porque veían compañeros haciendo carreras de ruptura. Aunque no encontraban nada por esa vía e iban pasando el tiempo de banda a banda, un ir y venir horizontal que hundía al Celta contra el área de Radu. Allí se asomaba Tchouameni, que enganchó dos tiros seguidos. Del segundo salió un córner. El francés se quedó en el sitio, y allí le envió Güler el balón. Tchouameni volvió a soltar la pierna y acertó con la red después de dar al palo. Como nueve días antes contra el Benfica, el francés lo hace todo: robar y marcar.

El Madrid tocaba alrededor de un rival en retirada, pero Giráldez ha ensamblado una maquinaria extraordinariamente bien afinada con mucha intención. Tenían menos balón, pero generaban más peligro. Ya muy al principio, Courtois se había tenido que estirar para alcanzar un disparo de Borja Iglesias. El Celta tenía muy claras las rutas por las que podía hacer daño al Madrid. Viviendo tan atrás, quedaba mucho espacio detrás de la defensa del Real. Mingueza avistó la carrera de Wiliot 50 metros por delante. El sueco se encontró con el balón y con Trent, una presencia vaporosa que apenas sintió. Tuvo todo el tiempo que quiso para asistir a Borja Iglesias.

Con el empate, se mantuvo el reparto de la pelota, pero al único portero que se vio fue a Courtois, que reaccionó bien a un remate a bocajarro de Wiliot. Al otro lado sucedía poco. Vinicius solo apareció al ver un pase filtrado de Trent. Alcanzó el área y tiró al palo. Pero pasaban los minutos y no intentaba un regate. Por una vez, el partido iba por una senda que no era la del brasileño, y el Madrid apenas picaba, con Brahim lejos del peligro.

A Arbeloa se le iba la Liga y en el banquillo solo tenía un manojo de canteranos. El primer movimiento fue retirar a Güler, que se marchó entre sorprendido y disgustado, y meter a César Palacios, otro chute de energía para reactivar el medio y apretar de nuevo arriba. Volvían a hundir al Celta, que aguantaba, pero veía asomar cada vez más las camisetas negras en su área. Al otro lado, a Giráldez le quedaba el recurso de Iago Aspas, que salió, burló a Asencio y tiró al palo. Parecían más cerca de la victoria, pero el Madrid exprimió las últimas gotas de orgullo, rematadas por el misil de Valverde. Tienen una semana más.


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