El Athletic se agarra a su memoria reciente para retar a la Real Sociedad | Fútbol | Deportes


El Athletic Club no solo se juega una semifinal en Anoeta ante la Real Sociedad. Se juega la confirmación de que ha sabido levantarse cuando el suelo parecía demasiado cerca. Porque no hace tanto, el equipo rojiblanco miraba más hacia abajo que hacia arriba. Llegó a estar a tres puntos del descenso, con el ruido creciendo alrededor y la ansiedad instalada en el entorno. Fue entonces cuando el presidente, Jon Uriarte, verbalizó el objetivo con crudeza: 17 puntos para alcanzar los 42 que suelen garantizar la permanencia. No habló de Europa ni de finales. Habló de supervivencia.
Ese mensaje, más que conservador, fue un ejercicio de realismo institucional. Y el equipo respondió. De la urgencia pasó a la estabilidad. De la duda, a la competitividad. El vestuario asumió el reto sin dramatismos públicos, pero con una reacción tangible sobre el césped. El rumbo se enderezó con una secuencia de partidos más sólidos, menos vulnerables, más reconocibles. Cuatro victorias (Valencia, Levante, Oviedo y Elche), un empate (Rayo Vallecano) y una única derrota, la encajada en Copa frente a la Real, ha sido la respuesta del equipo.
En el banquillo, Ernesto Valverde ha ido recuperando piezas y, con ellas, certezas. La enfermería se ha vaciado en gran medida y el equipo ha ganado profundidad y variantes. Solo queda la ausencia sensible de Nico Williams, todavía inmerso en el tratamiento para resolver sus problemas de pubalgia. Su desborde y su verticalidad son un recurso diferencial, pero el Athletic ha aprendido en estas semanas a competir sin depender de un solo foco.
El contexto añade espesor a la cita de Anoeta. No es un equipo descompuesto el que acude a remontar el 0-1 de San Mamés, sino uno que ha atravesado la tormenta y ha salido con el pulso más firme. Que ha cambiado el discurso de la supervivencia por el de la ambición sin perder la memoria de lo que costó estabilizarse. Ahí es donde el espejo de 2015 adquiere sentido. Aquel curso fue una lección sobre cómo las temporadas pueden fracturarse y recomponerse. Eliminados en la fase de grupos de la UEFA Champions League, con una primera vuelta de 19 puntos y la sensación de caída libre, el equipo reaccionó con una segunda mitad de campeonato formidable que le devolvió a Europa y le llevó a la final de la Copa. En semifinales, tras un 1-1 inquietante en San Mamés ante el Espanyol, fue a Barcelona sin el favor de nadie y ganó 0-2, con goles de Aduriz y Etxeita. Cambió el relato en 90 minutos.
De aquella plantilla solo queda Iñaki Williams. Él es la memoria viva de que el Athletic, cuando se siente cuestionado, suele responder desde el orgullo competitivo.
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