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Open de Australia 2026: Alcaraz y Djokovic, historia y más historia en el reencuentro con el viejo lobo | Tenis | Deportes

Eran dos cuerpos machacados. El uno, de 22 años y en la flor de su vida deportiva, admitía: “Mañana me levantaré tieso…”. Y el otro, 16 años mayor, de 38, recordaba: “Biológicamente, creo que para él será un poco más fácil recuperarse…”. Carlos Alcaraz y Novak Djokovic se retiraban el viernes a sus respectivos hoteles sin un solo segundo que perder, porque, al fin y al cabo, lo que vislumbran por delante es demasiado goloso como para no dar un último empujón. ¿Cansancio? ¿Qué es el cansancio a estas alturas y con dos bocados históricos tan apetitosos por delante? Vibran con fuerza las calles de Melbourne.

El crepitar metálico de los tranvías anticipa una explosión de felicidad: caiga del lado que caiga, la final de hoy en la Rod Laver Arena (9.30, Eurosport y HBO Max) deparará un desenlace maravilloso y significativo. Historia o historia. Sin medias tintas. Acostumbrado el tenis últimamente a la rutina de ir descontando rondas hasta que Alcaraz y Jannik Sinner —ahora fuera de plano, eliminado por el serbio— confluyen para seguir repartiéndose el pastel, llega ahora un episodio seguramente insospechado. Ahí está el español, pero, novedad, enfrente no estará su compañero de viaje, sino el mito. ¿Pero cómo es posible…? Lo es.

Djokovic, el viejo lobo. ¿Acaso alguien lo vio venir? Probablemente no. O quizá sí. Nadie confía más en Nole que el propio Nole, el hombre de las mil vidas, el millón de llaves y los tropecientos trucos de escapismo. Difícil prever que llegaría hasta aquí. Meritorio no, lo siguiente. Dado ya por sobradamente amortizado, el balcánico viene repitiendo desde hace tiempo que continúa peloteando para algo más que acompañar e intentarlo, no es un simple aderezo. Todavía le hierve la sangre. Lo quiere, lo necesita. Y ahí delante tiene el 25, el undécimo trofeo en Australia. ¿Cómo no iba a ir a por todas?

“Él [Alcaraz] también ha tenido un partido exigente. Pero le saco unos cuantos años, claro”, precisaba el balcánico después de sorprender en las semifinales a Jannik Sinner, tras una pechada de 4h 07m que apeó contra todo pronóstico al italiano. De repente, Djokovic volvió a moverse como en los buenos tiempos, enchufado, completamente en trance. “Me hago viejo, pero aquí estoy, aquí sigo. Compito todavía para llegar a finales como esta e intento disfrutar del momento. Mi preparación es la que debe ser. El año pasado ya le gané aquí, en un partido también muy duro. Veremos cómo de frescos llegamos los dos”, prolongaba.

El físico, factor diferencial de un torneo que ha transcurrido a golpe de pájaras. A Sinner (24 años) casi se lo lleva por delante el calor en la cuarta ronda; a Djokovic le martirizaron las ampollas durante el duelo contra Lorenzo Musetti; y el viernes Alcaraz tuvo que sortear una situación límite ante Alexander Zverev, que le requirió de 5h 27m de estancia en la pista. Mucho, demasiado, incluso para un físico rebosante como el de él. “El cuerpo tiene memoria”, decía el español, al tiempo que rescataba su mensaje más guerrillera para rehacerse a contrarreloj.

4 kilómetros y 4 horas más

“En las finales no puedes estar cansado”. “Odio rendirme”. “En ningún momento me he sentido muerto”, anteponía el de El Palmar, de menos a más a lo largo de estas dos semanas —Walton, Hanfmann, Moutet, Paul, De Miñaur y Zverev de por medio— y nadalizado para sacar adelante el último episodio. Era la épica o la nada. Se ensalza siempre su calidad y esa versatilidad que le permite ir descifrando los partidos sobre la marcha, pero con frecuencia se omite el incalculable valor de ser un cabeza dura. Lo era de niño, lo es hoy. Lo sabe Sinner, lo sabe Zverev y lo comprobó en su momento Djokovic.

“Tiene esa resistencia mental”, recalcaba el serbio cuando se inclinó por primera vez —serían dos más adelante— en la hierba de Wimbledon, en 2023. Mes y medio antes, ya había sudado más de la cuenta para contener en París a ese chico que a pesar de los calambres, le tuteó allí. No olvidará tampoco cuando se llevó el primer revolcón, en la arena de la Caja Mágica de Madrid. Y tuvo que tirar de toda su excelencia para derrotarle tanto en la sartén de Cincinnati como en los Juegos Olímpicos de París. Ese día, Djokovic efectuó un esfuerzo monumental, a la altura (si no más) de los que llevó a cabo previamente para combatir con Nadal.

Sobre alerta, sabía que la siguiente vez no le iba a bastar con la estrategia. Así que, zorro él, se metió directamente en su mente. Nadie ha sacado más petróleo de entre las dudas. Sucedió en Melbourne, marco del reencuentro. “Alguien que está pensando en retirarse, no juega así después…”, puso en duda aquella noche Alcaraz, después de que el veterano detuviera el partido por una dolencia muscular. Carrocería de privilegio, la suya, igualmente la del español, que este sábado reservó fuerzas e hizo trabajo exclusivo de recuperación porque el palizón que exigió la remontada contra Zverev obligaba al descanso.

Toda precaución es poca, teniendo en cuenta que a pesar de haber tenido que exprimirse contra Sinner, el de Belgrado le encara con cuatro kilómetros y partido y medio menos en las piernas. Hasta aquí, Djokovic ha recorrido una distancia de 13,4 kilómetros, por los 17,6 del líder del circuito, quien a su vez ha invertido cuatro horas más sobre la pista; 17h 21m de uno, por las 13h 16m del otro. Si Alcaraz totalizó en el estreno 7,5 kilómetros y posteriormente un promedio de unos 8,5, contra el hamburgués el cálculo ascendió a 15,6. Djokovic, por su parte, inició el torneo con 6,4 y el contador subió el último día a 13,4.

Recuperar la fluidez

“Esto ya suena como si hubiera ganado, pero en un par de días lucharé contra el número uno y mi deseo es jugar de tú a tú contra él”, advertía de madrugada el campeón de 24 grandes. Si él tiene a tiro el récord de los récords, deshacer el empate con la australiana Margaret Court y gobernar definitivamente la historia de su deporte, además de celebrar su undécimo éxito en Melbourne, su adversario aspira a convertirse en el noveno jugador que logra cerrar el círculo del Grand Slam —conquistar los cuatro grandes, al menos una vez cada uno de ellos—, con el aliciente de que podría dejar otro sello que aderezaría su extremada precocidad: sería el más joven en conseguirlo.

Se mantiene Alcaraz: la meta era y es todavía más Australia. Le pregunta otra vez la reportera: “¿Cambiaría esto por ganar los otros tres majors esta temporada?”. Él, taxativo: “No, no, elegiría este. Sí, incluso si llego a la final de los otros tres [Roland Garros, Wimbledon y US Open]. Prefiero ganar este a ganar los otros tres para completar el Grand Slam como el más joven”. Cabezota, no suele desistir cuando tiene algo entre ceja y ceja. Así que se estira en la camilla para que Juanjo Moreno le masajee la musculatura, aprieta los dientes y rebobina para encontrar la inspiración. No fue hace demasiado, en septiembre, cuando despachó con holgura al serbio de Nueva York.

Respeto reverencial por él. “Novak tiene esa historia, esa aura, esa leyenda. Y todo eso influye y lo hace más complicado”, comentaba en Flushing Meadows. Cuatro meses después, vuelve a la carga. Él, el todopoderoso y longevo Djokovic al otro lado de la red, y la historia: “Vamos a intentar jugar más suelto, más fluido, más a mi estilo”. “Nadie te regala, pero llega un momento en el que las cosas salen. Con la mentalidad correcta y siendo positivo, todo llega cuando tiene que llegar”.

Quizá esta sea la hora.

FRESCOR, NUBES Y SERVICIO

A. C. | Melbourne

Tras varios días de intenso calor, la temperatura comenzó a decrecer el jueves en Melbourne y este domingo las condiciones serán más bien frescas. El pronóstico anticipa entre 16 y 20 grados durante el transcurso de la final, con una probabilidad baja (7%) de lluvia. Cielo nuboso.

Alcaraz está a un paso de levantar su séptimo grande, con el que igualaría a históricos como John Newcombe, John McEnroe o Mats Wilander. Si lo hace, se uniría a Rafael Nadal (2009 y 2022) como los únicos españoles que han triunfado en el torneo.

Para ello, uno de los baremos fundamentales será el saque. El del español ha descrito una línea claramente ascendente, mientras su rival también ha registrado porcentajes destacados. Las métricas de la Federación Internacional de Tenis (ITF) reflejan la igualdad.

Djokovic ha firmado dos aces (44-42) y una doble faltas más (14-13). Ambos han salvaguardado en gran medida el servicio —87% del serbio, por un 91% del español—, aunque el índice de Nole con los segundos es inferior (61%-51%), si bien lo compensa apagando fuegos en las bolas de break (76%-68%).


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