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una mirada a los «barcos de la muerte» para el traslado de animales vivos

Ida y vuelta y quién sabe qué otra curva más. El buque Spiridon II, con bandera togolesa, navega desde este sábado de regreso al puerto de Montevideo desde donde había partido el 19 de septiembre con más de 2.900 vacas vivas hacia Turquía. Vuelve como si nada, rechazado por el importador turco después de casi un mes de tira y afloje, con los animales atascados en las cubiertas y bodegas del buque.

La estimación es que el Spiridon II tardará otro mes en llegar a la capital uruguaya (algo que no es seguro aún), con lo cual los animales habrán estado en total 70 días hacinados en una embarcación que los detractores del transporte de animales vivos han bautizado: «barcos de la muerte»

Video

El video del barco con 2.901 vacas uruguayas en Turquía

Las autoridades uruguayas explican que «desde el punto de vista del bienestar animal, hemos tratado de que (las vacas) estén con comida y agua en las mejores condiciones». Ya murieron unos 40 animales, una «cifra normal» tratándose del número total de especies. Cosas que pasan en «estos viajes largos».

El traslado de animales vivos es para los países exportadores que lo realizan, como Uruguay, Brasil, Australia y algunos de la UE, (no es el caso de Argentina) un negocio lucrativo. Es más rentable vender el animal vivo a un precio más alto que vender la carne ya faenada.

¿Quién compra? Los países importadores (especialmente en Oriente Medio y el Norte de África) a menudo prefieren el ganado vivo por varias razones, como rituales religiosos. Quieren garantizar que el sacrificio se realice según los ritos locales.

Otros países desean mantener existencias de ganado vivo como reserva estratégica de alimentos.

Naufragios, animales tirados por la borda y «cocinados vivos»

Organizaciones no Gubernamentales como Animals International, Igualdad Animal o World Animal Protection, denuncian estas prácticas y se centran en el profundo sufrimiento y los riesgos que implica el comercio de animales vivos a larga distancia, especialmente cuando se realiza por mar.

Estas organizaciones explican que los animales (principalmente bovinos, ovinos y porcinos) viajan hacinados en cubiertas superpuestas. Los espacios reducidos les impiden adoptar una posición natural, tumbarse cómodamente o moverse, y a menudo se ven obligados a permanecer en sus propias heces y orina durante días o semanas.

Los animales viajan hacinados en cubiertas superpuestas. Foto ilustrativa: AP/ archivoLos animales viajan hacinados en cubiertas superpuestas. Foto ilustrativa: AP/ archivo

Además son expuestos a temperaturas extremas. En viajes a Oriente Medio, el estrés térmico es una causa principal de sufrimiento y muerte, llegando a hablarse de animales que son «cocinados vivos» por el calor y la falta de ventilación.

El estrés, el miedo constante, la falta de espacio y los movimientos del barco provocan lesiones, fracturas, y la propagación rápida de enfermedades entre individuos debilitados.

Los buques, en muchos casos, no tienen un veterinario a bordo o los animales no reciben atención adecuada para sus heridas o enfermedades durante el viaje.

Se ha documentado que los animales que mueren en el camino o que están demasiado débiles o heridos para sobrevivir el viaje son arrojados al mar para gestionar el espacio y el riesgo sanitario a bordo.

«Cada viaje de exportación de animales vivos es un infierno flotante. Los animales mueren a causa de la sed, el hambre, las enfermedades, el hacinamiento extremo, las heridas y el estrés por calor. Estos viajes no son solo peligrosos para los animales, sino que son inherentemente crueles. No hay una forma ética de enviar animales vivos en viajes transoceánicos», sostienen desde Animals International.

Naufragios

Para la ONG Igualdad Animal, solo 6 de cada 64 buques son aptos para el traslado de los animales.

Un alto porcentaje de los buques son viejos o son barcos de carga reconvertidos que no fueron diseñados para transportar carga viva. Esto, sumado al movimiento de los animales (que desestabiliza el barco), aumenta el riesgo de naufragios.

El Spiridon II. Foto vesselfinder / SGEl Spiridon II. Foto vesselfinder / SG

En 2020, se hundió el Gulf Livestock 1. Murieron 43 tripulantes y casi 6.000 cabezas de ganado. Sucumbió en el Mar de China Oriental, cerca de las islas Amami Ōshima (Japón), en medio de un tifón. Iba de Nueva Zelanda hacia China.

El Queen Hind naufragó en 2019 poco después de zarpar del puerto de Midia, Rumania, en el Mar Negro. Transportaba más de 14.600 ovejas con destino a Arabia Saudita. Casi todas las ovejas murieron. La causa de naufragio: sobrecarga.

Desastre ambiental

El vertido de cadáveres de animales, así como las toneladas de desechos (excrementos y orina) que generan estos barcos, impactan gravemente los ecosistemas marinos.

El hacinamiento y las condiciones insalubres son un caldo de cultivo para la propagación de enfermedades entre los animales, incluyendo posibles zoonosis que podrían transmitirse a las personas.

El eje de la crítica siempre es que «no hay condiciones para garantizar el bienestar animal» en los viajes largos por mar, y por lo tanto, la solución ética es prohibir la exportación de animales vivos y limitarse al comercio de carne ya faenada.

«Un negocio vital»

Los defensores señalan que la exportación de ganado en pie es un negocio vital para la economía rural y la generación de divisas.

buque-ganado

La alta demanda internacional incentiva al sector primario (los criadores) a aumentar la producción de ganado, lo que beneficia a toda la cadena rural.

Permite a los países exportadores no depender únicamente del mercado de carne faenada, ofreciendo una opción para el ganado que quizás no cumple los requisitos para el frigorífico local.

La industria niega que el sufrimiento sea inevitable y argumenta que las regulaciones existentes son suficientes para garantizar el bienestar.

Los defensores indican que, para realizar la exportación, los buques y los transportistas están obligados a cumplir con estrictos reglamentos internacionales (como los de la Unión Europea o la Organización Mundial de Sanidad Animal, WOAH).

Esta normativa obliga a los transportistas a proveer suficiente agua, alimento y espacio por animal .

Exigen que los animales estén en condiciones óptimas de salud antes de ser embarcados y que la nave esté en buen estado.

«El comercio de ganado vivo es una parte vital y legítima del sector ganadero de Australia y de la economía rural. Entendemos las preocupaciones éticas, pero la evidencia científica y la experiencia de la industria demuestran que, cuando se cumplen rigurosamente los estándares de bienestar animal, el transporte marítimo puede llevarse a cabo de manera humana y eficiente», argumentó Richard Norton, ex director general de Meat & Livestock Australia (MLA), una de las principales organizaciones de la industria cárnica y ganadera de Australia.

Se espera que el Spiridon II llegue a Montevideo, si no es desviado a otro mercado, un poco antes de Navidad.


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