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Médicos sin Fronteras reanuda el rescate de migrantes en el Mediterráneo entre la amenaza libia y la complicidad de Europa

El mar Mediterráneo Central está cubierto de embarcaciones inflables, con migrantes subsaharianos que huyen del genocidio en Sudán, de los islamistas de Mali, de la persecución religiosa en Eritrea y de los horrores de África. Su suerte está en manos de la Guardia Costera libia, que los trafica, los tortura, exige rescate a sus familias, los vende y luego les dispara sobre los frágiles gomones cuando van hacia el mar, según los informes de los organismos de derechos humanos de las Naciones Unidas.

La Unión Europea está financiando esta operación para impedir que migrantes, con legítimo derecho a ser refugiados, lleguen a Europa. Financian a las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán, que también actúan en Libia y cometen el genocidio en Darfur. Quieren evitar que aspirantes al asilo sudaneses lleguen a la UE.

El barco noruego Oyvon. Foto: GentilezaEl barco noruego Oyvon. Foto: Gentileza

Médicos Sin Fronteras (MSF), la ONG francesa, relanzó esta semana sus operaciones de búsqueda y rescate de migrantes en el Mediterráneo Central. El nuevo barco de origen noruego Oyvon fue reequipado para salvar vidas en una de las rutas más mortíferas del mundo.

Vuelven para tratar de rescatar a los que nadie busca; a los que dejan morir en las aguas internacionales frente a Libia o que la Guardia Costera libia recoge y esclaviza o vende, como tráfico de personas. Una siniestra misión pagada con fondos de la Unión Europea para “construir capacidades”, para que los migrantes que huyen de los genocidios como el de Sudán no lleguen a Europa.

Desde 2021 a 2024, Médicos Sin Fronteras recogió 12.775 personas en el mar, que rogaban no regresar a Libia. Juan Matías Gil es el coordinador y representante de MSF en el barco Oyvon.

Argentino, de Tigre, habló con Clarín sobre su misión desde el mar Mediterráneo, cuando se dirigía a un rescate. Encontraron este domingo a 41 migrantes, apretujados en un bote inflable, que habían pasado tres días perdidos en el mar. Tres de los sobrevivientes eran mujeres, 14 chicos y 9 de ellos, menores no acompañados.

Juan Matías Gil es el coordinador y representante de MSF en el barco Oyvon. Foto: GentilezaJuan Matías Gil es el coordinador y representante de MSF en el barco Oyvon. Foto: Gentileza

El barco noruego Oyvon ha sido equipado para recibir hasta 100 migrantes. Una gran diferencia con el anterior que alojaba a 700 personas. Pero las regulaciones europeas han vuelto esta operación masiva una misión imposible.

Oyvon, Esperanza de la Isla, en noruego, era un barco ambulancia. Equipado médicamente, han mantenido el nombre simbólicamente porque sigue siendo un viaje que juega con las esperanzas de tantas miles de personas.

De vuelta al mar a rescatar

-¿Por qué Médicos Sin Fronteras reanudó las acciones de rescate en el Mediterráneo?

-Comenzamos una vez más. Después de diez años, seguimos trabajando en el mar, pero estos diez años no han sido fáciles, con muchas trabas de parte del gobierno. No olvidemos que nosotros estamos aquí para cubrir un vacío que han dejado los Estados, incumpliendo su responsabilidad de salvaguardar la vida humana en el mar.

Nosotros vinimos a cubrir este hueco, pensando que iba a durar poco tiempo y que los Estados responsables, los costeros en el mar Mediterráneo del Norte, iban a tomar medidas. Pero después de mucho tiempo no lo han hecho. No solo eso; empezaron a obstaculizar nuestro trabajo, cambiando leyes que nosotros insistimos que van en contra de las convenciones internacionales que están por sobre las leyes nacionales.

Desde 2021 a 2024, Médicos Sin Fronteras recogió 12.775 personas en el mar. Foto: GentilezaDesde 2021 a 2024, Médicos Sin Fronteras recogió 12.775 personas en el mar. Foto: Gentileza

-¿Por qué cambiaron la medida del barco?

-Hemos decidido dejar el barco que teníamos, muy grande y muy adaptado para esta actividad. Podíamos rescatar cientos de personas, para ir por uno más pequeño, que también está muy adaptado al rescate, pero con una capacidad mucho menor. Estamos hablando que en el otro podíamos rescatar hasta 700 u 800 personas, y este, 100. ¿Por qué? Porque la autoridad italiana, una vez que rescatamos la primera embarcación, nos hace correr hacia el puerto.

Aisladamente parecería una medida razonable, pero saber que cuando sale una embarcación de las costas libias, salen tantas otras. Eso quiere decir que dejamos a muchísima gente atrás.

Ellos vuelven a un Estado fallido, donde se ha creado un círculo sistemático de violencia, donde las violaciones de los derechos humanos más fundamentales son flagrantes: tortura, violencia física, violaciones, trabajo forzado, venta de personas. Nosotros no podemos permitir que la gente siga muriendo en el mar. Y no podemos permitir que la gente en movimiento, que busca libertad, oportunidades, y huye de sus realidades de guerra, de pobreza, de miseria, muera en el mar, sin ninguna alternativa.

-¿Hay otros barcos junto a ustedes o simplemente están solos MSF en el Mediterráneo rescatando?

-En este momento, somos los únicos. En general, son alrededor de 12 o 15 organizaciones con barcos, con una capacidad de rescate bastante humilde. Son algunas —3 o 4 organizaciones— que podemos hacerlo a lo largo de todo el año, por los recursos que tenemos. Obviamente esto no alcanza. Podemos decir que rescatamos entre el 15 y el 20% de las personas que llegan a las costas italianas cada año. Pero seguimos viendo que mueren miles por año.

Calculamos que en los últimos 10 años han muerto más de 25.000 personas. Para hacernos una idea, corresponden a los muertos de 80 cruceros General Belgrano. Es una cifra dramática, una situación que podría ser evitada, dándole la oportunidad a la gente de llegar con vías legales y seguras. Para aquellos que cruzan el mar, tener un mecanismo gubernamental, con un claro mandato de salvar vidas. Esto existía aún en 2014, llamado Mare Nostrum, y ha sido desmantelado, con una fuerte narrativa antiinmigrantes.

Guardias costeros y traficantes, todos en uno

-El problema es que los migrantes, cuando son rescatados por la Guardia Costera libia, quedan en manos de gente que los tortura, los somete a la esclavitud, pide rescate a las familias, los vende y además los encierran en centros de detención, según la ONU. ¿Es así?

-Absolutamente. Esto no lo decimos nosotros. Hemos trabajado muchos años en Libia. Desde marzo nos han expulsado del país, precisamente por dar atención médica a las personas en movimiento, para darles protección, y también para testimoniar lo que sucede en ese país. Desde marzo no tenemos acceso a esa gente.

Lo que estamos hablando está documentado por la Misión Especial de las Naciones Unidas, que hasta dice que las autoridades que trabajan con la Guardia Costera y con el Ministerio del Interior de la Gestión de la Migración, tienen un fuerte vínculo con el tráfico de personas.

Operaciones de MSF en el Mediterráneo. Foto: GentilezaOperaciones de MSF en el Mediterráneo. Foto: Gentileza

Todas estas organizaciones están recibiendo dinero, fondos de la Unión Europea, de Italia, “para construir capacidades”. También suena muy idílico, pero estamos hablando de que le están dando dinero a criminales para tener a la gente lo más lejos posible de sus costas. Implica una responsabilidad muy grande en este sufrimiento y en este quiebre de respeto de la ley internacional, como vemos.

Por un lado, los traficantes reciben dinero de los migrantes, que les pagan para hacerles salir del país. Del otro lado, reciben dinero de los Estados europeos para contenerlos en sus costas. Entonces, es un negocio de ganancia por partida doble.

-¿Las fuerzas libias impiden que los migrantes lleguen a Europa, así sea cuando están en aguas casi europeas?

-Sí. Interceptan en aguas internacionales, en el mar internacional. De acuerdo con la Ley Marítima, se deberían desembarcar en un lugar seguro, donde su vida no corra peligro y las necesidades básicas puedan ser satisfechas. También se viola interceptándolas y volviendo a Libia. La Convención de Refugiados de las Naciones Unidas dice que una persona no puede ser devuelta a un lugar donde corre peligro.

Entonces, esto se hace con toda conciencia y responsabilidad de los Estados europeos que financian esto. Los libios están implementando una política de gestión de la migración europea. Son los implementadores, entonces, bien investigados y juzgados, ambas partes: el que lo hace y el que lo manda a hacer, ¿no?

-¿Los migrantes prefieren morir antes que volver a Libia?

-Sí, esta es la frase que recibimos siempre. Por eso, cuando los encontramos en las embarcaciones, lo primero que les tenemos que decir es quiénes somos y a dónde vamos a ir, porque si no, nos arriesgamos a que se terminen tirando al agua.

Muchas veces, cuando estamos rescatando y llega la Guardia Costera, se tiran al agua por el miedo de ser interceptados y devueltos a las costas libias. Han sufrido muchísimo y no quieren hacerlo más. El mar es la vía de escape de este sufrimiento. ¿Cuán desesperado tiene que estar un papá, una mamá para poner a sus hijos recién nacidos en una embarcación así precaria, sin medio de flotabilidad, sin saber quién los va a llevar, en barcos sobrecargados de gente? Es una bruta expresión de la desesperación extrema.

El genocidio y el derecho al asilo

-Hay una guerra civil en Sudán, un genocidio real, especialmente en Al-Fasher, donde murieron casi 200.000 personas en un fin de semana. Europa ha hecho un acuerdo con las Fuerzas de Apoyo Rápido del general Dagalo para que esos sudaneses no puedan llegar a Europa. Y esas fuerzas están en Libia. ¿Realmente ellos frenan a los inmigrantes sudaneses especialmente?

-Sí. Sabemos que sobre el territorio hay decenas de miles de sudaneses en el país. El conflicto lleva más de un año en Sudán. El flujo de la migración en África viene alimentado también por ellos. Creo que es la cuarta nacionalidad de los rescates este año en el Mediterráneo Central.

No me gusta llamarlo problema porque la migración no es un problema. Es algo que existió desde el inicio de los tiempos. Lo que tenemos que hacer es gobernarla y ver la migración como una oportunidad. Una oportunidad de integrar social, económica, política, culturalmente a las personas en nuestras sociedades, que la harán más rica en todos estos campos.

Si pensamos, en los últimos 10 años en Europa llegaron un millón de personas por esta vía, por el Mediterráneo Central. Con una población de 700 millones en la UE, estamos hablando de proporciones ínfimas, en un continente que envejece y que ni siquiera se les utiliza instrumentalmente para que contribuyan a la sociedad incluyéndolos, pagando impuestos. Se los utiliza solo políticamente, cada vez que llega una elección, para encontrar un enemigo externo.

-¿Esa cifra ínfima de migrantes ha sido diabolizada por un lado e ideologizada por el otro?

-Absolutamente, ¡la invasión del Islam! Ni siquiera se dicen los datos de cuántas personas son de rito musulmán o católico. Tampoco quiere decir que una religión sea buena o mala, o sea, violenta o no. Es una vez más una desinformación muy grande, que viene contrastada con datos y desmitificada. Estas narrativas perversas, políticas, para objetivos propios y no para verdaderamente avanzar como sociedades y como humanidad. Siempre digo que esto no es una crisis humanitaria sino una crisis de humanidad.

-Con respecto a Sudán y a su genocidio, ¿no es obligatorio para Europa recibir a los refugiados de Sudán como refugiados de guerra?

-Sí, absolutamente, cumpliendo con las convenciones internacionales. Si llegaran los sudaneses a Italia, debería, y sucede, de facto, darles el estado de refugiados. Pero para evitar hacerlo, mejor frenarlos antes que lleguen. Esta es un poco la situación de Libia.

Los guardias libios disparan a los barcos

-¿Y cómo actúan frente a ustedes los guardias costeros libios? ¿Cómo es el vínculo?

-Es una actitud muy hostil. Habíamos visto a finales de agosto que una de las embarcaciones de las otras organizaciones fue tiroteada durante 20 minutos. Más de 100 tiros se encontraron en el casco del barco, a la altura del cuerpo y la cabeza de las personas en el puente de comando.

Obviamente, tratamos de minimizar el espacio, el tiempo que estamos con ellos. Ellos operan en aguas internacionales de un modo totalmente ilegal porque las fuerzas de un país tienen derechos y obligaciones hasta las 12 millas, que es el mar territorial.

Ellos van mucho más allá de eso, en una actitud intimidatoria constante, agresiva. Es como operar en un contexto de guerra. Tenemos que estar preparados para ello. Lo estamos y adaptamos nuestros procedimientos de gestión de la seguridad al mar, lo que los vuelve mucho más complejos.

-¿Cómo son las seguridades de ustedes? Porque en algunos barcos grandes se preparan para la piratería.

-No podemos ir en esa dirección. Por la piratería también se contratan agencias de seguridad externa, que van armadas. Somos una organización que no usa armas o guardia armada en ninguna circunstancia. Entonces, lo que tratamos de hacer es mitigar la probabilidad de estos encuentros en las zonas que operamos. Y en el caso que nos ataquen, abrir un canal de comunicación muy rápido, con calma, salvaguardando a las personas que tenemos a bordo y a nuestra tripulación en espacios confinados dentro de los pequeños barcos y entrar en una negociación con las personas capaces de tomar una decisión a bordo, sea el capitán o el coordinador o la coordinadora de proyectos. Sabemos muy bien que son actitudes intimidatorias.

-Quieren seguir recibiendo el dinero de la Unión Europea y producir un incidente trágico a bordo de nuestros barcos terminaría con ellos. También tendría una consecuencia grande en el flujo migratorio, porque abriría el portón de la gente que quiere salir de las costas libias y Europa tendría un gran problema. Entonces, es una situación muy compleja.

Seguimos trabajando, en un contexto de gran incertidumbre, volátil y de gran tensión. Ahora estamos a una hora más o menos de una llamada de peligro, que encontramos de un avión no identificado. Es muy probable que nos encontremos con los libios porque está cerca de sus costas. Todo nuestro equipo está alerta. Hemos hecho todos los ejercicios y simulación para saber cómo reaccionar en un evento de este tipo.

-¿Los barcos comerciales no recogen a los náufragos?

Son muy pocas las veces que lo hacen porque obviamente están con una gran presión de sus compañías, de las compañías aseguradoras. Los ponen en una situación muy difícil porque, por un lado, tienen que obedecer a la ley internacional y reaccionar a las situaciones de peligro. Pero, por otro lado, sus jefes o sus clientes están diciendo que continúen con su ruta. Ya hay sentencias a capitanes en Italia, en el Tribunal de Palermo, condenados dos años de prisión por transferir la gente que había rescatado a la Guardia Costera Libia. Mucha gente no quiere que estos eventos salgan a la luz porque lo más lejos que se tengan las personas de las costas europeas es mejor para ellas. Es un desprecio total a la vida humana.

Los decretos para no salvar migrantes

-¿Han conseguido anular estos decretos Piantedossi y Flutsi, que solo autorizan desembarcos parciales en Italia?

-No, absolutamente no. Estos siguen vigentes y es el porqué de este cambio de barco. Son los que te obligan a ir al puerto una vez rescatada una embarcación, a toda velocidad, sin atender a otras situaciones de peligro.

Todo agravado también por una práctica ilegal de mandarnos al puerto del norte de Europa, haciendo perder tiempo valioso, donde podríamos estar rescatando en mar. No se han cancelado. El gobierno italiano sigue teniendo mayoría en ambas cámaras. Entonces será muy difícil cambiar una ley mientras que ellos estén al mando del país.

Jueces, en distintos tribunales a lo largo y ancho del país, comienzan a darnos la razón en nuestros argumentos legales, cuando nos han detenido administrativamente cuatro veces con el barco anterior. Ya tenemos una sentencia positiva. Otras organizaciones tienen otras sentencias positivas definitivas. Pero el daño ya está hecho porque la detención de 20 o 60 días la hemos hecho efectiva. El año pasado fueron 140 días que estuvimos detenidos. Un tercio del año. Calculamos que, en algunos años, todas estas apelaciones nos darán la razón. Es un desgaste permanente.

-Cuando los migrantes llegan, ¿los aceptan cuando ustedes los traen en el barco? ¿Cómo los tratan?

-Los tienen que aceptar por el Cuerpo de Derecho Internacional y tienen que hacer una evaluación individual de vulnerabilidad de las personas y por qué se van de sus países. Italia ya ha empezado a experimentar mecanismos acelerados de expulsión, avalados también por el aire que tira en Europa, el Parlamento Europeo, que es muy gobernado por la Comisión Europea. Pero de facto ha comenzado en Grecia, donde van suspendiendo el derecho de las aplicaciones para asilo político. Algunos entran en el sistema de protección y a otros se les da una carta, donde dice que tienen que dejar el país en una semana, que obviamente es algo totalmente utópico. Las personas vienen prácticamente desnudas, sin documentación, sin dinero. Todas estas personas que vienen, en teoría expulsadas, entran en las sombras, en la ilegalidad de estos países, no pudiendo contribuir a la vida en todos los aspectos. Entran en un limbo.

-¿No sería mucho más fácil establecer caminos seguros para rescatar a esta gente y de alguna manera integrarlos y que no entren en la ilegalidad obligatoria?

-Sería mucho más fácil, sería mucho más económico, porque todos los mecanismos de seguridad, sistemas de seguridad, de radar, de control que han adquirido muchos, aquellos de proveniencia israelita, son mucho más caros que analizar los casos individuales en los países de tránsito y organizar transportes para llegar a la gente, integrándolos desde el primer día que llegan con acceso a los servicios, servicios médicos, educación, idiomas. Para que puedan desarrollarse como personas y como familia. Esto no sucede porque nadie quiere pagar el costo político de hacerlo y siguen creando enemigos.

Un programa de rescate financiado por la UE

-¿Ustedes exigen el establecimiento de un programa de rescate y coordinación de búsqueda en el mar financiado por la Unión Europea?

-Sí, financiado y liderado por la Unión Europea o sus Estados miembros. Hay una gran capacidad de hacerlo, hay una expertise. La experiencia del Mare Nostrum en 2014 sería una buena base. Es muy fácil de hacerlo. Solo basta la dedicación política. Pero es lo que decimos desde el principio, estamos cubriendo este vacío. La responsabilidad absoluta es de los Estados.

-Sí, la ONU también. Estamos hablando de la Agencia de Naciones Unidas, como la Organización Internacional de Migración, o ACNUR, para los refugiados, de manos atadas. Hay un gran interés político. Pensemos que ACNUR, el principal donante era Estados Unidos, que empezó a cortarle fondos. El principal donante en Italia es Italia. Es muy difícil para estas agencias actuar independientemente cuando quien les da los recursos, los fondos, son precisamente los que hay que empujar para que cumplan con sus obligaciones.


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