A un año y medio de asumir, Keir Starmer camina por la cuerda floja en Gran Bretaña, bajo fuego de su propio partido

El primer ministro británico, Sir Keir Starmer, enfrenta un golpe interno dentro del Partido Laborista, impulsado por un desafío a su liderazgo que busca sacarlo del cargo, antes o después de la presentación del presupuesto anual. El premier ha perdido el control de la disciplina en Downing Street, justo cuando faltan dos semanas para que el presupuesto sea tratado en la Cámara de los Comunes.
Los aspirantes más ambiciosos para reemplazarlo son la ex vice premier Angela Rayner, que representa a la izquierda partidaria; la ministra del Interior y figura antiinmigrantes Shabana Mahmood, y el secretario de Energía, Ed Miliband, exfuncionario de Gordon Brown.
Con la amenaza del populismo ultraderechista de Nigel Farage y su partido Reforma encabezando los sondeos, el laborismo cree que Starmer los llevará a la derrota en las elecciones locales de mayo y que carece del carisma necesario para convencer. Su propio gabinete lo traiciona.
El secretario de Salud, Wes Streeting, sería hasta ahora el candidato principal para reemplazarlo. Sin embargo, podría ser un «Caballo de Troya» en la eventual contienda, permitiendo que otro «tapado» aparezca, como la ministra del Interior antiinmigrantes, Shabana Mahmood, quien no disimula su ambición por el liderazgo.
A pesar de esto, en las reuniones informativas de Downing Street a la prensa, el martes y el miércoles, las críticas se han centrado en Wes Streeting.
Guerra civil laborista
Ha estallado una guerra civil dentro de las filas laboristas para liberarse de un premier con un perfil peculiar: exprocurador de la corona, calmo, sólido, abogado millonario y especialista en legislación europea de derechos humanos, que se ha ganado el respeto de sus pares en el exterior justo cuando Gran Bretaña enfrenta una guerra híbrida contra Rusia.
El secretario de Salud, Wes Streeting, ha negado liderar un complot para derrocar al primer ministro. Ha exigido el despido de quienes filtran información en su contra, lo que ha profundizado la ya extraordinaria división en la cúpula del gobierno.
Keir Starmer, calmo, sólido, abogado millonario. Foto: ReutersEl secretario de Salud condenó los ataques «contraproducentes» que recibe desde Downing Street y afirmó que son indicativos de “una cultura tóxica” allí. Acusó a los altos asesores responsables de las filtraciones anónimas y declaró que estas demuestran que «hay personas cercanas al primer ministro que no comparten su modelo ni su estilo de liderazgo».
Streting respondió así al reportaje del diario The Guardian, que afirmaba que Downing Street había puesto en marcha una operación para proteger al primer ministro Keir Starmer de un posible desafío al liderazgo por parte del diputado de Ilford North, según sus aliados, tras la presentación del presupuesto o las elecciones locales de mayo.
Los aliados más cercanos del primer ministro declararon que este lucharía contra cualquier intento «temerario» de derrocarlo, advirtiendo que esto afectaría a los mercados y a las relaciones internacionales del Reino Unido.
En las primeras horas de la sesión del miércoles, los costos de endeudamiento del gobierno británico subieron, mientras que el precio de los bonos del Estado británico (gilts) cayó, en medio de la especulación sobre un posible cambio de liderazgo.
Streeting en ofensiva
En declaraciones al programa Today de BBC Radio 4, Streeting afirmó que los ataques contra él demostraban que «Lucy Powell tenía razón sobre la cultura en Downing Street y me gustaría felicitar a quien filtró la información por, al menos, haber atacado a uno de los hombres en lugar de a las mujeres del gabinete».
Powell, elegida vicesecretaria general del Partido Laborista el mes pasado, ha pedido “un cambio cultural en Downing Street” y ha declarado haber sido “objeto de filtraciones negativas por parte del equipo del primer ministro”. En una cena de gala en octubre, criticó duramente a Morgan McSweeney, el principal asesor de Starmer, quien encubiertamente ataca a Streeting.
El secretario de Salud, Streeting, declaró el miércoles: “Sin siquiera haber hablado con el primer ministro, puedo decirles lo que piensa de las ruedas de prensa, cuál será su reacción ante las portadas y los boletines informativos de anoche, y estoy seguro de que las palabras que usaría no son aptas para un programa familiar”.
Al preguntársele si el primer ministro debería destituir a los responsables, respondió: “Sí, pero primero tiene que encontrarlos, y no creo que le dedique mucho tiempo a esto”.
El secretario de Salud afirmó estar frustrado porque la disputa interna estaba desviando la atención del mensaje del gobierno laborista y de sus logros, tras más de un año en el poder.
“Tampoco entiendo cómo alguien puede pensar que le beneficia al primer ministro sugerir que está luchando por su puesto”, declaró a Sky News. “Este tipo de historias sobre el proceso interno de Westminster, gente dejándose llevar, son las que nos distraen de nuestra capacidad para transmitir el mensaje del cambio que estamos impulsando, la diferencia que estamos marcando”, denunció.
Al preguntársele si descartaba exigir la dimisión de Starmer tras la presentación del presupuesto, el secretario de Salud declaró a Sky News: «Sí, y tampoco fui yo quien asesinó a JFK. No sé dónde está Lord Lucan, no tuve nada que ver con Shergar, y creo firmemente que Estados Unidos sí logró los alunizajes. No creo que fueran un montaje», denunció con humor, en referencia a teorías conspirativas británicas.
El portavoz de Streeting se vio obligado a desmentir las insinuaciones de que contaba con el respaldo de 50 miembros del gabinete, dispuestos a dimitir si el presupuesto fracasaba y Starmer no renunciaba.
Un crítico dentro del gobierno declaró a varios medios de comunicación que Downing Street había entrado en «modo búnker total».
Ministros del gabinete declararon a The Guardian que Streeting era solo una de varias figuras del Partido Laborista que se consideraban en maniobras para el liderazgo, en caso de que surgiera una vacante. Pero que ninguno de ellos probablemente actuaría en contra de Starmer en ese momento.
Interpretaron la intervención de Downing Street “como una estrategia para frenar a Wes”, diseñada para disuadir a posibles rivales por el liderazgo, entre los que, según los diputados, se encuentran Angela Rayner, Shabana Mahmood y Ed Miliband.
Quienes aspiren al liderazgo laborista pueden convocar elecciones con el apoyo del 20% de los diputados del partido, lo que implica la necesidad de 80 candidaturas. Las organizaciones afiliadas al Partido Laborista, incluidos los sindicatos, podrán votar junto con sus miembros.
Mala comunicación de Downing Street
El secretario de Salud, Wes Streeting, insistió en que no tenía intención de presentarse a la dirección del Partido Laborista. Los aliados de Sir Keir Starmer esperaban que su promesa de hacer frente a cualquier intento de golpe de Estado y luchar contra cualquier contienda por el liderazgo desenmascarara al secretario de Salud.
En cambio, de forma totalmente accidental, Downing Street lo ha convertido en un candidato más completo y convincente para la vacante, que seguramente se abrirá más rápidamente de lo que lo habría hecho si hubieran guardado silencio.
«La incapacidad de Downing Street para comunicarse ha pasado de ser un problema a una catástrofe», declaró el miércoles por la mañana un alto cargo laborista, observando con pesar cómo viejos amigos se inmolaban. «Además, han logrado lo imposible: han hecho que Wes sea popular entre los diputados rasos».
Sir Starmer está perdiendo en el Parlamento el control de los backbenchers, los diputados de su partido que se sientan en las últimas filas de la Cámara. Juntos controlan el Parlamento.
Durante la interpelación parlamentaria de este miércoles, la líder Tory Badenoch insistió en lo que denomina la «cultura tóxica» en Downing Street. Afirmó que los aliados del primer ministro laborista acusaron a los secretarios de Salud, Interior y Energía de lanzar candidaturas para el liderazgo del Partido en la reunión informativa a la prensa en Downing Street.
«Estos ataques provinieron de Downing Street, de ningún otro lugar», declaró en la interpelación, frente a Starmer.
«Su Downing Street es tóxico. Es lo que ha dicho su secretario de Salud. El responsable de la cultura en Downing Street es su jefe de gabinete, Morgan McSweeney», acusó Badenoch en la Cámara de los Comunes. Y preguntó: «¿Tiene el primer ministro plena confianza en él?».
En una respuesta que parece ser un respaldo poco contundente a su jefe de gabinete, Starmer declaró: «Morgan McSweeney, mi equipo y yo nos centramos por completo en trabajar por el país».
La líder conservadora señaló que «no escuchó al primer ministro expresar plena confianza en Morgan McSweeney». Ella afirmó que Starmer ha «perdido el control de Downing Street», añadiendo que «el verdadero escándalo es que, a dos semanas de la presentación del presupuesto, el gobierno se ha sumido en una guerra interna».
“Cualquier ataque a mi equipo es inaceptable”
En el tradicional Question Time o interpelación parlamentaria de los miércoles en la Cámara de los Comunes, Sir Keir Starmer defendió la unidad de su gobierno.
“Cualquier ataque contra cualquier miembro de mi gabinete es inaceptable”, declaró el primer ministro, tras las acusaciones de que fuentes internas de Downing Street habían filtrado información en contra de Wes Streeting. Insistió en que su equipo está “unido”.
Sir Keir Starmer replicó que su prioridad era “reconstruir y renovar nuestro país”. Intentando hacerse oír por encima del ruido y los gritos en la cámara, enumeró los logros de su gobierno. Entre ellos, el “crecimiento más rápido del G7”, cinco recortes de tipos de interés y acuerdos comerciales con la UE, EE.UU. e India.
Además de los rumores de un desafío al liderazgo, el primer ministro se enfrentó a preguntas difíciles en la Cámara de los Comunes sobre el aumento del desempleo y el número de personas que reciben prestaciones por desempleo.
Las últimas cifras muestran que hay un millón más de personas que reciben el crédito universal sin la obligación de buscar trabajo que hace un año. Esto supone un revés para la iniciativa de Sir Keir Starmer de reactivar el mercado laboral.
Otras cifras muestran que el desempleo alcanzó su nivel más alto desde la pandemia. El número de trabajadores asalariados se redujo en 180.000 durante el año posterior al primer presupuesto de Rachel Reeves, cuando aumentó las cotizaciones a la Seguridad Social de los empleadores en 25.000 millones de libras.
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